INICIO DE LA EPOPEYA SANMARTINIANA.

HACE 200 AÑOS, el 5 de enero de 1817, tuvo lugar en la ciudad de Mendoza la proclamación de Nuestra Señora del Carmen como Patrona del Ejército de los Andes, y la jura de la bandera. E propio Libertador cursó la invitación al gobernador, Cnl Toribio de Luzuriaga:
“El domingo 5 del corriente se celebra en la Iglesia Matriz, la jura solemne de la Patrona del ejército y bendición de su bandera. V. S. al frente de la muy ilustre Municipalidad, Corporaciones, Prelados y Jefes militares y políticos de esta Capital, se servirá solemnizar la función con su asistencia, en que el ejército y yo recibiremos honra. Principiará a las cinco de la mañana.”
Así llegó ese día, y ante una inmensa concurrencia que colmó las calles y plazas adornadas a tal efecto, el Ejército de los Andes marchaba hacia la capital mendocina desde El Plumerillo. Al frente iba el Grl Miguel Estanislao Soler, detrás suyo el Estado Mayor y las tropas. A las 10 de la mañana entraban en la ciudad entre aclamaciones del pueblo entusiasmado y el repique simultáneo de las campanas de ocho iglesias.
Llevaban todos los soldados el escapulario de Nuestra Señora del Carmen, según el testimonio de la hija de una testigo ocular del suceso:
“[En] la proclamación de la Virgen del Carmen que se veneraba en el templo de San Francisco, como Patrona del ejército de San Martín, […] todos los soldados ostentaban en el pecho el escapulario del Carmen.”
La procesión entró solemnemente en la Iglesia Matriz. La imagen de la Virgen estaba en un trono junto al altar. El general San Martín y su comitiva se colocaron a la derecha del mismo; y en una bandeja de plata estaba doblada la bandera. Cuando se presentaron los ministros del altar para la Misa solemne, se levantó San Martín de su asiento,
“y, subiendo al presbiterio, acompañado de los edecanes, tomó la bandeja con la bandera y la presentó al preste. Este la bendijo en la forma de ritual, bendiciendo también el bastón del General […]”
Luego dio comienzo la Misa solemne. Al Evangelio el capellán castrense, Dr. José Lorenzo Güiraldes, pronunció un panegírico. Afuera, salvas de artillería acompañaban la solemnidad que se celebraba dentro del templo. La misa concluyó con Te Deum.
Se organizó nuevamente la devota procesión, encabezada por el clero. La Virgen volvía a salir ahora con la bandera de los Andes que sostenía a su lado el abanderado del ejército. Cuentan los testigos presenciales, el general Espejo y Damián Hudson:
“Al asomar la bandera y la Virgen los cuerpos presentaron armas y batieron marcha. […] Al subir la imagen para colocarla en el altar [San Martín] le puso su bastón [de mando] en la mano derecha ”, “[declarándola así] en la advocación que representaba, Patrona del ejército de los Andes.”
Acallados los aplausos y aclamaciones, y dejando de sonar los instrumentos musicales de las diversas bandas militares que acompañaban la ceremonia, San Martín, “[tomando la bandera] en su diestra, y avanzando hasta las gradas del atrio, presentándose al pueblo y al ejército en esa actitud digna, marcial, tan esencialmente característica de su gallarda persona, con voz sonora, vibrante […]” Se dirigió a la tropa diciendo:
“¡Soldados: Esta es la primera bandera que se ha levantado en América!” La batió por tres veces, [y] cuando las tropas y el pueblo respondían con un ¡Viva la Patria!, rompieron dianas las bandas de música, de cajas y clarines, y la artillería hizo otra salva de veinticinco cañonazos.”
La ceremonia concluyó con un brillante desfile militar. Sobre el entablado la Virgen del Carmen, como en trono de gloria, ostentaba en su diestra el bastón de mando que la constituía Patrona y Generala del Ejército de los Andes. Junto a Ella, el Gran Capitán, su Estado Mayor y las autoridades eclesiásticas y civiles, junto a un pueblo abarrotado que festejaba.

Antes de desalojar la plaza, “los cuerpos formaron en columna para escoltar a la Virgen hasta dejarla en su Iglesia.”
Así el Ejército de los Andes, luego de encomendarse a la Madre del Dios de los Ejércitos, podía emprender la campaña libertadora. Ya tenía el ejército sanmartiniano su Patrona y su enseña guerrera. Con la protección de María Santísima, la bandera de la libertad flamearía victoriosa en los campos de Chile, Perú y Ecuador.
En mayo de 1818, el Padre de la Patria, vencedor de Maipú, pasó por Luján y visitó el santuario de la Virgen Santísima. El 12 de agosto de 1818 enviaba su bastón de mando a la Virgen del Carmen con una carta adjunta para el Padre Guardián del Convento de San Francisco de Mendoza:
“La decidida protección que ha prestado al ejército de los Andes su Patrona y Generala Nuestra Señora del Carmen, son demasiado visibles.
Un cristiano reconocimiento me estimula a presentar a dicha Señora (que se venera en el convento que rige V.P.), el adjunto bastón como propiedad suya y como distintivo del mando supremo que tiene sobre dicho ejército.
Dios guarde a V. P. muchos años. JOSÉ DE SAN MARTÍN.”

(El entrecomillado está sacado de Gerónimo Espejo, El Paso de los Andes. Bs. As., 1882. Documentos del Archivo de San Martín, Comisión Nacional del Centenario. T. II, Bs. As. Apuntes Históricos sobre la Virgen del Carmen de Cuyo y el Convento Franciscano de Mendoza. Bs. As., 1911. Damián Hudson, Recuerdos Históricos sobre la Provincia de Cuyo, T. I, Bs. As., 1898. Carta de San Martín al Guardián del convento franciscano de Mendoza, exhibida en el camarín de la Virgen del Carmen de Cuyo del mismo)

Fuente: Pbro. Ignacio David Cherino