En el marco de la conmemoración del Día de las Tropas de Montaña y de su Santa Patrona Nuestra Señora de las Nieves, Monseñor Pedro Candia, Administrador Diocesano de nuestro Obispado, bendijo la Capilla dedicada a San Francisco de Asís erigida en los Cuarteles de “Primeros Pinos” de la Compañía de Cazadores de Montaña 6 en la provincia de Neuquén.

Por pedido de los fieles, Monseñor Candia autorizó la erección de la Capilla bajo el Patronato de San Francisco de Asís, Santo muy arraigado en el corazón de los Cazadores de Montaña y la bendijo en una emotiva ceremonia que tuvo lugar el pasado jueves 4 de agosto, con la presencia del Jefe del Estado Mayor General del Ejército, General de División Diego Suñer;  el Presidente de la Comisión de las Tropas de Montaña, General de División “VGM” (R) Mario Luis Castagneto; el Jefe de la Compañía de Cazadores de Montaña 6, Teniente Coronel Abel Giménez; el Padre Oscar Ángel Naef, Capellán Mayor del Ejército, autoridades e invitados especiales.

“En este espacio generoso, que deseamos bendecir para consagrarlo al Señor, ha sido proclamada por primera vez la Palabra de Dios -palabra llena de sabiduría y verdad-, acerca de Dios y del hombre y sobre el nuevo altar se celebrará el sacrificio del amor eucarístico; estos dos momentos del rito santo, constituyen la razón primera y fundamental por la que hemos levantado este edificio” señaló Monseñor Candia en su Homilía.

“Hay en esto una singular paradoja, porque en realidad el verdadero templo somos nosotros, los que hoy estamos reunidos para su inauguración, porque este templo que nos contiene, estas paredes, con este techo y aún su sobria belleza interior, nos están representando. Es que los templos son imágenes de nosotros mismos, hacen visible en el lenguaje arquitectónico lo que es la Iglesia; y hasta el más humilde de los templos nos recuerda que cada uno de nosotros somos piedras vivas, bien trabadas y unidas por el vínculo del amor fraterno, y Cristo viene a ser la piedra basal sobre la cual se levanta todo el edificio.”

“El templo es un lugar privilegiado del encuentro de Dios con su pueblo peregrino. Él, que no hace acepción de personas, escucha la oración del justo como la del pecador arrepentido, porque no deja de bendecir a quien se acerca con corazón contrito y espíritu humilde”.