«Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dijo: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le contestó: «María». Ella se volvió y reconociéndolo le dice en hebreo: «Rabbuní» – que quiere decir: «Maestro» (Jn. 20, 15-17).

Jesús pregunta a María Magdalena quién es el destinatario de su búsqueda, y ella, que busca a Jesús y lo ve en persona, no lo reconoce.

Podríamos preguntarnos por qué la Magdalena no lo reconoce a Jesús aún teniéndolo delante de él, conociéndolo en persona. Podríamos argumentar también tantas respuestas a éste interrogante. Podría pensarse que busca un cadáver, ya que está convencida que Jesús murió. Podría haber sido por falta de fe en las palabras de Jesús que le impiden ver al Cristo resucitado, pero ninguno de estos motivos son en realidad los verdaderos.

María no reconoce a Nuestro Señor debido a la profundidad del misterio de la Resurrección que supera toda capacidad natural de comprensión, que no puede vislumbrarse sino por medio de la iluminación del Espíritu Santo.

Esta actitud de María, que no reconoce a Jesús teniéndolo frente suyo, puede ser aplicada a la actitud de muchos católicos que hoy no reconocen a Jesús resucitado a pesar de tenerlo delante suyo en el misterio litúrgico. Esta actitud nuestra es la que lleva consigo la muerte, la desigualdad, la injusticia, el rencor, la corrupción y el pecado entre nosotros. Hoy, muchos siguen buscando un cadáver y no se dan cuenta que tienen frente a si un cuerpo resucitado en la Eucaristía.

¿A quién buscas? La pregunta de Jesús a María Magdalena, se dirige a cada bautizado en todo tiempo y en todo lugar. La respuesta dependerá si buscamos a alguien que consideramos muerto o si buscamos a Alguien que vive.

¿A quién buscas? Y nuestra respuesta deberá ser, sin dudas “Busco a Jesús de Nazareth, el Resucitado, vivo y glorioso en la eucaristía”!

Hermanos, abramos nuestros corazones para que El viva en nosotros en una eterna resurrección.

¡Resurrexit, alleluia!

Mons. Pedro Candia

Administrador Diocesano