obcastrensearg_papa aula pablo viPapa Francisco | La verdadera medida del progreso, es lo que apunta al bien de cada hombre y de todo ser humano, la cita le corresponde a Pablo VI, y fue recordada por el Santo Padre en la mañana de hoy, en el Aula Pablo VI. Fue en la audiencia que mantuvo junto a los participantes en la IV Conferencia Internacional sobre Medicina Regenerativa promovida por el Pontificio Consejo para la Cultura, en colaboración con la Fundación Cura, STOQ y Fundación Stem for Life , que se lleva a cabo en el Vaticano del 26 al 28 de abril sobre el tema: “unidos por el corazón: una iniciativa global de atención médica”.

En la reunión, Papa Francisco recordó, si bien la Iglesia elogia todos los esfuerzos de investigación y aplicación dirigida al cuidado de personas que sufren, también recuerda que uno de los principios fundamentales es que “no todo lo que es técnicamente posible o factible es éticamente aceptable por esa razón”. Agregando, la ciencia, como cualquier otra actividad humana, sabe que tiene límites que se deben respetar por el bien de la humanidad misma, y ​​necesita un sentido de responsabilidad ética.

Además, Su Santidad Francisco expuso que, si queremos preparar el futuro asegurando el bien de cada persona humana, debemos actuar con mayor sensibilidad cuanto más poderosos se vuelvan los medios a nuestra disposición. Casi en el final, se refirió a esta labor científica y el futuro, observando que, pensar en el futuro significa, por lo tanto, embarcarse en un itinerario marcado por un movimiento dual.

A continuación transcribimos la interpretación del italiano al castellano del Discurso brindado por Papa Francisco:

Queridos amigos, ¡buenos días!

 Les extiendo una cordial bienvenida a todos ustedes. Agradezco al Cardenal Ravasi las palabras que me ha dirigido y por promover esta iniciativa. Ofrece una gama de temas que van más allá de una reflexión teórica e indican un itinerario a seguir.

Cuando veo a representantes de diferentes culturas, sociedades y religiones unir fuerzas, emprendiendo un camino común de reflexión y compromiso con los que sufren, me regocijo porque la persona humana es un punto de encuentro y un “lugar” de unidad. De hecho, frente al problema del sufrimiento humano, es necesario saber cómo crear sinergias entre personas e instituciones, incluso superando prejuicios, para cultivar el cuidado y el esfuerzo de todos a favor de la persona enferma.

Agradezco a todos aquellos que, en este compromiso del Consejo Pontificio para la Cultura y las instituciones involucradas en él -la Fundación Vaticana de Ciencia y Fe-STOQ, la Fundación CURA y la Fundación Stem for Life- quisieron ofrecer su contribución. De manera especial agradezco a los diferentes Dicasterios de la Santa Sede que han colaborado en este proyecto: la Secretaría de Estado – Sección de Relaciones con los Estados, la Academia Pontificia para la Vida, la Academia Pontificia de las Ciencias y la Secretaría de Comunicación.

El curso de esta Conferencia se resume en cuatro verbos: prevenir, reparar, tratar y preparar el futuro. Sobre estos me gustaría reflexionar brevemente.

Somos cada vez más conscientes del hecho de que muchos males podrían evitarse si se presta más atención al estilo de vida que tomamos y la cultura que promovemos. La prevención significa mirar al futuro al ser humano y al entorno en el que vive. Significa pensar en una cultura de equilibrio en la que todos los factores esenciales (educación, actividad física, dieta, protección del medio ambiente, observancia de los “códigos de salud” derivados de prácticas religiosas, diagnósticos tempranos y específicos, entre otros) puedan ayudarnos a vivir mejor y con menos riesgos para la salud.

