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No tengo dudas que Dios me pide esta nueva responsabilidad a través de la voluntad del Obispo

Domingo de Ramos | Jesús mira siempre amando y eso nos pide a cada cristiano

obcastrensearg_domingo de ramos campo de mayo 01Domingo de Ramos | Jesús mira siempre amando y eso nos pide a cada cristiano, la cita le pertenece a nuestro Obispo Castrense de Argentina, Mons. Santiago Olivera, quien ofició Misa y Bendijo los Ramos de Olivo en la Capilla Ntra. Sra. de la Merced, de Barrio Sargento Cabral, de Campo de Mayo, provincia de Buenos Aires.

Concelebró el Capellán Mayor (Electo) de la Armada, Padre Eduardo Castellanos, el Padre Diego Pereyra, acompañados por las religiosas del Hospital Militar de Campo de Mayo y la Virgen Consagrada Cecilia Imbrogno. Además, en la ceremonia religiosa, estuvieron presentes, los Seminaristas, Santiago García del Hoyo, Darío Verón y Gustavo Gaspoz.

A continuación compartimos una síntesis del mensaje expresado por Mons. Santiago Olivera:

El pueblo aclamó al Señor, “Bendito el que viene en el nombre de Dios”, con palmas con vítores, alegrándolos con el corazón, este mismo pueblo, pidió después la crucifixión y vimos distintas realidades frente a este Señor que viene a liberarnos y a redimirnos pero con la sencillez de los humildes y de los grandes.

En esta nueva Semana Santa, en este nuevo tiempo, Dios regala un tiempo más en nuestra vida, pero no es un periodo de tantos, sino es, un nuevo tiempo bendito. Es, el que viene en nombre de Dios, en él, el Señor purifica nuestro corazón, nos ayuda, nos asiste, nos abre el corazón para amar como Jesús nos pide.

Por ello, debemos estar atentos, para no ser aquellos que después, no con la con la palabra, pero que con los actos, sacamos del medio a Jesús, a este que Jesús que fue el Dios con nosotros y que paso haciendo el bien, que miro siempre amando, que es el rostro de la misericordia del padre. Que es la certeza de un Dios que, nos ama y que él, nos amó hasta el extremo, el mismo que después fue calumniado, fue difamado, fue escupido, fue insultado, fue querido sacarlo del medio.

A veces, también nosotros, cometemos lo mismo actos con los hermanos, con los demás. Quiera  Dios, que en este gran retiro espiritual que es, la Semana Santa podamos, ver, en qué lugar estamos, dónde nos situamos, qué parte de los hombres y mujeres de tiempo Jesús somos.

Aclamemos con el corazón y con la vida a Jesús, renovemos la certeza de que, Cristo murió y resucitó, y por lo tanto, es motivo de gran alegría, que nos recupero el cielo que el hombre por su pecado había perdido. El cielo será una bendición para cada uno, será una propuesta, pero, tenemos que adherirnos a las enseñanzas de Jesús, a seguir su camino, a seguir la verdad y saber que eso será la verdadera vida.

No olvidemos, que Jesús ante quienes lo insultaban y pedían su muerte, solo pide al Padre, su Padre, que los perdone porque no saben lo que hacen (…). Jesús mira siempre amando (…), y eso nos pide a cada cristiano.  A veces también por odio vivimos esas cosas, y seguir a Jesús será, siempre amar y asociarnos a su Cruz (…).-

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Papa Francisco | Ante la calumnia el mejor remedio es mirar la cruz de Cristo

obcastrensearg_papa francisco domingo de ramosPapa Francisco | Ante la calumnia el mejor remedio es mirar la cruz de Cristo, la definición surge de la Homilía del Santo Padre impartida en la Santa Misa del Domingo de Ramos, en Plaza San Pedro, Vaticano. En la jornada, en la cual también se conmemora la Pasión del Señor, el Santo Padre ingresó a la Plaza de San Pedro en Procesión, hasta el centro de la misma al pie del Obelisco donde Bendijo las Palmas y Ramos de Olivo.

Cabe recordar, que a la ceremonia acudieron jóvenes de Roma y de otras Diócesis en la celebración diocesana de la JMJ XXIII sobre el tema: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios” (Lc 1:30). En dicho encuentro, en el final de la Misa, le fueron entregadas al Santo Padre el trabajo desempeñado, las conclusiones de la reunión presinodal, material que servirá para la XV Asamblea General del Sínodo de los Obispos prevista para octubre de 2018, sobre el tema: “Los jóvenes, fe y discernimiento vocacional”.

