En el contexto del Adviento, tiempo de preparación para recibir el nacimiento del Redentor, celebramos a Fiesta de la virgen de Loreto, Patrona de la Fuerza Aérea, y también este fin de semana festejamos el misterio de la Inmaculada Concepción de María, que nos recuerda dos verdades fundamentales de nuestra fe: ante todo el pecado original y, después, la victoria de la gracia de Cristo sobre el pecado, victoria que resplandece de modo sublime en María santísima.

Por desgracia, la existencia de lo que la Iglesia llama “pecado original” es de una evidencia aplastante: basta mirar nuestro entorno y sobre todo dentro de nosotros mismos. En efecto, la experiencia del mal es tan consistente, que se impone por sí misma y suscita en nosotros las pregunta: ¿de dónde procede?

Especialmente para un creyente, el interrogante es aún más profundo: si Dios, que es Bondad absoluta, lo ha creado todo, ¿ de dónde viene el mal?

Las primeras páginas de la Biblia (Gn 1-3) responden precisamente a esta pregunta fundamental, que interpela a cada generación humana, con el relato de la creación y de la caída de nuestros primeros padres: Dios creó todo para que exista; en particular, creó al hombre a su propia imagen; no creó la muerta, sino que esta entró en el mundo por envidia del diablo (cf Sb 1, 13-14; 2, 23-24), el cual, rebelándose contra Dios, engañó también a los hombres, induciéndolos a la rebelión.

Es el drama de la libertad, que Dios acepta hasta el fondo por amor, pero prometiendo que habrá un hijo de mujer que aplastará la cabeza de la antigua serpiente (Gn 3,15). 

Así pues, desde el principio, el protoevangelio anuncia a la Mujer predestinada a ser madre del Redentor, madre de Aquel que se humilló hasta el extremo para devolvernos a nuestra dignidad original.

Esta Mujer, a los ojos de Dios, tiene desde siempre un rostro y un nombre: “Llena de gracia” (Lc 1,28), como la llamó el ángel al visitarla en Nazaret. Es la nueva Eva, esposa del nuevo Adán, destinada a ser madre de todos los redimidos.}San Andrés de Creta escribió: “La theotókos María, el refugio común de todos los cristianos, fue la primera en ser liberada de la primitiva caída de nuestros primeros padres” (Homilía IV sobre la primera Navidad, PG 97, 880 A).

Y la liturgia de hoy afirma que Dios “preparó una digna morada para su Hijo y, en previsión de su muerte, la preservó de toda mancha de pecado” (Oración Colecta).

Queridos hermanos, en María Inmaculada contemplamos el reflejo de la Belleza que salva al mundo: la belleza de Dios que resplandece en el rostro de Cristo. En María esta belleza es totalmente pura, humilde, sin soberbia ni presunción. Así se mostró la Virgen a santa Bernardita, hace 158 años e Lourdes, y así se la venera en numerosos santuarios. Entre ellos en Loreto…

Plegaria de los aviadores a la Virgen de Loreto

Oh María, reina del cielo

Gloriosa Patrona de la Fuerza Aérea Argentina

A Tí se eleva nuestra oración

Somos pilotos e integrantes de la Fuerza Aérea de la Patria

Lanzados por los caminos del cielo,

uniendo en vínculos de solidaridad

las naciones y los continentes

promoviendo paz y progreso para nuestro país

En Tí está depositada nuestra confianza

sabemos a cuántos peligros están expuestas nuestras vidas

Mira hacia nosotros, Madre piadosa, durante nuestros vuelos

Protégenos en el cumplimiento de nuestro deber cotidiano

Inspíranos la práctica de los principios y la virtud

Que nos mantengamos fieles a nuestros compromisos de hombres y mujeres cristianos

Encomendamos a Tí nuestras familias

Despierta en nosotros el deseo del bien inspirados en la verdad del evangelio

Tú que eres la puerta del cielo,

guíanos ahora y siempre en las alas de la Fé,

la Esperanza y el Amor.

Amén