El miércoles 4 de mayo, tuvo lugar la XIV Jornada de Pastoral de la Salud en el salón de actos de la Escuela Superior Técnica en la Ciudad de Buenos Aires.

La Jornada tuvo como tema “La aceptación de la Enfermedad” y contó con la presencia de distinguidos profesionales.

La presentación estuvo a cargo del coordinador de la Comisión de Pastoral Castrense de la Salud, Monseñor Luis Eugenio Ferrari, y del Director General de Sanidad del Ejército, General de Brigada Luis María Pucheta, junto al Director de Sanidad de la Armada, Contraalmirante Médico Oscar Vivas. Estuvieron presentes el Padre Patricio Walker, Capellán Castrense del Hospital Militar Campo de Mayo; el Padre Alberto Luna, Capellán Castrense del Hospital Naval Buenos Aires; el Padre Luis Ioele, Capellán Castrense del Hospital Aeronáutico Central; El Padre Antonio Lepore, Capellán Castrense del Hospital Militar Central  y la Hermana Natividad, Superiora de la Comunidad del HMC.

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Compartimos las palabras que Monseñor Pedro Candia, Administrador Diocesano de nuestro Obispado, pronunció en la apertura de la jornada:

Estimado Monseñor Luis Eugenio Ferrari y participantes de esta XIV° Jornada Nacional de Pastoral de la Salud Castrense, sean todos muy bienvenidos.

Como ustedes saben el tema a profundizar será “La Aceptación de la Enfermedad”. Para el cristianismo, esto no se trata de un tema menor, sino de gran trascendencia. La enfermedad que limita al hombre ha venido a ser una participación de la Pasión y de los sufrimientos del mismo Cristo; y así ha adquirido un carácter salvífico y penitencial también.

El dolor y la enfermedad no estaban presentes antes del pecado original y han resultado ser una consecuencia del mismo. La atención que Cristo ha dado a los enfermos, como leemos en los Evangelios, nos muestran de qué manera debemos nosotros también hacerlo tanto en el plano físico, es decir con la ayuda inestimable de las ciencias médicas, como también en el plano espiritual y de la gracia; es decir en el orden sobrenatural de la persona humana: a través de la enseñanza de la doctrina y de la vida cristiana, que es la que da verdadera y profunda respuesta a este problema.

La aceptación de los sufrimientos y el tomar la cruz de cada día, son aspectos de la llamada “conversión”, a la que siempre llama Nuestro Señor en la proclamación de su Buena Noticia, que es el Evangelio.

En esta misma aceptación de la cruz de cada día que nos toca llevar puede incluso consistir la penitencia que un confesor, entre otras cosas puede imponer como deber a un penitente para purificar su vida del pecado que le ha confesado. Pero nuestra satisfacción sólo es posible por Jesucristo, ya que nosotros solos no podemos nada.

En cambio, unidos a Cristo, la contraria es correcta: todo lo podemos con Él y en Él.

La vida de fe transcurre, no en la visión de la luz de Dios, sino más bien en la oscuridad de este mundo, en el cual la experiencia del mal, del sufrimiento, y del dolor, pueden resultar ser una dura prueba de la misma fe. A veces Dios puede parecer ausente, y su omnipotencia puede quedar en duda. Sin embargo la fuerza de Dios se ha mostrado en la debilidad de la muerte redentora de su Hijo Jesucristo, donde la debilidad de Dios ha resultado ser más fuerte que la fortaleza de los hombres, como agradaría decir a San Pablo.

Pero especialmente en la resurrección de Cristo es donde el Padre desplegó el poder de su fuerza. La misma muerte ha sido vencida y la gracia de Dios ha venido a la humanidad. Podemos decir que le enfermedad y el dolor resultantes del pecado del hombre también han sido vencidos, porque al hombre se le ha dado la posibilidad de vivir estas realidades en estado de gracia y unido así a Cristo. Y por el sacramento de la unción de los enfermos el fiel recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo: en cierta manera es consagrado para dar fruto por su configuración con la Pasión redentora del Salvador. El sufrimiento, secuela del pecado original, recibe un sentido nuevo, viene a ser participación en la obra salvífica de Jesús.

Desde ya agradezco su participación en esta jornada, valorando de forma inestimable su dedicación y trabajo para el bien de los hombres y de la Iglesia.
Invocamos a la Santísima Virgen, nuestra Señora Del Perpetuo Socorro, Patrona de la Sanidad Castrense, para que la labor de todos de muchos frutos.”