 

Homilía del Santo Padre

Jesús entra en Jerusalén. La liturgia nos invitó a hacernos partícipes y tomar parte de la alegría y fiesta del pueblo que es capaz de gritar y alabar a su Señor; alegría que se empaña y deja un sabor amargo y doloroso al terminar de escuchar el relato de la Pasión. Pareciera que en esta celebración se entrecruzan historias de alegría y sufrimiento, de errores y aciertos que forman parte de nuestro vivir cotidiano como discípulos, ya que logra desnudar los sentimientos contradictorios que también hoy, hombres y mujeres de este tiempo, solemos tener: capaces de amar mucho… y también de odiar ―y mucho―; capaces de entregas valerosas y también de saber «lavarnos las manos» en el momento oportuno; capaces de fidelidades pero también de grandes abandonos y traiciones.

Y se ve claro en todo el relato evangélico que la alegría que Jesús despierta es motivo de enojo e irritación en manos de algunos.

Jesús entra en la ciudad rodeado de su pueblo, rodeado por cantos y gritos de algarabía. Podemos imaginar que es la voz del hijo perdonado, la del leproso sanado o el balar de la oveja perdida, que resuena resuenan a la vez con fuerza en ese ingreso. Es el canto del publicano y del impuro; es el grito del que vivía en los márgenes de la ciudad. Es el grito de hombres y mujeres que lo han seguido porque experimentaron su compasión ante su dolor y su miseria… Es el canto y la alegría espontánea de tantos postergados que tocados por Jesús pueden gritar: «Bendito el que llega en nombre del Señor». ¿Cómo no alabar a Aquel que les había devuelto la dignidad y la esperanza? Es la alegría de tantos pecadores perdonados que volvieron a confiar y a esperar. Y estos gritan. Se alegran. Es la alegría.

Esta alegría y alabanza resulta incómoda y se transforma en sinrazón escandalosa para aquellos que se consideran a sí mismos justos y «fieles» a la ley y a los preceptos rituales.[1] Alegría insoportable para quienes han bloqueado la sensibilidad ante el dolor, el sufrimiento y la miseria. Muchos de estos piensan: «¡Mira que pueblo más maleducado!». Alegría intolerable para quienes perdieron la memoria y se olvidaron de tantas oportunidades recibidas. ¡Qué difícil es comprender la alegría y la fiesta de la misericordia de Dios para quien quiere justificarse a sí mismo y acomodarse! ¡Qué difícil es poder compartir esta alegría para quienes solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros![2]

Y así nace el grito del que no le tiembla la voz para gritar: «¡Crucifícalo!». No es un grito espontáneo, sino el grito armado, producido, que se forma con el desprestigio, la calumnia, cuando se levanta falso testimonio. Es el grito que nace cuando se pasa del hecho a lo que se cuenta, nace de lo que se cuenta. Es la voz de quien manipula la realidad y crea un relato a su conveniencia y no tiene problema en «manchar» a otros para salirse con la suya acomodarse. Esto es un falso relato. El grito del que no tiene problema en buscar los medios para hacerse más fuerte y silenciar las voces disonantes. Es el grito que nace de «trucar» la realidad y pintarla de manera tal que termina desfigurando el rostro de Jesús y lo convierte en un «malhechor». Es la voz del que quiere defender la propia posición desacreditando especialmente a quien no puede defenderse. Es el grito fabricado por la «tramoya» de la autosuficiencia, el orgullo y la soberbia que afirma sin problemas: «Crucifícalo, crucifícalo».

Y así se termina silenciando la fiesta del pueblo, derribando la esperanza, matando los sueños, suprimiendo la alegría; así se termina blindando el corazón, enfriando la caridad. Es el grito del «sálvate a ti mismo» que quiere adormecer la solidaridad, apagar los ideales, insensibilizar la mirada… el grito que quiere borrar la compasión, ese «padecer con», la compasión, que es la debilidad de Dios.

Frente a todos estos titulares, el mejor antídoto es mirar la cruz de Cristo y dejarnos interpelar por su último grito. Cristo murió gritando su amor por cada uno de nosotros; por jóvenes y mayores, santos y pecadores, amor a los de su tiempo y a los de nuestro tiempo. En su cruz hemos sido salvados para que nadie apague la alegría del evangelio; para que nadie, en la situación que se encuentre, quede lejos de la mirada misericordiosa del Padre. Mirar la cruz es dejarse interpelar en nuestras prioridades, opciones y acciones. Es dejar cuestionar nuestra sensibilidad ante el que está pasando o viviendo un momento de dificultad. Hermanos y hermanas: ¿Qué mira nuestro corazón? ¿Jesucristo sigue siendo motivo de alegría y alabanza en nuestro corazón o nos avergüenzan sus prioridades hacia los pecadores, los últimos, y los olvidados?

