El viernes 16 de junio tuvo lugar la celebración de una Santa Misa en la atedral Castrense Stella Maris, en memoria por el eterno descanso de los caídos en cumplimiento del deber en la gesta de Malvinas de la que pariciparon la Asociación de Veteranos de Guerra de Malvinas y autoridades militares.

La celebración fue presidida por Monseñor Pedro Candia, Administrador Diocesano de nuestro Obispado, y concelebraron Monseñor Germán Carmona, Capellán Mayor de la Armada y el Padre Diego Tibaldo, Capellán Mayor de la Prefectura Naval.

Monseñor Santiago Olivera, Obispo Castrense electo, envío el siguiente mensaje con motivo de saludar a los Veteranos de Guerra presentes:

“Les envío un fuerte abrazo y saludo, agradecer las vidas entregadas porque más allá de los logros, entregar la vida para defender la Patria siempre es loable y el Señor ve esos esfuerzos y esas acciones que han hecho en pos del bien común.

Una bendición muy especial valorando muy del corazón la entrega silenciosa y tantas cosas que sólo los Veteranos conocen y que han tenido que hacer y sufrir por el bien mayor en defensa de la Patria.”

Compartimos la homilía de Monseñor Candia:

“Acompañado de un grupo de Capellanes, estamos celebrando esta Misa: recordamos a quienes murieron en Malvinas y a quienes quedaron en sus cuerpos y en sus espíritus marcados por la guerra.

Ellos, sus familiares, sus camaradas y sus instituciones son tenidos muy presentes hoy por muchos sectores del país y muchos compatriotas.

Nosotros lo estamos haciendo aquí, teniendo como punto central y dominante su recordación en esta Santa Misa.

Pero sobre todo recordamos la generosidad y la audacia que aquellos jóvenes Oficiales, Suboficiales y Soldados, que dejaron sus vidas en Malvinas porque afrontaron su participación en el conflicto, motivados por el amor a la Patria.

Hoy queremos rezar por ellos, para que gocen de la Paz en la eternidad. Y también para que la tengan sus familiares y seres queridos.

Esta celebración tiene que ser una reflexión sobre nuestro presente y nuestro futuro. Malvinas como parte de una historia que nos duele y nos estimula, nos deja lecciones que es preciso aprender.

Ante tantas vidas entregadas en aquellas acciones bélicas, hay que valorar y hay que aprender de ellos. Nuestros hombres en Malvinas nos dejan ejemplos de audaz valentía: en ellos afloraron los mejores recursos de sus corazones: dieron lo mejor, es decir la vida por los demás.

El poderío de un Pueblo, su soberanía, no consiste ni en su riqueza, ni en su geografía, ni en su poder económico, político o militar. Un pueblo es fuerte sólo cuando su estilo de vida es moral. Es esta moral que se ha venido deteriorando progresivamente, la que pone en riesgo a la Nación y a la misma soberanía.

Las fuerzas morales que muchas personas tienen, son la esperanza de nuestro futuro. Las fuerzas morales de muchos ciudadanos desconocidos y anónimos que continúan con esperanza, con trabajo en medio de las dificultades, son la esperanza de la Patria, son su reserva de energías. Son también la esperanza de la Iglesia. Son la esperanza para encontrarlos caminos de solidaridad, de justicia auténtica, de una convivencia sana y pacífica entre los ciudadanos.

Necesitamos volver a aprender que la fuerza y el poderío de un pueblo le vienen de su nivel moral, de sus valores, del fortalecimiento de la institución familiar, de una educación centrada en la persona humana, de una solidaridad hecha de renunciamientos que superen los intereses mezquinos, para privilegiar las necesidades de quienes más necesitan.

Sin valor moral no hay Nación que dure. Con valor moral hay esperanza de una Nación y de una sociedad que sea consistente y sólida.

Malvinas: sus víctimas que son sus héroes, nos exigen la recuperación de los valores que hacen grande a una Sociedad. Son los valores que brotan de reconocer a Dios como Fuente y Razón de toda Justicia, de ver al hombre como un hermano al que siempre hay que tratar como persona por el camino de la solidaridad y la justicia. Para llegar a todo esto, nuestra Patria, nosotros, nuestras comunidades cristianas y nuestras instituciones, tenemos que comprometemos a recorrer el laborioso camino de la reconciliación.

Nos acompaña, en esta celebración, la Virgen María, cuya imagen nos preside. Fue muy invocada en Malvinas. Aquí lo hacemos también, pidiéndole que interceda ante su Hijo para que El dé:

  • La Paz de un Vida sin fin a quienes dejaron su vida terrena en Malvinas.
  • La Paz en su corazón a quienes sufren las heridas y consecuencias de la guerra.
  • La Paz y la Esperanza a los Familiares, Compañeros y Amigos de unos y otros.

La voluntad y la decisión a todos, en especial a los Responsables en nuestra Sociedad, para trabajar, laboriosa e incansablemente, en la recuperación de los valores para nuestra comunidad, para nuestra Patria Argentina.”