obcastrensearg_papa en ventana de estudio palacio apostólicoPapa Francisco |  Debemos abrirnos al Señor, para que Él pueda conocerme, las palabras fueron hecha públicas en la mañana del cuarto domingo de Pascua, durante el Regina Coeli. Al final de la misa celebrada en la basílica vaticana para Ordenaciones Sacerdotales, el Santo Papa Francisco apareció en la ventana del estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para rezar el Regina Coeli con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro para la habitual cita dominical.

Estas son las palabras interpretadas del italiano al castellano del Santo Padre al presentar la oración mariana:

Antes del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La liturgia de este cuarto domingo de Pascua continúa con la intención de ayudarnos a redescubrir nuestra identidad como discípulos del Señor resucitado. En los Hechos de los Apóstoles, Pedro afirma claramente que la curación del cojo, que trae consigo y se habla de toda Jerusalén, tuvo lugar en el nombre de Jesús, porque “en él hay salvación” (4:12). En ese hombre sanado está cada uno de nosotros, ese hombre es la figura de nosotros: todos estamos allí, nuestras comunidades existen; cada uno puede sanar de las muchas formas de enfermedad espiritual que tiene: ambición, pereza, orgullo. – si acepta colocar con confianza su existencia en manos del Señor resucitado. “En el nombre de Jesucristo, el Nazareno, afirma Pedro, él es sanado delante de él” (v. 10). ¿Pero quién es el Cristo sanador? ¿En qué consiste ser sanado por él? ¿De qué nos cura? ¿Y a través de qué actitudes?

Encontramos la respuesta a todas estas preguntas en el Evangelio de hoy, donde Jesús dice: “Yo soy el buen pastor”. El buen pastor da su vida por las ovejas “(Jn 10,11). ¡Esta auto presentación de Jesús no puede reducirse a una sugerencia emocional, sin ningún efecto concreto! Jesús sana a través de su ser un pastor que da vida. Dando su vida por nosotros, Jesús le dice a cada uno: “tu vida es tan valiosa para mí, que para salvarla yo doy todo de mí mismo”. Es precisamente esta ofrenda de vida lo que lo hace un buen Pastor por excelencia, el que sana, el que nos permite vivir una vida bella y fructífera.

La segunda parte de la misma página del Evangelio nos dice en qué condiciones Jesús puede sanarnos y puede hacer nuestras vidas felices y fructíferas: “Yo soy el buen pastor – dice Jesús – Conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen, como el Padre sabe yo y yo conocemos al Padre “(versículos 14-15). Jesús no habla de un conocimiento intelectual, no, sino de una relación personal, de predilección, de ternura mutua, un reflejo de la misma relación íntima de amor entre Él y el Padre. Esta es la actitud a través de la cual se realiza una relación viva con Jesús: dejarnos ser conocidos por Él. No cerrarse en uno mismo, abrirse al Señor, para que Él pueda conocerme. Está atento a cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón profundamente: conoce nuestras fortalezas y nuestras fallas, los proyectos que hemos logrado y las esperanzas que se han decepcionado. Pero él nos acepta tal como somos, incluso con nuestros pecados, para sanarnos, para perdonarnos, para guiarnos con amor, porque podemos cruzar caminos incluso inaccesibles sin perder el camino. Él nos acompaña.

A su vez, estamos llamados a conocer a Jesús. Esto implica un encuentro con él, un encuentro que despierta el deseo de seguirlo, abandonando actitudes autorreferenciales para emprender nuevos caminos, señalados por Cristo mismo y abiertos en vastos horizontes. Cuando el deseo de vivir la relación con Jesús, escuchar su voz y seguirlo se enfría fielmente en nuestras comunidades, es inevitable que prevalezcan otras formas de pensar y vivir que no son coherentes con el Evangelio. María, nuestra Madre, nos ayuda a desarrollar una relación más fuerte con Jesús. Nos abrimos a Jesús para que él pueda entrar en nosotros. Una relación más fuerte: Él ha resucitado. Entonces podemos seguirlo de por vida. En este Día Mundial de Oración por las Vocaciones, María intercede, porque muchos responden con generosidad y perseverancia al Señor que llama a dejar todo por su Reino.