“Celebramos hoy esta Santa Misa en ocasión del Aniversario del bautismo de fuego de nuestra Fuerza Aérea Argentina, pidiendo especialmente por las almas de nuestros fieles que empeñaron sus vidas en defensa de la Patria, pedimos por sus familias y también por aquellos que después de la guerra regresaron con heridas que marcaron para siempre sus cuerpos y sus vidas.

Todos ellos han dado ejemplo de fortaleza espiritual.

Nos explica con claridad el Catecismo de la Iglesia Católica que “la fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien”. Y describiendo un poco más esta virtud cardinal continúa: “Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso a la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones.”

Capacita para ir hasta las renuncias y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. “Mi fuerza y mi poder es el Señor”. “En el mundo tendréis tribulación, pero ¡ánimo!: Yo he vencido al mundo” dice el Señor. Podemos concluir que esa virtud lleva a defender y alcanzar el bien arduo con una profunda alegría, que trasciende la experiencia del dolor, siendo capaces de exclamar con el Apóstol San Pablo: “todo lo puedo en Aquel que me hace fuerte”.

Una de las paradojas del ser cristiano consiste precisamente en reconocernos frágiles para poder ser fuertes, según el testimonio del Apóstol que narra cómo pedía a Cristo ser librado de sus debilidades: Pero Él le dijo: “Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza”.

“Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte”. ¡Qué hermoso ejemplo para nuestra vida cristina! La virtud de la fortaleza pasa también por la humildad de reconocer nuestras propias debilidades y la conciencia de la necesidad de cooperar activamente con la gracia que el Señor nos da. “En efecto, Él (Cristo) quién, con la fuerza de su gracia, da a seres frágiles la valentía de testimoniarlo ante el mundo”.

Entre los medios concretos para avanzar por este camino, podemos recordar aquellos que nos propone el Papa Francisco, para ser fuertes y valientes de corazón: “Procuren alimentarse espiritualmente con la oración y con una intensa vida sacramental; profundicen en el conocimiento personal de Cristo y busquen con toda las fuerzas la santidad. Ejemplares testigos de este amor son los santos, que han sacado de la Eucaristía el alimento de una caridad activa y, a menudo, heroica” y son los héroes…

Los Santos, en el amor y entrega total al Plan de Dios encontraban las fuerzas para el Apostolado. “Precisamente las cosas invisibles son las más profundas e importantes. Por eso, vayamos al encuentro del Señor Resucitado, pero fuerte, que nos ayudo a vivir bien nuestra vocación de Servicio a la Patria.”

El Cristianismo es ante todo un don: Dios se nos da. Dios siempre da. Nos precede siempre. Esto lo vemos claramente al profundizar en los textos de la Sagrada Escritura. En el lenguaje bíblico la palabra “cuerpo” no hace referencia a una parte del ser, con esa palabra se designa a la persona entera. Por tanto, el Evangelio nos dice que Jesús nos quiere dar toda su vida. Él se nos da completamente a cada uno en la Eucaristía.

Jesús espera que le correspondamos de la misma manera. Quiere que le ofrezcamos todo lo que somos: Nuestros talentos, nuestro amor, nuestra salud, nuestras grandezas y limitaciones, nuestros dolores, fracasos, todo aquello que nos alegra y todo aquello que nos mortifica. Cada Celebración Eucarística es una oportunidad para recibir el amor de Jesús, pero también para ofrecerle toda nuestra vida. Hemos vivido la gesta de Las Malvinas desde muy distintos lugares: muchos de Uds. en el lugar de la conflagración participando directamente de la reconquista de nuestras islas. Otros tal vez prestando apoyo. Desde mi experiencia personal, creo que Malvinas nos dejó un mensaje que con el correr de los años va adquiriendo más vigencia: el mensaje de la unidad. Los argentinos vivimos esas esperanzas, y esa derrota como nuestra. No he visto ningún otro hecho de nuestra historia relativamente reciente que uniera con tal fuerza a los argentinos: Malvinas nos hizo bien en ese sentido, hizo aflorar una condición que los argentinos teníamos soterrada: la capacidad de unirnos ante un ideal común: el ideal de patria. Y cuando ese ideal pide sacrificios somos capaces de hacerlos.

Ahora bien, al salir de la Misa, debemos hacer lo mismo que Jesús, hemos de estar dispuestos a entregarnos por los demás y esforzarnos por ofrecer nuestra “Carne” y nuestra “Sangre”, es decir, todo lo que somos, nuestro tiempo, nuestras fuerzas, nuestra comprensión, paciencia, generosidad, como lo hizo Jesús”.

 30 de abril de 2014