“La Virgen María es invocada como “Estrella del mar” (Stella Maris) y es Santo Tomás de Aquino quién escribe: “También se llama a María Santísima Estrella del mar, porque de la misma manera que por la estrella se dirigen los navegantes al puerto, así, por medio de María se dirigen los cristianos a la gloria”.

Siguiendo a la Estrella, mirando a María, los peligros de la navegación de nuestra vida pueden sortearse y el mar del sinsentido, de la agitación interior, de la tentación, del desaliento, se convierte, por su intercesión, en esa paz del espíritu que nos da, en esperanza, el cielo: “Si la sigues, no te desviarás; si recurres a ella, no desesperarás, si la recuerdas no caerás en el error” (San Bernardo).

Al final de su encíclica sobre la esperanza, el Papa Benedicto XVI se dirige a María con estas palabras: “Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino” (Spe salvi 50).

¡Enséñanos a creer, a vivir nuestra vida conforme a la voluntad de Dios, a esforzarnos por conocer y hacer siempre su voluntad!

¡Enséñanos a esperar, a ensanchar nuestro corazón para, a superar con confianza las pruebas de la vida, a permanecer anclados en el amor de Dios, a vivir en la paz que es consecuencia de la buena conciencia, a confiar en la misericordia de Dios.

En el siglo XII, San Bernardo compone el famoso sermón: “Si se levantan los vientos de las tentaciones, mira a la Estrella, llama a María. Si eres juguete de las olas de la ambición, de la calumnia, de la envidia, mira a la estrella, llama a María… Siguiéndola no te desvías, rogándole no te desesperas; pensando en Ella, no yerras. Teniéndote Ella de su mano no puedes caer; protegiéndote, no temes; guiándote, no te fatigas… Con razón se la llama Estrella del mar” (Hom. II super Missus est, n.17. PL 183, 70-71).

Estrella de la Mañana. Antes de salir el sol, hay una estrella que, por ser mas brillante que las otras, permanece aun durante el alba. Es la estrella de la mañana que anuncia el día. María nos anuncia la llegada del Señor, el Sol que viene.

María tiene la prerrogativa de ser heraldo del Sol. Cuando Ella aparece en la oscuridad, sabemos que el Señor está muy cerca.

Finalmente…pidamos a la Virgen por nosotros, por nuestras instituciones. Para que Ella ejerza su patronazgo como lo sabe hacer, es decir con eficacia.

Y digamos con el poeta:

“Tanta gracia en vos se encierra, Virgen pura y singular,

que sos estrella en la mar,

Madre de Dios en la tierra.”

(Juan López de Úbeda (+ 1596), Cancionero).