obcastrensearg_capellán pablo sebastián vilca garcía 00Fragata ARA Libertad | De Tartagal al mar profundo, historia de un Marino Capellán, hablamos del Presbítero, Pablo Sebastián, Vilca García, quién nació en Salta, en 1979, un 4 de octubre. Actualmente integra la dotación, que el 17 de marzo último, iniciaba el viaje de instrucción 47°, de la Fragata ARA Libertad, a quien, el Poder Ejecutivo Nacional, por decreto presidencial 727/2001 la nombraba nave Embajadora de la República Argentina.

Del caluroso y agreste Chaco Salteño, al viento frío del océano, así de pendular, es el cambio geográfico del Capellán, Vilca García, donde hoy su horizonte lo ve en 360 grados, teñido de azules profundos, buscando el puerto de un nuevo arribo, una nueva partida, para continuar el derrotero de esta travesía que lo tendrá por casi 8 meses surcando los mares. El Padre Pablo Sebastián, es Sacerdote del Obispado Castrense de Argentina, desde el 7 de julio del año 2007, en esa fecha, fue ordenado como Capellán Castrense.

Mientras la Embajadora de la República, ARA Libertad avanza en su nueva travesía, quisimos ahondar en la vida de este hombre de la Diócesis Castrense, por eso le preguntamos, cómo nació su vacación religiosa. Nos cuenta orgulloso, desde la proa del la nave donde nos recibe, soy parte de un misterio del amor de Dios, y creo que, la instrucción recibida desde mi hogar, el amor, el respeto por las cosas sagradas, pero muy especialmente creo, la ferviente devoción de mi madre, fue llenando mi corazón desde pequeño.

Esa profunda fe de su madre, marcó la joven vida de nuestro Capellán, ampliando ese sentimiento nos confiesa, siguiendo las costumbres también de mi casa, de la oración diaria, una profunda devoción al Señor y la Virgen del Milagro, quienes son los patronos de la ciudad de Salta, creo que eso de algún modo, fue impregnando mi alma y mi fe. A medida que fueron pasando los años de mi infancia, transité la adolescencia, y también allí, continué arraigado a la fe, ahí fue tomando forma de un llamado, de una convocatoria específica y también un deseo, de servir al Señor en los demás.

En este punto, el Padre Vilca García toma un descanso, y casi como buscando en ese mar que le regala la vista desde el buque, buscando quizás en la inmensidad marina su Tartagal natal, decide bucear mucho más sobre nuestra consulta. Bueno (…), uno cuando es joven tal vez quiere ser muchas cosas, astronauta, policía, bombero y (…), entre tantas cosas, creo yo, que ya de a poquito, fueron apeteciéndome mis gustos, mis deseos de profundizar el camino de la fe.

Como un símbolo de seguridad, como un faro en medio de las tinieblas que anuncia la costa al barco, el Capellán exclama, nunca se apagó mi deseo de ser sacerdote, jamás se extinguió en mi vida de niño, ni de adolescente la inestimable vocación del sacerdocio. Qué bueno que así haya sido, que bendición fue, fue tan fuerte, que finalmente se impuso por sobre todo lo otro (…), así fue que comencé a seguir los pasos del Señor Jesús, en mi juventud hasta que llegó el momento de entrar en el seminario, finalizado mis estudios secundarios a los 18 años.

Pese a ello, el Padre se preocupa porque no quede ninguna duda, que en realidad, hay alguien muy especial en su determinación y vocación de ser religioso, dice al respecto, (…) y bueno, el Señor me fue acompañando, me fue moldeando en mi discipulado, hasta que finalmente, el año 2007 fue el gran año y el gran día, el 7 de Julio, donde recibí el orden sagrado (…), pero particularmente creo, que soy, el eco del corazón generoso de mi mamá.

Una confesión muy amorosa y que lo liga muy profundamente con su madre, el Padre Pablo Sebastián, Vilca García, es el hijo menor de dos hijos, su hermano mayor, actualmente vive en la provincia de Corrientes y sus padres continúan en su amada provincia de Salta. En la familia Vilca García se respira fe, una ferviente oración que fue sin dudas la génesis, no solo de la fe cristiana sino del amor permanente de familia, tanto maternal como paternal.

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Volviendo a su labor pastoral, preguntamos al Padre Vilca, cuáles fueron sus destinos, estuve en Puerto Belgrano, y dentro de la Base Naval, he transitado por varios lugares, el primer destino mío fue, la de sede de Suboficiales de la Armada. Fui solidario también con la Parroquia Stella Maris a modo de Vicario, de segundo cura, acompañando a los Padres. Mi último destino Pastoral, antes de la Fragata Libertad, es el Comando de la Flota del Mar, del cual todavía pertenezco administrativamente, siendo este viaje, el de la Fragata Libertad, una comisión pastoral.

