obcastrensearg_jesús rumbo a jerusalénEn esta Semana Santa, qué personaje serás, la pregunta y reflexión le pertenece al Capellán de Gendarmería, Padre Marcelo Szyszkowsky, apostado en la ciudad de Oberá, Misiones. Nuestro Capellán nos recuerda el Evangelio de este fin de semana, el del 24 de Marzo, en el día Nacional de La Memoria, Verdad y Justicia, y también el del 25 de marzo, Jornada Mundial del Día del Niño por Nacer y Solemnidad de la anunciación del Señor, la cual se traslada al 9 de abril.

El Padre Marcelo Szyszkowsky recomienda leer el Evangelio según San Marcos, en especial Marcos XI, del I al X, de allí hace nos pone en tiempo y forma, mostrando a cada uno de los personajes de aquella época, para que elijamos decidamos quién ser.

A continuación, compartimos el mensaje del Capellán de Gendarmería, Padre Marcelo Szyszkowsky:

 

Dice el Santo Evangelio según San Marcos:

1 Y cuando estaban cerca de Jerusalén, de Betfagé y de Betania, junto al monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos,

2 y les dijo: Id a la aldea que está delante de vosotros y, al entrar en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo.

3 Y si alguien os dice: ¿Por qué hacéis eso?, decid que el Señor lo necesita; y enseguida lo enviará acá.

4 Y fueron y hallaron el pollino atado afuera, a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron.

5 Y algunos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el asno?

6 Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado, y los dejaron ir.

 

Entonces le llevaron el asno pusieron su manto sobre él y Jesús se montó, muchos extendían sus mantos sobre el camino, otros los cubrían con ramas que encontraban en el camino, los que iban delante y los que seguían a Jesús gritaban, Hosanna bendito el que viene en nombre del señor, bendito sea el rey que ya viene, el rey de nuestro padre David, Hosanna en las alturas. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. Gracias Jesús por tu amor por tu amor por tu misericordia, danos la gracia de conocerte, de amarte y de seguirte.

Este fin de semana recordamos, Jesús entra a Jerusalén, para llevar a su pleno cumplimiento la misión que el padre le había encomendado, no como conquistador lleno de armas, ni con ropaje de gala porque su realeza no es de aquí, sino, montado en un asno trayendo la paz. Eliminando toda idea de dominación, de violencia, de mal, viene por el lado del servicio, del amor, servir de la entrega de sí, de la humildad, la sencillez, que gran Rey tenemos (…).

Que no ha venido a ser  servido, sino a servir, a dar su vida en rescate por una multitud y esta misma multitud, que lo recibe con jolgorio, con alegría, con aclamaciones a Jesús, el rey, va a ser la misma que lo va abandonar y que va a pedir y clamar por su muerte. Ojalá, que también nosotros podamos adentrarnos en esta Semana Santa, con plena confianza para acompañar a Jesús, para adentrarnos en sus sentimientos, en sus pensamientos, en su dolor, en su aflicción, en su agonía, en su esperanza, en su entrega para adentrarnos en su experiencia y en su corazón.

Sabiendo que cada uno de representa a un personaje de la Semana Santa, dicho esto,  te pregunto, a qué personaje de la Semana Santa te pareces. Qué personaje estás encarnando, serás María que unge los pies del Señor con nardo puro, serás tal vez Pilato, que hizo traer agua para lavarse las manos de la sangre inocente.

Serás Judas, que prefiere vender su amistad y su dignidad por unas monedas pedorras, serás Pedro que niega y  lo abandona y se llena de miedo frente a la pregunta de una sirvienta. O serás como María, que ni siquiera tuvo miedo al ejército de Herodes, que la perseguía para matar a todos los niños que habían nacido en Nazaret y también se animó a estar al costado de la cruz junto al discípulo amado, junto a María Magdalena, María mujer de Cleofás.

¿A quién te pareces (…)? O serás, como los otros discípulos, que cuando hay honores, fama, prestigios, cuando todo va bien, sí (…), soy católico, soy re cristiano, cuando hay milagros, cuando hay fiesta.  Pero, cuando hay que sudar la camiseta, ponerse a servir, hay que poner el pecho el hombro y la vida se borran como los discípulos.

O serás que te pareces a la multitud, que guiada por la opinión pública y la opinión de los poderosos, se deja llevar y piden la muerte de los inocentes y quiere espectáculos, quieren ver masacre y el único que le importa. O te pareces a los soldados, que golpean castigan, cumpliendo ciegamente las leyes sin importar quien sufre,  he inclusive al pie de la cruz mientras Jesús estaba muriendo y agonizando, se sortean su túnica.

¿Vas a pasar de timba apostando el jueves y el viernes Santo? ¿A quién te pareces? ¿O te vas a parecer a los fariseos, a los sumos sacerdotes, que creyendo que conocen la voluntad de Dios piden la muerte de su Mesías? ¿O te pareces al cirineo, que ayudo a cargar la cruz, que se acerca ante el dolor del prójimo y aún sin comprender, ayuda ante el dolor, ante el peso de la cruz?

¿O serás como José de Arimatea, que pide el cuerpo de Jesús para embalsamarlo y enterrarlo, o serás como las otras mujeres que van presurosas a llevar los perfumes? ¿O serás como las otras mujeres que lloran, se quejan, reclaman pero no hacen nada al borde del camino?

¡Qué bueno preguntarnos al entrar en la Semana Santa en esto! Porque, a quien representes en tu vida real, a quien te parezcas en la Semana Santa, también te vas a parecer en el tiempo de Pascua. La Semana Santa, de alguna manera resume todo lo más hermoso y noble de la creación, el amor más grande, el perdón, la misericordia, la fidelidad, el encuentro, el servicio más profundo, la verdadera autoridad, la fe en Dios.

Pero, también en la misma Semana Santa, vemos la traición de los amigos, el dolor, el sufrimiento, las penas, las coimas, la corrupción, las mentiras, los engaños y el abandono, los látigos, los golpes, la violencia, el mal, el pecado de la sangre y la muerte humana. En el fondo, la Semana Santa es nuestra vida real entre sudores y lágrimas, entre alegrías y esperanzas.  Ánimo, cuídate, Dios te cuida.

Un fuerte abrazo y bendiciones en el nombre del Padre del Hijo y del espíritu Santo. Amén.

Y (…), acuérdate que, la vida vale.-