En la mañana de ayer, tuvo lugar en la Sala Clementina la Audiencia General el Papa Francisco, en el marco del curso de formación de los capellanes militares al derecho internacional humanitario organizado por la Congregación para los Obispos, el Consejo Pontificio Justicia y Paz y por el Consejo Pontificio para el Diálogo interreligioso, y en el que esta participando Monseñor Pedro Candia, Administrador Diocesano de nuestro Obispado.

Durante la audiencia el Papa se ha referido a los capellanes que “han llegado de diversos países para reflexionar juntos sobre algunos desafíos actuales del derecho internacional humanitario, acerca de la protección de la dignidad humana durante los conflictos armados no internacionales y los llamados “nuevos” conflictos armados”.

“Los capellanes deben rezar. Sin oración no se puede hacer lo que la humanidad, la Iglesia y Dios nos pide en este momento” afirmó el Papa Francisco a los participantes del curso. “Se trata, lamentablemente, de un tema de gran actualidad, especialmente si pensamos a la intensificación de la violencia y a la multiplicación de teatros de guerra en diversas áreas del mundo, como África, Europa y Oriente Medio”.

El Papa recordó que el intercambio de experiencias sobre cómo la misión de “acompañamiento espiritual de los miembros de las fuerzas armadas y de sus familias puede contribuir a prevenir las violaciones del derecho humanitario, con el objetivo de reducir el dolor y los sufrimientos que la guerra siempre provoca, en quien la padece, pero también en quien la combate”.

“La guerra, de hecho, desfigura los vínculos entre hermanos, entre naciones; desfigura también a quien es testigo de tales atrocidades. Muchos militares regresan después de las operaciones de guerra o de las misiones para el restablecimiento de la paz con verdaderas heridas interiores. La guerra puede dejarles una marca indeleble. La guerra, en realidad, deja siempre una marca indeleble. He escuchado en este tiempo las historias de tantos obispos, que reciben en la diócesis los soldados que se habían marchado para la guerra: cómo vuelven, con estas heridas”.

Por lo tanto, el Obispo de Roma dijo que es necesario preguntarse sobre “las modalidades adecuadas para curar las heridas espirituales de los militares que, habiendo vivido la experiencia de la guerra, han asistido a crímenes atroces. Estas personas y sus familias requieren una atención pastoral específica, una solicitud que les haga sentir la cercanía maternal de la Iglesia”.

“El rol del capellán militar es aquel de acompañarlos y sostenerlos en su camino, siendo para todos presencia consoladora y fraterna. Ustedes pueden derramar sobre las heridas de estas personas el bálsamo de la Palabra de Dios que alivia los dolores e infunde esperanza; y pueden ofrecer la gracia de la Eucaristía y de la Reconciliación, que nutre y regenera el alma afligida”.

“En este período, en el cual estamos viviendo una “tercera guerra mundial en partes”, ustedes están llamados a alimentar en los militares y en sus familias la dimensión espiritual y ética, que los ayude a afrontar las dificultades”.

Antes de impartir su bendición apostólica, el Papa recordó a los capellanes la necesidad de la oración. “Los capellanes deben rezar. Sin oración no se puede hacer todo lo que la humanidad, la Iglesia y Dios nos pide en este momento. Pregúntelo a sus capellanes, pregúntelo a sí mismos: ¿cuánto tiempo al día doy a la oración? La respuesta hará bien a todos”.

Fuente: Radio Vaticana