Compartimos con nuestros lectores esta carta con ocación de la Colecta Pro Terra Sancta:

 

Prot. N. l/2014

Excmo. Sr.
Don José María ARANCEDO

Excelencia Reverendísima:

La Cuaresma, como camino en Cristo hacia la Cruz y la Resurrección, despierta la fraternidad con todos los que viven en los Santos Lugares. Es allí donde los Apóstoles fueron los primeros en oír la voz del Señor Jesús; allí participaron, por gracia divina, en el Misterio de Cristo, y después lo anunciaron y lo testimoniaron. En torno a ellos florecieron las primeras comunidades cristianas, comenzando por Jerusalén.

La unidad en Cristo Redentor nos impulsa a promover también este año la importante iniciativa de la Collecta pro Terra Sancta, satisfaciendo la deuda de la Iglesia Universal hacia aquella Iglesia Madre. El Papa Francisco lo ha confirmado al recibir a los Patriarcas, a los Arzobispos Mayores, a los Padres Cardenales y a los Obispos en Ia Sesión Plenaria de la Congregación para las Iglesias Orientales: “Mi pensamiento se dirige de modo especial a la tierra bendecida donde Cristo vivió, murió y resucitó. En ella –lo percibí también hoy por las palabas de los patriarcas presentes- la luz de la fe no se ha apagado, es más, resplandece vivaz. Es “la luz del Oriente” que “ha iluminado a la Iglesia universal, desde que apareció sobre nosotros una luz de lo alto (Lc 1,78), Jesucristo, nuestro Señor” (Carta ap. Orientale lumen, l). Por ello, todo católico tiene una deuda de reconocimiento hacia las Iglesias que viven en esa región. De ellas podemos aprender, entre otras cosas, el empeño del ejercicio cotidiano del espíritu ecuménico y del diálogo interreligioso. El contexto geográfico, histórico y cultural en el que viven desde hace siglos, les ha convertido, en efecto, en interlocutores naturales de otras numerosas confesiones cristianas y de otras religiones” (21 de noviembre de 2013).

Todavía hoy la Colecta es la fuente principal para el sustento de esas Iglesias y para el mantenimiento de sus obras, según la solícita voluntad de los Sumos Pontífices, quienes, sobre todo ante la proximidad del Viernes Santo, siempre han exhortado a realizar actos de auténtica caridad fraterna.

Cada día los cristianos en varias regiones de Medio Oriente se preguntan si han de quedarse o emigrar: viven en la inseguridad y sufren violencia por el solo hecho de profesar su fe, nuestra fe. Todos los días hay hermanos y hermanas que resisten, eligiendo el permanecer allí donde Dios ha realizado en Cristo el diseño de la reconciliación universal. De esa Tierra partieron quienes, sobre la palabra de Cristo, llevaron el Evangelio a los cuatro extremos de la Tierra. Es allí donde la lglesia redescubre siempre, con sus raíces, la “gran esperanza” que lleva el nombre de Jesús, pero la situación actual es verdaderamente delicada: baste pensar al conflicto entre Israel y Palestina, a la evolución de los acontecimientos en Egipto, a la tragedia de Siria.

En el Viernes Santo quisiéramos elevar al Crucificado el grito de la paz por Jerusalén y porque el mundo entero, comenzando por la Tierra de Jesús, se convierta en la Ciudad de la paz. A los discípulos de Cristo se les pide que trabajen por la paz, recordando que las guerras, entre otras cosas, ”constituyen el rechazo práctico al compromiso por alcanzar esas grandes metas económicas y sociales que la comunidad internacional se ha fijado,’ (Papa Francisco, Mensaje para la celebración de la Jornada mundial de la paz, 2014). Son palabras que asumen un significado preciso y claro en relación a la actual Collecta pro Terra Sancta. La situación de notable incertidumbre social, e incluso de guerra, se ha agravado, afectando en todos los niveles al ya frágil equilibrio de la entera región, y llevando al Líbano y a Jordania prófugos y refugiados que multiplican desmesuradamente los campos de acogida, que resultan cada vez más inadecuados. El elevado número de raptos y homicidios de cristianos en Siria  y en otros lugares, así como la destrucción de iglesias, casas y escuelas, provocan nuestra profunda aflicción. Estos hechos no hacen sino aumentar el éxodo de los cristianos y la dispersión de enteras familias y comunidades.

Son muchos los hermanos y hermanas que están escribiendo una página de la historia con el ‘ecumenismo de la sangre’, que les une en la fraternidad, mientas también nosotros queremos estar a su lado, con toda diligencia.

Las comunidades católicas de Tierra Santa, tanto las latinas de la Diócesis Patriarcal de Jerusalén, de la custodia Franciscana y de las otras circunscripciones, como la greco-melquita, la copta, la maronita, la siria, la caldea y la armenia, junto con las familias religiosas y los otros organismos de tan diversos tipos, gracias a la Colecta del Viernes Santo recibirán el sustento para estar al lado de los pobres y de los que sufren, sin distinción de credo o de etnia. Las parroquias mantendrán las puertas abiertas para atender a todas las necesidades; y así también las escuelas, donde cristianos y musulmanes preparan juntos un futuro de respeto y de colaboración; los hospitales y ambulatorios, los hospicios y los centros de encuentro seguirán ofreciendo sus servicios, con el fin de que, en medio de tanta turbación de estos tiempos nuestros, la caridad eclesial haga resonar las palabras de Jesús: “Tened confianza…no temáis” (Mc 6, 50).

Así acompañaremos desde ahora al Papa Francisco, que se prepara para hacerse peregrino de unidad y de paz en Tierra santa: una visita tan esperada, deseada y necesaria. Que ésta confirme en la fe a los cristianos, los haga ahora y siempre aún más capaces de misericordia, de perdón y de amor.

A usted, a los sacerdotes, a los religiosos y a los fieles que multiplican sus esfuerzos por lograr una colecta que pueda cumplir con sus fines, tengo la alegría de transmitirles el vivo reconocimiento del mismo Santo Padre Francisco, junto al agradecimiento de la Congregación para las Iglesias Orientales e invoco copiosas bendiciones divinas, mientras les envío el más fraterno saludo en Cristo.

 

Leonardo Card. Sandri

Prefecto

 

Cyril Vasil’, S.I

Arzobispo Secretario