El domingo 15 de mayo, en el marco de la solemnidad de Pentecostés, tuvo lugar la celebración de una Santa Misa por el Bautismo, Primera Comunión y Confirmaciones de niños, jóvenes y un adulto en la Parroquia San Miguel Arcángel del Barrio Aeronáutico “El Palomar”.

Monseñor Candia, Administrador Diocesano de nuestro Obispado, presidió la celebración acompañado del Padre César Tauro, Capellán Castrense de la Guarnición Aérea El Palomar.

Compartimos la Homilía de Monseñor Candia:

Queridos hermanos: los saludo con un afecto especial y con alegría porque en ustedes esta haciendo el Señor una bella historia, aunque no seamos capaces de entender todos los detalles sabemos que Dios esta aquí, esta mañana, ofreciéndoles el regalo más bello: El Perdón de los pecados, la afiliación divina, la incorporación a la Iglesia y la confianza para que puedan vivir como testigos de su amor, como profetas, sacerdotes y reyes.

Mediante la recepción e estos sacramentos de la Iniciación Cristiana, Bautismo, Confirmación y Eucaristía, se ponen los cimientos de la vida cristiana. La gracia de Dios se vuelca en ustedes, los inunda y pueden sentirse privilegiados, como cualquier cristiano, por este regalo inmenso de dios: hoy nacen a la fe,crecen con la fuerza del Espíritu en ella y participan del alimento que sustentará vuestra vida, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, para que no decaigan en el camino y lleguen a ser santos.

Es Dios que nos recibe hoy, como el padre de la parábola del hijo pródigo, entre sus brazos, como cosa suya y quiere que se sientan cómodos sabiendo que tienen ya un hogar, una casa, unos hermanos y una tarea.

En la casa del Padre, que es la Iglesia,se les escucha como hijos, la Palabra de Dios, que ya es vuestra compañera de viaje, porque les irá enseñando el camino, iluminándolo para que vuestros pasos no se desvíen de la Voluntad de Dios y adquieran el estilo y la manera de ser de Nuestro Señor.

Lean la Biblia de una manera ordenada, busquen que les ayuden porque es una necesidad. Me consta que algunos de ustedes están viviendo la fe en la parroquia. Los felicito igualmente y pido al párroco que los ayude ofreciéndoles posibilidades de madurar en esta gracia que han recibido hoy.

Ustedes son mayores desde el punto de vista de la fe, han venido libremente,han recibido unas catequesis que les ha ayudado a conocer más a Dios y lo que significa dar este paso, pues, atención, que no se les olvide nunca y que pongan las condiciones para crecer, madurar en la fe.

Lo que les pido es que abran los ojos, para que esta aventura de seguir a Cristo sea vuestra seña de identidad, como un verdadero bautizado, evangelizado y creyente, dispuesto a compartir tu experiencia de comunidad y comprometerte en las tareas de la Iglesia.

No permitan que al volver a casa y a las actividades de cada día se borren estas palabras de Jesús, no permitan que lo efímero, lo que se lleva el viento, sea el protagonista de vuestras horas y días. El protagonismo lo debe tener siempre Cristo, la caridad y la misericordia de Nuestro Señor.

No caigan en la tentación de pensar que ser cristiano es estar envuelto en lo oscuro de un rostro frío y triste, porque esa no es la realidad.

A partir de este momento vuestra vida ha dado un giro profundo, de 180 grados, han puesto el rumbo de vuestra nave hacia el Señor y esto marcará la existencia de ustedes, porque se verá iluminada por otro sol: Cristo, con otra luz y otro calor, el amor.

El Papa Francisco nos ha dicho que quien vive la misericordia, la caridad, bebe en la fuente de la alegría, de serenidad y de paz… Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une a Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados.

Queridos catecúmenos, estar cerca de Dios nos leva a estar cerca de los demás, por eso no podremos olvidar la caridad, como un estilo que caracteriza al cristiano, pero, junto a esto debemos seguir apoyando la cabeza en el pecho de Jesús, para escucharle, para hablarle,para conocerle más.

Nuestra condición es frágil, por eso debemos estar advertidos de que el adversario acecha para ver a quien devorar y hay que estar vigilantes y alerta, para no caer en la tentación (Mt 26,41). Es preciso asegurarnos los vínculos más fuertes para mantenernos unidos al Señor, la manera de que ni en las tormentas más violentas nos separen de Jesús.

En el Nuevo Testamento nos revela el Señor el poder de la oración. La oración, pues, había de ser para los Apóstoles el modo concreto y eficaz de participar en la “hora de Jesús” , de enraizarse en Él y en su ministerio pascual. Sin la oración existe el peligro de aquella “tentación” en la que cayeron por desgracia los Apóstoles cuando se encontraron cara a cara con el “escándalo de la cruz” (cfr. Gál 5,1). Dentro de las responsabilidades y las tormentas de la vida la oración es el medio que nos permite permanecer constantemente en Cristo, de “velar” con Cristo.

Mucho ánimo, que el Señor no los defraudará, le encontrarán cada vez que se reúnan en torno al pan de la Palabra y de la Eucaristía, que es la fuerza del Espíritu que se nos da en abundancia.

Lo encontrarán también, a diario, en cada uno de nuestros hermanos y en las realidades de nuestro mundo, así como nosotros mismos cuando sean capaces de trabajar por el bien y de luchar contra el mal.

Ya verán como en la misma liturgia los irá preparando el Señor y cada día escucharán una palabra que los animará a la CONVERSIÓN, a cambiar de rumbo, para ser menos egoístas, menos vanidosos.. y ser más como Jesús. Nuestro Señor no nos engaña cuando nos habla que para ser como Él hay que aprender a no despreciar la Cruz.

Tendrán siempre en la Iglesia, vuestra familia, vuestra casa, vuestro hogar, rezando por ustedes, para que sean fuertes.

Déjense guiar por Cristo,  mantengan limpias vuestras blancas vestiduras y no apaguen esa luz en vuestro corazón.

Que nuestra Madre, la Virgen María los proteja, que a Ella los encomiendo.”