obcastrense_papa angelus 2 domingo de cuaresmaEn el 2° Domingo Pascual el Santo Padre habló sobre “Contemplar la transfiguración de Jesús”, fue en la oración del Ángelus, desde el balcón del Palacio Pontificio, reflexiono sobre el Evangelio de hoy.

A continuación el texto completo expresado por Papa Francisco.

“Contemplar la transfiguración de Jesús”

¿Cómo se puede seguir a un maestro y mesías cuya vida terrenal va a terminar así? La respuesta llega en la transfiguración: ¿Qué es la Transfiguración de Jesús? Es una aparición pascual anticipada. 

 

La transfiguración ayuda a los discípulos, y también a nosotros, a comprender que la pasión de Cristo es un misterio de sufrimiento, pero, sobre todo, un regalo de amor infinito por parte de Jesús. Nos hace comprender mejor también su resurrección. Si antes de la Pasión no se nos hubiera mostrado la transfiguración con la declaración por parte de Dios, ‘Este es mi hijo amado’, la Resurrección y el misterio pascual de Jesús no habría sido fácilmente comprensible en toda su profundidad.

De hecho, para comprenderlo, es necesario saber con anterioridad que aquel que sufre y que es glorificado no es solamente un hombre, sino que es el Hijo de Dios, que, con su amor fiel hasta la muerte, nos ha salvado.
El Padre renueva su declaración mesiánica sobre su hijo, realizada en el río Jordán el día del bautismo, y exhorta: ‘¡Escúchenlo!’. Los discípulos son llamados a seguir al Maestro con confianza y esperanza, incluso en el momento de su muerte.

La divinidad de Jesús se manifiesta incluso sobre la cruz, incluso en aquel modo de morir. Tanto es así que el evangelista Marcos pone sobre la boca del centurión la profesión de fe: ‘¡Realmente este hombre era Hijo de Dios!’. Esta revelación de la divinidad de Jesús tuvo lugar en el monte, que en la Biblia es el lugar emblemático donde Dios se muestra al hombre. Es necesario, especialmente en el tiempo de Cuaresma, subir con Jesús al monte y detenerse con Él, prestar mayor atención a la voz de Dios y dejarse envolver y transformar por el espíritu.

Es la experiencia de la contemplación y de la oración, de vivir no para evadirse de la dureza de lo cotidiano, sino para gozar de la familiaridad con Dios, para después retomar, con renovado vigor, el camino fatigoso de la cruz que lleva a la resurrección.-