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No tengo dudas que Dios me pide esta nueva responsabilidad a través de la voluntad del Obispo

Pilar | Llega al final el 28° Encuentro General del Clero Castrense Argentino

obcastrensearg_encuentro gral clero castrense arg 00Pilar | Llega al final el 28° Encuentro General del Clero Castrense Argentino, luego de haber convido en fraternidad durante cuatro días, los Capellanes inician el retorno a sus capellanías, repartidas en todo el país, pertenecientes a las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Seguridad Nacional. El Obispo Castrense de Argentina, Mons. Santiago Olivera, lograba así encontrarse con ellos, los pastores de la primera línea de su Diócesis, aquellos que trabajan y asisten a los fieles del ámbito castrense.

Todo sucedía, a 60 kilómetros de CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), en la localidad de Pilar, provincia de Buenos Aires, en la Casa de retiros, “El Cenáculo”, donde inclusive el clima fue muy contemplativo, regalando jornadas casi veraniegas. Allí, los capellanes, pudieron disfrutar de la tranquilidad, de la oxigenación no solo de los pulmones, sino del reverdecer de las convicciones y el compromiso de la esperanza en el Señor.

Hubo tiempo para, la charla, el intercambio, el estudio, la reflexión, la oración y muy especialmente, pudieron encontrarse todos con su pastor y Obispo, que como un Padre, se acercó a cada uno de ellos, para escucharlos, atender sus observaciones y reconfirmar así todos la fe en Dios y esta gran misión que despliegan en el ámbito del Clero Castrense. Las imágenes lo dicen casi todo, sus rostros iluminan esa llama viva de la esperanza, la fuerza enriquecida de haberse reunidos todos, de escuchar y ser escuchados, vuelven ahora con la energía de avanzar plenamente.

El trabajo en equipos, sirvió para el intercambio entre los Capellanes de las distintas Fuerzas Armadas y Fuerzas de Seguridad Nacional, donde combinando opiniones, debatiendo arribaron a conclusiones que sirven sin dudas para tender esos puentes de unión. Resulta emocionante verlos reunidos todos en oración, en Santa Misa, en las caminatas, donde cada uno de ellos vibra en su corazón de religioso, elevando esas intenciones y pidiendo la intersección de Dios Padre para que ilumine siempre el camino de la fe.

Por su parte nuestro Obispo Castrense de Argentina, Mons. Santiago Olivera, minutos antes de concluir el evento pudo dialogar con nuestra redacción, donde nos manifestó, estoy muy contento y satisfecho por el encuentro en sí mismo. Valoro profundamente la acción de habernos encontrados todos, han asistido todos los capellanes del país,  eso es una gran riqueza por donde se lo examine. Para mí, poder conocerlos (a los Capellanes) es un gran honor, es el primero de los Encuentros del Clero Castrense Argentino que me toca presidir como Obispo Castrense. El mismo fue desarrollado en este estilo sinodal, quise escucharlos, conocerlo mirarlos y pensar juntos esta renovada evangelización para nuestro ministerio nuestro servicio.

Es tiempo de volver a la bases, a casa, al norte, al sur, al este y al oeste, sin dejar de pensar en nuestros capellanes que se encuentran prestando servicio con los Cascos Azules y quienes están navegando en el ARA Libertad, en el ARA Irizar y en la Base Antártica Argentina. Es el momento de elevar los brazos al cielo, para implorar la bendición de Dios, y para que su Madre, la Santísima Virgen los cubra con su manto sagrado y los ilumine, siempre.-


Papa Francisco | Pide disculpas a las víctimas de abusos sexuales de Chile

obcastrensearg_papa oraPapa Francisco | Pide disculpas a las víctimas de abusos sexuales de Chile, la carta que se conoció ayer, fue firmada por el Santo Padre el 8 de abril del corriente, donde después de analizar el minucioso informe presentado por el enviado Papal, Mons. Charles Scicluna. En la misiva, el Santo Padre Francisco señala, creo poder afirmar que todos los testimonios recogidos en ellas hablan de un modo descarnado, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza.

Profundizando mucho más, confiesa que ha, incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada. 

A continuación la carta completa: 

 

A los Señores Obispos de Chile.

Queridos hermanos en el episcopado:

La recepción durante la semana pasada de los últimos documentos que completan el informe que me entregaron mis dos enviados especiales a Chile el 20 de marzo de 2018, con un total de más de 2.300 folios, me mueve a escribirles esta carta. Les aseguro mi oración y quiero compartir con Ustedes la convicción de que las dificultades presentes son también una ocasión para restablecer la confianza en la Iglesia, confianza rota por nuestros errores y pecados y para sanar unas heridas que no dejan de sangrar en el conjunto de la sociedad chilena.

Sin la fe y sin la oración, la fraternidad es imposible. Por ello, en este 2º domingo de Pascua, en el día de la misericordia, les ofrezco esta reflexión con el deseo de que cada uno de Ustedes me acompañe en el itinerario interior que estoy recorriendo en las últimas semanas, a fin de que sea el Espíritu quien nos guíe con su don y no nuestros intereses o, peor aún, nuestro orgullo herido.

