Estimados amigos:

En estos días comienza a resonar la palabra del evangelio: “Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc 2,11). Y como todos los años la Navidad nos convoca a liberarnos de las ataduras terrestres y de la idolatría de nosotros mismos. Ella es un acontecimiento espiritual, una apertura a un llamado en el Pesebre de nuestro corazón y que implica una donación de nuestra existencia a Dios que está entre nosotros.

Ese acto de donación, de entrega de amor a Dios que nos amó primero, lleva consigo la aceptación y el programa de nuestro futuro, la renovación de la vocación personal que para hacerla realidad implica una conversión radical. Conversión interior para que allí nazca el Señor y en esa humildad Él haga su obra con nosotros como personas individuales y como comunidad humana.

Siguiendo el ejemplo del amado Papa Francisco en nuestro tiempo la pobreza del pesebre del corazón cobra un valor fundamental como condición para que la relación con nuestro Creador y Salvador sea absolutamente pura, íntegra y exclusiva. Y de ese modo, en cada rincón de la Argentina donde haya un Soldado de nuestro Ejército en su puesto de servicio luzca la fe viva en quien nos da la Vida: Cristo, El Señor.

Padre Oscar Naef

Capellán Mayor