Volviendo a la Fragata Libertad, quisimos saber, cómo se enteró que sería parte de la tripulación, me enteré desde luego por mano del Señor Obispo Castrense, Mons. Santiago Olivera, fue en una oportunidad, cuando cada capellán se presentaba ante él y le comentábamos lo que hacíamos en lo pastoral. Fue en la propia sede del Obispado Castrense, allí nuestro Obispo, me dio esta inesperable noticia, fue sorprendente, la recibí cargado de alegría, lleno de emoción y revestida de una gran responsabilidad por la confianza depositada del Señor Obispo en mi persona.

Entonces, ya embarcado, nuestra pregunta fue, cuál es su misión a bordo, esta encomienda Pastoral, en esta comisión Pastoral es tan importan, la misma se lleva a cabo año tras años de manera ininterrumpida en el ámbito de la Armada y el Capellán Castrense es considerado parte de la tripulación permanente de la Fragata Libertad.  Ampliando, señala, ocupamos un lugar y un rol específico, éste es, la atención espiritual y la contención de todos los que son destinados a la Fragata Libertad mientras dure el viaje de instrucción.

El trabajo es sin duda muy profundo el de nuestro Capellán, por eso quisimos que nos cuente, cómo lo calificaría considerando su amplia experiencia en ámbito Castrense. Es una experiencia más que agradable y también cargada de sorpresas, lo digo así, porque de algún modo, se actualiza ese: “Ven y sígueme, de Jesús”, lo hacemos en el modo tan particular que tiene la Pastoral Castrense, de servir y acompañar, sobre todo a nuestros hermanos militares a donde son destinados.

Para el Capellán Pablo Vilca García, la vocación militar y la vocación cristiana ciertamente van de la mano, porque tanto una como la otra, abrazan el sacrificio como el modo de vida, el desprendimiento de la vida común, de la vida sencilla, son también ellos los llamados y los consignados para servir a la patria por encima de un bien común. Por su parte, el sacerdote ciertamente es un guía, pues acompaña en la vida tan particular de nuestros hermanos.

No es la primera vez que nuestro Capellán está fuera del país en labor pastoral, cabe recordar, que fue Capellán Castrense de Cascos Azules en el período 2013- 2014 en la República de Haití. Esta experiencia fue muy importante en su vida y en su misión sacerdotal, también fue Capellán de Cascos Azules del contingente Argentino en Chipre en el ciclo 2016- 2017.

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Sin dudas, cada misión es ampliamente distinta, por tal motivo, preguntamos, cómo califica esta nueva tarea misionera, esta es una experiencia nueva en todos los sentidos y cargada de connotaciones particulares, lo digo porque, uno va entrando tal vez en una contemplación mística, es como un ejercicio de contemplación tal vez, es un poco como recibir la compañía del Señor en La Barca. Es en cierto sentido es ciento por ciento real, no es simbólica, sino realmente el navegar Mar adentro, el Duc in altum (remar mar adentro), creo que, el capellán que acompaña la Fragata Libertad, lo puede vivir de un modo más personal, más humano.

Sin dudas, nuestro Capellán tiene una gran empatía con la Armada Argentina, un dato que analizado con su origen, el norte de nuestro país, imaginamos que son vidas completamente distintas, en ese punto preguntamos, cómo es la vida en esa fuerza. El Padre Pablo señaló, la vida naval tiene sus particularidades muy importantes, iniciando por ejemplo en el proceso de la emoción de la zarpada, de soltar amarras rumbo a la mar.

Si bien, es a mi entender, la ilustración misma de lo que tal vez el capellán y los militares viven día a día, cuando nos marchamos del hogar rumbo a la misión del trabajó, en mi caso dirigirme día a día a la capellanía, creo que es muy especial, tal vez no lo podría describir con palabras, porque es una vivencia íntima, donde los sentimientos gobiernan. El ver que del otro lado, hay familias y corazones que se van con uno en algún modo, no se van en el recuerdo, se van en el pensamiento, viajan con nosotros y también en nuestro interior, navegan con uno en el deseo de un pronto regreso.

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Pero para el Capellán, la vida naval tiene un ingrediente extra, dice Pablo Vilca García, creo que la vida naval en sí misma, tiene muchas connotaciones, siendo directo, dijo, nos podemos adentrar en la vida personal. El hecho de estar navegando, de estar en el mar, nos permite usar como un alimento diario de meditación por el mismo evangelio, está cargada de ese salir, salir a surcar las aguas en compañía del Señor Jesús que le gustaba subirse a la barca de sus discípulos.

