El pasado martes 10 de junio tuvo lugar la presentación del Programa de Prevención en Adicciones en el Ministerio de Defensa.

A través de este programa se pretende dotar a los distintos actores vinculados al Ministerio de Defensa (jóvenes estudiantes de Liceos, personal militar, trabajadores del Ministerio de Defensa, personal civil de las Fuerzas Armadas y familias) de los conocimientos y habilidades que les permitan potenciar el papel preventivo y de promoción de la salud.

De esta manera, Defensa y la SEDRONAR realizarán programas destinados a prevenir adicciones mediante la ejecución conjunta y coordinada de proyectos de investigación, asistencia técnica, asesoramiento, capacitación y servicios, en los distintos ámbitos educativos, laborales y sanitarios de la cartera de Defensa y de las Fuerzas.

Estuvieron presentes, el Ministro de Defensa, Agustín Rossi; el Coordinador de Salud y Bienestar de las FF. AA., Armando Perichón; el Subsecretario de Coordinación Administrativa, Germán Martínez. También, el Jefe del Estado Mayor Conjunto de las FF. AA., Luis María Carena y el Subjefe de la Fuerza Aérea, Brigadier Rodolfo Centurión; el Subjefe del Ejército, General de División Rubén Ferrari entre otros.

 

 

Entre un notable grupo de expositores, Monseñor Pedro Candia, realizó un sensible aporte al taller, el cual compartimos a continuación con nuestros lectores:

“Uno de los problemas más grandes en el estudio de la adicción, es que a pesar de la gran cantidad de información y estudios científicos de las ultimas décadas, todavía la población general persiste en cultivar ciertos mitos acerca de la adicción, que dificultan su comprensión y tratamiento. Uno de esos mitos es que la adicción proviene de una falla moral o de una personalidad defectuosa, y que esto es así porque el adicto es fundamentalmente “inmoral” o “malo” o que merece castigo (porque se lo criminaliza). 

La comunicación en la prevención 

La palabra “adicto” nos esta dando la pista: a-dicto es el que no dice, el que no se comunica. De hecho, los adictos nos refieren su experiencia de profunda soledad, su vacío. Han llegado allí por huir, por evadirse, para acallar una pena.

Así, entre las cosas que nos pueden generar vacíos o acrecentarlos, está la falta de comunicación que vivimos en estos tiempos, paradójicamente en la era de la hipercomunicación.

Me refiero a la comunicación cordial y profunda, que nos impulsa a compartir con otras personas pensamientos  sentimientos que hacen a la esfera de lo más profundamente existencial. Ese ámbito interior donde cada uno de nosotros se comprende a si mismo y comprende aquello que lo impulsa a desempeñar una misión en la vida, esa dimensión interior que nos hace únicos e irrepetibles.

La espiritualidad en la prevención de adicciones

Al intentar definir la espiritualidad en términos generales, podemos pensarlo como un modelo de “constitución trascendente del ser humano”, que nos señala al espíritu como: el aliento de vida, aquello que anima el cuerpo y la mente.

La espiritualidad tiene tres dimensiones: la personal (el hombre consigo mismo), la interpersonal (con los demás) y la universal (con Dios, con un Ser Superior de carácter absoluto, con el universo).

A propósito, hago una distinción: entre lo espiritual como lo esencial en el hombre en cuanto a la búsqueda de sentido, y lo religioso como el modelo se creencias, dogmas y prácticas de una determinada espiritualidad a los que pueda adherir una persona.

Siendo la espiritualidad un fenómenos trascendente, es una fuente de motivación en la búsqueda de significado y sentido en la vida.

Creemos que la carencia o vacío espiritual, es un importantísimo factor favorecedor de las adicciones. El individuo intenta muchas veces llenar ese vacío con objetos ( o personas vistas como objetos) vividos como totalizadores, sea que son consumidos o en una vinculación dependiente.

Los especialistas afirman que quien empieza a consumir, sigue adelante porque tiene un vacío que quiere llenar con aquello que consume. Juan Pablo II habló del “vacío existencial” que se quiere satisfacer con la adicción.  

La espiritualidad es un área que siempre queda impactada de una manera profunda a lo largo del proceso adictivo. También es la que más lentamente se recupera.

La gravedad de esto radica en las funciones tan elevadas que se gestan en esta área del ser, como son la capacidad de amar y la trascendencia.

En los programas de recuperación , es muy común encontrar la necesidad de estimular lo espiritual, y en los grupos de autoayuda es central. 

En resumen:

El consumo de drogas o de alcohol, algunos lo ven como una forma de expresión de la libertad personal, otros como un camino en la búsqueda del placer, otros incluso lo ven como una vía de escape del sufrimiento, la soledad y el aislamiento. 

En ocasiones, la falta de valores y convicciones, que pudieran dar puntos de referencia consistentes para el desarrollo personal, general condiciones que favorecen la proliferación de las adicciones. 

San Juan Pablo II, Papa afirmaba que la decisión de tomar drogas con frecuencia surge en una ambiente de escepticismo y hedonismo que conduce a sentimientos de frustración y a una falta de significado de las vidas de las personas.

El Papa Francisco ha dicho que la prevención debe llevarse a cabo ofreciendo a las víctimas potenciales de las drogas los valores humanos del amor y la vida, iluminados por la fe.

Siguiendo este camino podemos dar significado a nuestras vidas. La Iglesia ofrece a las personas el don del amor de Dios, con su palabra y con la gracia de Cristo. 

La Iglesia también subraya el papel de la familia a la hora de dar a los hijos una sólida educación que les enseñe a evitar que caigan en las drogas. Las actividades pastorales con los jóvenes, la promoción del deporte y las actividades solidarias pueden jugar también un papel importante, al promover un estilo de vida basado en los valores evangélicos y el contacto con Dios que conducirá al descubrimiento del verdadero significado de nuestra existencia humana. “