Y a ustedes, queridos jóvenes, la alegría que Jesús despierta en ustedes es para algunos motivo de enojo e y también de irritación en manos de algunos, ya que un joven alegre es difícil de manipular. ¡Un joven alegre es difícil de manipular!

Pero existe en este día la posibilidad de un tercer grito: «Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos» y él responde: «Yo les digo que, si éstos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,39-40).

Hacer callar a los jóvenes es una tentación que siempre ha existido. Los mismos fariseos increpan a Jesús y le piden que los calme y silencie.

Hay muchas formas de silenciar y de volver invisibles a los jóvenes. Muchas formas de anestesiarlos y adormecerlos para que no hagan «ruido», para que no se pregunten y cuestionen. «¡Estad callados!». Hay muchas formas de tranquilizarlos para que no se involucren y sus sueños pierdan vuelo y se vuelvan ensoñaciones rastreras, pequeñas, tristes.

En este Domingo de ramos, festejando la Jornada Mundial de la Juventud, nos hace bien escuchar la respuesta de Jesús a los fariseos de ayer y de todos los tiempos, también a los de hoy: «Si ellos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,40).

Queridos jóvenes: Está en ustedes la decisión de gritar, está en ustedes decidirse por el Hosanna del domingo para no caer en el «crucifícalo» del viernes… Y está en ustedes no quedarse callados. Si los demás callan, si nosotros los mayores y responsables los dirigentes ―Tantas veces corruptos― callamos, si el mundo calla y pierde alegría, les pregunto: ¿Ustedes gritarán?

Por favor, decídanse antes de que griten las piedras.

_________________________

[1] Cf. R. Guardini, El Señor, 383.
[2] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 94.


Ángelus | María camina con nosotros y guía a las nuevas generaciones en su peregrinaje de fe

obcastrensearg_papa auto foto con jóvenesÁngelus | María camina con nosotros y guía a las nuevas generaciones en su peregrinaje de fe, lo dijo el Santo Padre al final del Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor. Antes de la oración como es costumbre de nuestro Papa se acercó a los jóvenes reunidos para estrechar su calidez y acercamiento, donde no faltaron las fotos y recuerdos digitales.

Estas son las palabras del Santo Padre al presentar la oración Mariana:

Antes del Ángelus

[Antes del Ángelus, el Santo Padre saluda a los representantes de los jóvenes que participaron en la reunión pre-sinodal, quienes le piden que haga una "selfie" con él.]

 

Has visto: hoy no puedes concebir a un joven que no haga una “selfie”… y lo hicieron. ¡Estaban bien!

Antes de concluir esta celebración, deseo saludar a todos ustedes, romanos y peregrinos, que han participado, especialmente a los jóvenes de diferentes partes del mundo, incluso los que – unos 15.000 – a la que asistieron virtualmente conectados: ¡Saludos a todos! Pensando agradecidamente en mi reciente viaje a Perú, saludo con afecto a la comunidad peruana presente en Italia.

Día mundial de la juventud de hoy, que tiene lugar a nivel de Iglesia, es un hito importante en el camino hacia el Sínodo de los Obispos sobre la gente joven, la fe y el discernimiento en el próximo mes de octubre, así como en el camino de preparación para el Día Internacional, que tendrá lugar en Panamá en enero de 2019. En este itinerario, el ejemplo y la intercesión de María, la joven de Nazaret a quien Dios ha elegido como la Madre de su Hijo, nos acompaña. Ella camina con nosotros y guía a las nuevas generaciones en su peregrinaje de fe y fraternidad.

Que María nos ayude a todos a vivir bien la Semana Santa. De ella aprendemos el silencio interior, la mirada del corazón, la fe amorosa para seguir a Jesús en el camino de la cruz, que conduce a la luz gozosa de la Resurrección.

Y antes de recitar el Ángelus, me gustaría dar las gracias al Cardenal Baldisseri, a Mons. Fabene, a toda la Secretaría del Sínodo y a todos los colaboradores que han ayudado mucho esta semana: ¡muchas gracias!

Ángelus Domingo…


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