Profundizando más su concepto, nos relató, creo yo que, a sabiendas de lo que significa la vida del marino, la vida naval y desde luego donde se viven momentos de desierto, de entrega, de abandono en la inmensidad y en la soledad del mar, es ahí donde surge pedir al mar, ayúdame a desintoxicar la mente, desintoxicar el corazón y a quedarnos con lo que realmente vale la pena. De algún modo aún en el mar, uno en su corazón, tiene presente a la familia, lo que deja en mi caso estar en el ámbito marino, por ejemplo, como sacerdote, es la continua razón de saber de que uno acompaña al Señor y trata de compartir esas soledades de los hermanos que se adentran al mar y abrigan desde luego la esperanza de ese pronto reencuentro.

Dicho esto, entonces, se podría uno imaginar, que la fe y el navegar, o la vida del marino, tienen en sí, un nexo en común o no, el Padre Vilca García afirmó, yo creo que, si uno hace una pintura, tal vez por decirlo romántica, novelesca de lo que es la vida de fe, es en sí, un poco soltar amarras, dejarse llevar por el Señor y caminar con fe aún en medio de las inmensidades y soledades. El mar parece ser siempre el mismo, pero uno va encontrando distintos mares en la vida, mares calmos, más violentos y mares amenazantes y creo que la vida de fe, son un tanto similar a lo que es, la vocación naval, la vocación del marino.

Virando nuestro timón de incógnitas y apelando al título de la Fragata Libertad, como Embajadora de la República, cada uno de los tripulantes son parte de nuestra tierra navegando por el mundo, al menos nosotros lo vemos así, nos gustaría saber, cómo lo ve usted Capellán. Yo creo que todos de algún modo somos conscientes de la gran responsabilidad qué significa ser miembro de la Fragata Libertad, por tal motivo, es de resaltar que todas las labores se hacen con calidad, se esmeran de la mejor manera, acá es, donde se pude apreciar en cada rincón de la Fragata, que está cargado de entusiasmo, del deseo de hacer una buena misión, porque bueno es de algún modo la vidriera de nuestra patria, de nuestra de nuestra sociedad.

Para el Capellán Pablo Vilca García, la Fragata Libertad, encierra una muestra de nuestra sociedad también, no todos son cristianos, no todos son católicos, pero sin embargo todos son marinos, yo diría igualmente, todos somos hijos de Dios. Por tal motivo, estimo que cada uno, desde el lugar que ocupa y desde las convicciones que practica o conserva en su vida, trata de hacer lo mejor, entonces es imposible encontrar en la Fragata Libertad, actos públicos de indisciplina.

El corazón, es un misterio desde luego, pero creo que cada uno de los que están embarcados en la Fragata Libertad, se hacen eco de una convicción personal y también institucional, el trabajo bien hecho a decir del tecnicismo naval, “Bravo Zulú” (Bien hecho; Misión Cumplida), creo que ese, es el objetivo permanente.

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Ya casi en el final de nuestra nota, quisimos ahondar desde la fe, cómo se vive a bordo, cómo podría definir a la Fragata según la convicción de un Capellán Castrense. Si tengo que utilizar un paralelismo, buscando una comparación, creo que la Fragata es una gran Parroquia, una gran parroquia en la que hay fieles que se distinguen por algo, se caracterizan por algo. Es la Parroquia que navega a lo largo de 8 meses, por distintos mares, por distintos países, una Parroquia que en ocasiones estará, cargada de fervor, otras veces, necesitará más del celo Pastoral del Sacerdote, pero una parroquia en sí misma.

Afirmando, nunca se apaga el amor y el deseo de Dios, respetando desde luego las particularidades, las convicciones y los pensamientos personales, es una gran comunidad. Es también, como una muestra chiquitita de nuestra patria, porque ciertamente aquí, hay un crisol de razas, hay un crisol de provincianidad, acá no hay una identidad marcada de una sola provincia, no hay una sola costumbre, yo creo que, lo que hace particularmente hermosa la navegación es la convivencia de la Argentina, desde muchas culturas y desde luego también de una Argentina Mariana, una Argentina deseosa de vivir lo mejor posible la propia vida.

Mientras el sol busca el resguardo en el oeste, donde baña sus últimos rayos luminosos del día, dando paso a la noche, para estirar el manto de estrellas de color plata, el Padre Pablo Sebastián se despide de nosotros, va rumbo a su Capellanía. Allí el rezo profundo, sincero lo espera y lo abriga en su viaje, el que lo llevará como marino que es, por los puertos del mundo, acompañando a sus fieles, ajustando los cabos, desatando los nudos de dudas, estirando las velas para que el viento marino empuje y despeje, para así hacerse paso y seguir escribiendo su gran bitácora de la fe en Dios Padre.-