obcastrensearg_papa francisco estudio apostólicoPapa Francisco | El dinamismo de la caridad del creyente surge del encuentro con Jesús y de permanecer con él, el presente fue señalado en la mañana del cuarto Domingo de Pascua, cuando desde la ventana del estudio en el Palacio Apostólico del Vaticano, saludo a los fieles reunidos en la Plaza San Pedro. En sus palabras, el Santo Padre Francisco hablo de Jesús y el creyente comparando esa relación como la que mantienen la vid y sus ramas.

El Santo Padre señaló, uno de los frutos más maduros que brota de la comunión con Cristo es el compromiso de caridad hacia el prójimo, amar a los hermanos con abnegación, a las últimas consecuencias, como Jesús nos amó. Recordándonos que, el dinamismo de la caridad del creyente, surge del encuentro con Jesús y de permanecer en Jesús. Él es la vid para nosotros para absorber la savia, eso es “vida” para traer a la sociedad una forma diferente de vivir y gastar, lo que pone al primero en primer lugar.

Además el Papa recordó, cuando uno es íntimo con el Señor, uno puede dar frutos de vida nueva, de misericordia, justicia y paz, que surgen de la Resurrección del Señor.

A continuación transcribimos la interpretación del italiano al castellano del mensaje de Papa Francisco:

Antes del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La Palabra de Dios, incluso en este quinto domingo de Pascua, continúa mostrándonos el camino y las condiciones para ser una comunidad del Señor resucitado. El domingo pasado se destacó la relación entre el creyente y Jesús Buen Pastor. El Evangelio de hoy nos ofrece el momento en el que Jesús se presenta como la vid verdadera, y nos invita a permanecer unidos a Él para dar mucho fruto (Jn 15,1-8). La vid es una planta que se forma con las ramas; y las ramas son fructíferas solo cuando están unidas a la vid. Esta relación es el secreto de la vida cristiana y el evangelista Juan la expresa con el verbo “permanecer”, que en el pasaje de hoy se repite siete veces. “Quédate en mí”, dice el Señor; quédate en el Señor

Es una cuestión de permanecer con el Señor para encontrar el coraje para salir de nosotros mismos, nuestras comodidades, nuestros espacios restringidos y protegidos, para penetrar en el mar abierto de las necesidades de los demás y para dar nuestro testimonio cristiano al mundo. Este coraje para salir de uno mismo y entrar en las necesidades de otros surge de la fe en el Señor resucitado y de la certeza de que su Espíritu acompaña nuestra historia. De hecho, uno de los frutos más maduros que brota de la comunión con Cristo es el compromiso de caridad hacia el prójimo, amar a los hermanos con abnegación, a las últimas consecuencias, como Jesús nos amó. El dinamismo de la caridad del creyente no es el resultado de estrategias, no nace de demandas externas, demandas sociales o ideológicas, sino que surge del encuentro con Jesús y de permanecer en Jesús. Él es la vid para nosotros para absorber la savia, eso es “vida” para traer a la sociedad una forma diferente de vivir y gastar, lo que pone al primero en primer lugar.

Cuando uno es íntimo con el Señor, cómo las vides y las ramas son íntimas y están unidas entre sí, uno puede dar frutos de vida nueva, de misericordia, justicia y paz, que surgen de la Resurrección del Señor. Es lo que hicieron los santos, aquellos que vivieron la vida cristiana plenamente y el testimonio de la caridad, porque eran ramas reales de la vida del Señor. Pero para ser santos “no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosos o religiosos”. [...] Todos nosotros, todos nosotros, estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo a cada uno su propio testimonio en las ocupaciones de todos los días, donde él está “(Exhortación apostólica Gaudete et exsultate, 14). Todos nosotros estamos llamados a ser santos; debemos ser santos con esta riqueza que recibimos del Señor resucitado. Cada actividad – trabajo y descanso, familia y vida social, el ejercicio de responsabilidades políticas, culturales y económicas – toda actividad, tanto pequeña como grande, si se vive en unión con Jesús y con una actitud de amor y servicio, es oportunidad de vivir el Bautismo y la santidad evangélica en plenitud.

Que María, Reina de los Santos y modelo de perfecta comunión con su divino Hijo nos ayude. Nos enseñas a permanecer en Jesús, como ramas a la vid, y a nunca separarnos de su amor. De hecho, no podemos hacer nada sin Él, porque nuestra vida es Cristo vivo, presente en la Iglesia y en el mundo.-