El jueves 26 de junio tuvo lugar en la Parroquia Nuestra Señora de la Esperanza, en Puerto Madero, la celebración de una Santa Misa en conmemoración del 204 Aniversario de la Prefectura Naval Argentina.

La Santa Misa fue presidida por Monseñor Pedro Candia, y concelebraron los señores Capellanes Mayores de las Fuerzas Armadas y de Seguridad.

Estuvieron presentes el Prefecto Nacional Naval, Prefecto General Luis Alberto Heiler; el Subprefecto Nacional Naval, Prefecto General Gerardo Horacio Crespo, junto a altas autoridades de la fuerza.

Compartimos a continuación la homilía que pronunció Monseñor en tan especial oración:

“Esta Misa es en acción de gracias y al mismo tiempo en sufragio de las almas de los camaradas muertos en cumplimiento del deber.

La conmemoración nos permite constatar y es la confirmación de que el valor y la lealtad de muchos que nos precedieron han dado sus frutos.
Institución centenaria, la Prefectura ha cambiado mucho desde su creación, pero el corazón del hombre, su capacidad de ser fiel y valiente (acriter et fidelite), se ha mantenido igual.

El  servicio de ustedes. es un auténtico testimonio de dedicación para una tarea importante y difícil.

En este momento de la historia del país y de la Institución, también están ustedes cada uno con su historia personal

Con su peculiar servicio, están llamados a dar un testimonio del ejercicio de la autoridad pacífico y alegre

Vivan intensamente su vocación” Sean fuertes en la fe y generosos en la caridad con la gente que encuentran y deben y tratar en razón de su oficio, y en este día, quiero invitar a todos ustedes en representación de los prefecturianos esparcidos por todo el país: a que sientan ante todo, el sano orgullo de lo que son.

 Ante Dios den gracias por su vocación de servicio en el amor a la Patria, sientan  la alegría de quien ama y de quien da respuesta a las necesidades de los ciudadanos. El orgullo de esta vocación  tiene que hacer salir del corazón de cada uno de ustedes  una acción de gracias a Dios.

Gracias Señor,  que me has llamado a servir, a ser útil a los demás, a ser gestor de bienestar, de tranquilidad y de armonía entre mis hermanos.  Pero también el orgullo de la vocación  debe hoy actualizar la responsabilidad que cada uno tiene en la respuesta a su vocación.

Tú que me has llamado Señor a ser miembro de la Prefectura, tienes que ayudarme a ser prefecturiano de verdad, a ser bueno, generoso y con corazón grande, a no quedarme en la perspectiva de asalariado, sino a ser generoso hasta la entrega de la propia vida en defensa del bienestar y de la seguridad de mis hermanos.

 El prefecto debe ser ciudadano ejemplar, miembro ejemplar de su familia, cristiano ejemplar en su iglesia, vecino ejemplar en su barrio.

 No nos puede pasar a nosotros lo que dice el refrán popular: “luz en la calle oscuridad en su casa”.

 Es el agente de seguridad que transmite su autoridad no por el poder de un bastón o de un arma sino por su propia persona.

Llévense en su corazón este mensaje queridos amigos de la PNA, Uds tienen una profesión que presenta una dimensión docente.

Deben ser maestros de humanidad, maestros que se preocupan por formar en las nuevas generaciones de nuestra Institución, corazones sanos, corazones rectos, corazones que provienen de conciencias formadas, corazones que los llevan  a ser solidarios en el dolor de sus hermanos, corazones que demuestran que vale la pena vivir en el bien y que vale la pena tener la alegría y la paz de una conciencia que lleva a actuar con rectitud.

El uniforme que los identifica:   recuerda la dedicación, la fiabilidad y la seguridad. Identifican un servicio único y un pasado glorioso”.
“Pero recuerden que no es el uniforme, sino aquel que lo viste el que debe impresionar a los demás por sus valores, por la gentileza, por el espíritu de acogida, y la actitud de servicio hacia todos”.

Caridad y camaradería  también entre ustedes, “dando importancia a su vida en comunidad, al compartir los momentos felices y los más difíciles… “
Estando cerca de los que se encuentran en dificultad y a veces necesitan una sonrisa y un gesto de aliento y amistad; evitando una distancia negativa que los separa de los demás y de la vida del resto de las personas.

Estamos en vísperas de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Quiero mencionarlo porque también debajo de cada uniforme hay un corazón.

Una persona con corazón es una persona profunda y a la vez cercana; entrañable y comprensiva, capaz de sentir emociones y a la vez capaz  de ir al fondo de las cosas y de los acontecimientos.

El corazón  simboliza el centro de la persona, donde reside la  unidad y se fusiona la múltiple complejidad de sus facultades, dimensiones, niveles: lo espiritual  y lo material, lo afectivo y lo racional, lo instintivo y lo intelectual.

 Una persona con corazón es no la dominada por el sentimentalismo sino la que ha alcanzado una unidad y una coherencia, un equilibrio de madurez que le permite ser objetivo y cordial, lúcido y apasionado, instintivo y racional; la que nunca es fría sino siempre cordial, nunca ciega sino siempre realista.

Tener corazón equivalía para el hombre antiguo a ser una personalidad integrada.

En fin, el corazón es el símbolo de la profundidad y de la hondura. Sólo quien ha llegado a una armonía consciente con el fondo de su ser, consigue alcanzar la unidad y la madurez personales.

Jesús tiene corazón.

Cuando hablamos del Corazón de Jesús, significa el amor en el máximo grado, significa el amor hecho obras, significa impulso generoso que lo lleva  la donación de sí mismo hasta la muerte.

Nuestra Señora Stella Maris, ruega por nosotros..”