Compartimos  algunas palabras de Monseñor Fabio Suescún Mutis, Obispo Castrense de Colombia, en su conferencia sobre la Pastoral de la Familia en el ámbito militar del día de hoy.

“Hay una realidad de la que la Iglesia no puede permanecer indiferente, y es el acontecer de nuestras familias en el nuevo siglo. Ella requiere de una atención particular no sólo de los capellanes, quienes son los primeros llamados a ser sus pastores diligentes y comprometidos, sino también de los fieles; sus principales protagonistas. La familia cristiana es por tanto una invitación para la Iglesia toda, donde pastores y fieles se encuentran para la formidable edificación del Reino de Dios, que aunque discreta y muchas veces inadvertida, se construye día a día.

La iglesia es consciente que el proyecto de la familia no puede ser enemiga del compromiso tanto de pastores como de fieles, pero son éstos últimos los que se aventuran con mayor tesón en medio de un contexto social de mayor relativismo moral y pluricultural donde la regla ya no es un único comportamiento o ética de actitudes, como la que enseña la fe cristiana. Necesariamente se debe dialogar con la nueva cultura de manera precisa, clara pero sin resignar la dignidad de hijos de Dios que no niega la trascendencia espiritual. En este sentido debe quedar claro que la familia no es solo un proyecto humano, es ante todo la respuesta humana al Proyecto de Dios.

La realidad de la familia hoy, también implica un cambio de pensamiento pastoral. Una reconversión en el modo de difundir el Evangelio de Cristo. No es posible para los pastores contentarse con una pastoral familiar de sacramentos de Domingo. Ni tampoco solamente de “las buenas familias”. Más bien cada hogar, de buenos o no tan buenos, de fieles e infieles, es el llamado de Cristo Buen Pastor que va en busca de sus ovejas, tímidas, heridas y muchas veces moribunda.

La pastoral familiar es una pastoral de acción que siempre abre nuevas perspectivas de acción. La familia debe ser un lugar de acogida, dentro de la cual no sólo se vive, sino también se escucha, se ama, se perdona. La figura del nido es la forma más clara de entender el lenguaje de contención y acogida que ninguna familia debiera perder. La familia evangelizadora es ante todo comunidad, Iglesia doméstica, casa y escuela, el centro humano más seguro de afectos y socialización. Pilar fundamental e irrenunciable de la vida social. Escuela de humanismo y de humanidad. Dentro de la intimidad familiar se pone en práctica el arte del buen vivir, y el aprendizaje de la Fe.

Nuestra preocupación pastoral, debe por tanto, apuntar al fortalecimiento de los valores de la familia, como camino seguro e integrador para reconciliar la humanidad con la vida misma, y la vida con Dios”.