Esto es especialmente importante cuando pensamos en niños y jóvenes, que están cada vez más expuestos a los riesgos de enfermedades vinculadas a los cambios radicales de la civilización moderna. Basta con reflexionar sobre el impacto que el humo, el alcohol o las sustancias tóxicas liberadas en el aire, el agua y el suelo tienen sobre la salud humana (véase la Carta Encíclica Laudato si ‘, 20). Un alto porcentaje de cánceres y otros problemas de salud en adultos se pueden prevenir a través de medidas preventivas tomadas durante la infancia. Esto, sin embargo, requiere una acción global y constante que no se puede delegar en instituciones sociales y gubernamentales, pero exige el compromiso de cada una. Por lo tanto, la necesidad de difundir una mayor sensibilidad entre todos para una cultura de prevención como un primer paso hacia la protección de la salud es urgente.

 

También debemos destacar con gran satisfacción el gran esfuerzo de la investigación científica destinada al descubrimiento y la difusión de nuevos tratamientos, especialmente cuando tocan el delicado problema de enfermedades raras, autoinmunes, neurodegenerativas y muchas otras. En los últimos años, el progreso en la investigación celular y en el campo de la medicina regenerativa nos ha permitido alcanzar nuevas metas en técnicas de reparación de tejidos y terapias experimentales, abriendo un capítulo importante en el progreso científico y humano que se ha incluido en su conferencia de dos días, términos: reparación y cura. Cuanto mayor sea nuestro compromiso con la investigación, tanto más estos dos aspectos se volverán relevantes y efectivos, permitiéndonos responder de una manera más adecuada, incisiva e incluso más personalizada a las necesidades de las personas enfermas.

La ciencia es un medio poderoso para comprender mejor tanto la naturaleza que nos rodea como la salud humana. Nuestro conocimiento progresa y con él se incrementan los medios y las tecnologías más refinadas, lo que permite no solo observar la estructura más íntima de los organismos vivos, incluidos los humanos, sino incluso actuar de manera tan profunda y precisa que incluso el modificación de nuestro propio ADN En este contexto, es esencial que aumentemos nuestra conciencia de la responsabilidad ética hacia la humanidad y el medioambiente en el que vivimos. Si bien la Iglesia elogia todos los esfuerzos de investigación y aplicación dirigidos al cuidado de personas que sufren, también recuerda que uno de los principios fundamentales es que “no todo lo que es técnicamente posible o factible es éticamente aceptable por esa razón”. La ciencia, como cualquier otra actividad humana, sabe que tiene límites que se deben respetar por el bien de la humanidad misma, y ​​necesita un sentido de responsabilidad ética. La verdadera medida del progreso, como lo recordó el Beato Pablo VI, es lo que apunta al bien de cada hombre y de todo ser humano (véase Lett. Enc. Populorum progressio, 14).

Si queremos preparar el futuro asegurando el bien de cada persona humana, debemos actuar con mayor sensibilidad cuanto más poderosos se vuelvan los medios a nuestra disposición. Esta es nuestra responsabilidad entre nosotros y con todos los seres vivos. De hecho, debemos reflexionar sobre la salud humana en un contexto más amplio, considerándola no solo en relación con la investigación científica, sino también nuestra capacidad de preservar y proteger el medio ambiente y la necesidad de pensar en todos, especialmente en aquellos que experimenta dificultades sociales y culturales que hacen que el estado de salud y el acceso a la atención sean precarios.

Pensar en el futuro significa, por lo tanto, embarcarse en un itinerario marcado por un movimiento dual. El primero, anclado a una reflexión interdisciplinaria abierta que involucra a muchos expertos e instituciones y permite un intercambio mutuo de conocimiento; el segundo, que consiste en acciones concretas a favor de los que sufren. Ambos movimientos requieren la convergencia de esfuerzos e ideas capaces de involucrar a representantes de diversas comunidades: científicos y médicos, pacientes, familias, académicos de ética y cultura, líderes religiosos, filántropos, representantes de gobiernos y el mundo de los negocios. Estoy particularmente feliz de que este proceso ya esté en marcha, y que esta iniciativa idealmente une a muchos para el bien de todos.

Los animo, por lo tanto, a cultivar con valentía y determinación los ideales que los han reunido y que ya pertenecen a su itinerario académico y cultural. Te acompaño y te bendigo; y te pido, por favor, que ore por mí también.

Gracias!