“Hoy detenemos nuestra consideración y nuestra oración en nuestros hermanos que entregaron sus vidas en cumplimiento del deber.

Hoy es, pues, para nosotros una jornada de recuerdode fe en la resurrección, de comunión fraterna con los difuntosde oración por ellosde esperanza en el reencuentro y de  testimonio del sentido trascendente de la existencia humana.

Recuerdo

Es día de recuerdo. Y es bueno que este recuerdo de nuestros camaradas se haga visible en esta celebración.

Para nosotros no hay ausencia,  sino otro modo de presencia, ellos están presentes en nuestra memoria y en nuestro sentimiento.

Honrar a los muertos en cumplimiento del deber es un acto de justicia y de piedad,  que nos remite al concepto de Patria.

El sentimiento de respeto y amor a lo propio es tan esencial que lleva al ser humano aún a contradecir el instinto de la propia conservación,  inmolándose en defensa de eso tan suyo como es la Nación.

Cristo ha dicho que “nadie tiene amor más grande que aquél que da la vida por lo que ama”  Ahí está la raíz y el fundamento de nuestra vocación de servicio.

 

Fe en la Resurrección

Hoy también es un día en el cual renovamos nuestra fe en la resurrección del Señor y en la de todos los difuntos. Creemos, como nos ha dicho la Palabra de Dios que acabamos de escuchar, que la multitud de los que duermen en el polvo de la tierra se desvelará. Y que, todos los que han muerto con Cristo también resucitarán con él.

 

Comunión de los santos

 Es a causa de esta fe en la vida más allá de la muerte, que hoy también es un día de comunión  con nuestros difuntos más próximos y con todos los que ya han dejado este mundo.

En la caridad fraterna, nos sentimos solidarios de todos; tal como ruega la Iglesia, nos sentimos unidos no solo a los “que murieron en la paz de Cristo” sino también en aquéllos “cuya fe sólo tú” (Dios) “conociste” (cf. Plegaria eucarística IV).

Sabemos que no se trata de una vinculación sentimental, sino que, gracias a Jesucristo, los difuntos no han dejado de existir sino que disfrutan de una existencia personal más allá de la muerte. Nuestra comunión con ellos es una comunión con unos seres bien reales y no simplemente un recuerdo afectuoso.

Oración

Y esta comunión se hace oración. En cada eucaristía la Iglesia hace memoria de los difuntos, pero hoy lo hace de una manera especial por aquellos que nos dieron testimonio de su juramento de seguir constantemente nuestra Bandera y defenderla hasta perder la vida.

Hoy ofrecemos la eucaristía y nuestras oraciones en sufragio  a fin de que Dios  los purifique,  los acoja en su casa de paz y les conceda la corona de gloria que no se marchita. 

Nuestra oración hoy apela a esta fidelidad de nuestro Dios que sabe de las debilidades humanas y conoce el fondo de bondad que hay en el corazón de cada persona, depositado por el amor creador del Padre.

Día de esperanza

Por eso, hoy es también día de esperanza. Sabemos que, después de pasar también nosotros el umbral misterioso de la muerte, podremos reencontrarnos con nuestros seres amados.

Él ha sufrido la muerte para abrirnos la puerta de la Vida para siempre.

La esperanza, sin embargo, a la cual somos llamados todavía es mayor porque sabemos que no solo  reencontraremos a nuestros difuntos, sino que también podremos ver el rostro del Señor y podremos disfrutar personalmente del abrazo eterno del Padre en el gozo del Espíritu Santo.

Testimonio

Esta esperanza nos tiene que hacer testigos del sentido trascendente de la existencia humana, del hecho de que la vida no se acaba con la muerte; tenemos que ser anunciadores de la esperanza de vida eterna que hay en nosotros gracias a la fe en el Cristo muerto y resucitado. Y, por ello, esta esperanza nos tiene que hacer testigos del valor inalienable de la vida humana.

El cristiano ve la muerte y cree en la vida, porque sabe que  desde el día que Jesús murió en la cruz por amor solidario hacia todo el mundo, la muerte no es el final sino el paso a la existencia plena que Dios quiere para la humanidad.

De esta plenitud tenemos un anticipo en la eucaristía, que nos inserta en el misterio de muerte y de vida de Jesucristo, nos hace muy estrecha la comunión con todos los santos y nos lleva a la plegaria de sufragio por los difuntos

Al Dios de la vida, que resucitó a Jesús de entre los muertos, le pedimos que conceda la plenitud de la vida a quienes ofrendaron la suya por la Patria y a todos nuestros seres queridos difuntos. Amén.”