A veces cuando tales males nos arrugan el alma y nos arrojan al mundo flojos, asustados y abroquelados en nuestros cómodos “palacios de invierno”, el amor de Dios sale a nuestro encuentro y purifica nuestras intenciones para amar como hombres libres, maduros y críticos. Cuando los medios de comunicación nos avergüenzan presentando una Iglesia casi siempre en novilunio, privada de la luz del Sol de justicia (S. Ambrosio, Hexameron IV, 8, 32) y tenemos la tentación de dudar de la victoria pascual del Resucitado, creo que como Santo Tomás no debemos temer la duda (Jn 20, 25), sino temer la pretensión de querer ver sin fiarnos del testimonio de aquellos que escucharon de los labios del Señor la promesa más hermosa (Mt 28, 20).

Hoy les quiero hablar no de seguridades, sino de lo único que el Señor nos ofrece experimentar cada día: la alegría, la paz el perdón de nuestros pecados y la acción de Su gracia.

Al respecto, quiero manifestar mi gratitud a S.E. Mons. Charles Scicluna, Arzobispo de Malta, y al Rev. Jordi Bertomeu Farnós, oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe, por su ingente labor de escucha serena y empática de los 64 testimonios que recogieron recientemente tanto en Nueva York como en Santiago de Chile. Les envié a escuchar desde el corazón y con humildad. Posteriormente, cuando me entregaron el informe y, en particular, su valoración jurídica y pastoral de la información recogida, reconocieron ante mí haberse sentido abrumados por el dolor de tantas víctimas de graves abusos de conciencia y de poder y, en particular, de los abusos sexuales cometidos por diversos consagrados de vuestro País contra menores de edad, aquellos a los que se les negó a destiempo e incluso les robaron la inocencia.

El mismo más sentido y cordial agradecimiento lo debemos expresar como pastores a los que con honestidad, valentía y sentido de Iglesia solicitaron un encuentro con mis enviados y les mostraron las heridas de su alma. Mons. Scicluna y el Rev. Bertomeu me han referido cómo algunos obispos, sacerdotes, diáconos, laicos y laicas de Santiago y Osorno acudieron a la parroquia Holy Name de Nueva York o a la sede de Sotero Sanz, en Providencia, con una madurez, respeto y amabilidad que sobrecogían.

Por otra parte, los días posteriores a dicha misión especial han sido testigos de otro hecho meritorio que deberíamos tener bien presente para otras ocasiones, pues no solo se ha mantenido el clima de confidencialidad alcanzado durante la Visita, sino que en ningún momento se ha cedido a la tentación de convertir esta delicada misión en un circo mediático. Al respecto, quiero agradecer a las diferentes organizaciones y medios de comunicación su profesionalidad al tratar este caso tan delicado, respetando el derecho de los ciudadanos a la información y la buena fama de los declarantes.

Ahora, tras una lectura pausada de las actas de dicha “misión especial”, creo poder afirmar que todos los testimonios recogidos en ellas hablan en modo descarnado, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza.

Teniendo en cuenta todo esto les escribo a Ustedes, reunidos en la 115ª asamblea plenaria, para solicitar humildemente Vuestra colaboración y asistencia en el discernimiento de las medidas que a corto, medio y largo plazo deberán ser adoptadas para restablecer la comunión eclesial en Chile, con el objetivo de reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia.

Pienso convocarlos a Roma para dialogar sobre las conclusiones de la mencionada visita y mis conclusiones. He pensado en dicho encuentro como en un momento fraternal, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, con el solo objetivo de hacer resplandecer la verdad en nuestras vidas. Sobre la fecha encomiendo al Secretario de la Conferencia Episcopal hacerme llegar las posibilidades.

En lo que me toca, reconozco y así quiero que lo transmitan fielmente, que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada. Ya desde ahora pido perdón a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo personalmente, en las próximas semanas, en las reuniones que tendré con representantes de las personas entrevistadas.

Permaneced en mí (Jn 15,4): estas palabras del Señor resuenan una y otra vez en estos días. Hablan de relaciones personales, de comunión, de fraternidad que atrae y convoca. Unidos a Cristo como los sarmientos a la vid, los invito a injertar en vuestra oración de los próximos días una magnanimidad que nos prepare para el mencionado encuentro y que luego permita traducir en hechos concretos lo que habremos reflexionado. Quizás incluso también sería oportuno poner a la Iglesia de Chile en estado de oración. Ahora más que nunca no podemos volver a caer en la tentación de la verborrea o de quedarnos en los “universales”. Estos días, miremos a Cristo. Miremos su vida y sus gestos, especialmente cuando se muestra compasivo y misericordioso con los que han errado. Amemos en la verdad, pidamos la sabiduría del corazón y dejémonos convertir.

A la espera de Vuestras noticias y rogando a S.E. Mons. Santiago Silva Retamales, Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, que publique la presente con la mayor celeridad posible, les imparto mi bendición y les pido por favor que no dejen de rezar por mí.

Vaticano, 8 de abril de 2018


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