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No tengo dudas que Dios me pide esta nueva responsabilidad a través de la voluntad del Obispo

Lourdes | En la 60° PMI renovamos la esperanza en el Mundo

obcastrensearg_mons olivera en lourdes 110Lourdes | En la 60° PMI renovamos la esperanza en el Mundo, minutos antes de partir rumbo a Paris, Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina, conversó con nuestra redacción, allí tuvo palabras de reflexión, donde conmovido expresaba el orgullo y felicidad de haber estado presente. Desde el propio anden de la estación de trenes de Lourdes, antes de abordar la formación que lo transportará los poco más de 829 kilómetros que lo separan con la capital francesa, nos contó su impresión del evento.

Habían transcurrido pocos minutos de las 15 horas (hora de Francia) cuando nuestro Padre y Pastor de la Iglesia Diocesana Castrense, no dudo en señalar que allí, en Lourdes, pudo reconfirmar su convicción y su labor pastoral. Puntualmente dijo, el haber estado aquí en la 60° Peregrinación Militar Castrense (PMI) pude renovar el deseo de trabajar más por nuestra Iglesia Castrense, con los Capellanes, con el pueblo que se nos ha confiado.

Ampliando, dijo, partimos rejuvenecidos, para ahondar en la fe, para seguir trabajando en está lindísima aventura de anunciar el evangelio, y que ese evangelio se ha encarnado en actitudes, en sentimientos, en criterios de todo lo que se nos ha confiado acompañar pastoral y espiritualmente. Respecto de la organización del evento, Mons. Olivera declaró, sin lugar a dudas organizar una peregrinación internacional es un trabajo muy grande, demanda un esfuerzo de todos los que organizan, de los que preparan, pero también de las delegaciones que vienen de los países del mundo.

Sobre los asistentes, nuestro Obispo dijo, lógicamente que los países europeos, por su cercanía a Lourdes tuvieron mucha mayor presencia, pero Argentina también dijo presente. Observando en perspectiva , rescato que la sumatoria de todas las voluntades, emociona ver a muchísimo jóvenes presentes, también gente grande rezando, peregrinando en silencio.

Entre los momentos que más lo conmovió de la organización, Mons. Santiago Olivera dijo, ayer (…), participando en la procesión Mariana de las velas, rezando el Santo Rosario, habíamos partido desde la Gruta del milagro, hasta la Explanada de la gran Basílica en Lourdes. Fue un momento especialmente conmovedor, también el descubrir en las distintas capillas que conforman el Santuario de Lourdes, allí encontrar a los militares adorando al Santísimo Sacramento, de rodillas piadosamente, rezando al Señor de la Eucaristía, eso me despertó un fruición del alma, fue un abrigo al espíritu.

Nuestro Obispo también tuvo tiempo para intercambiar experiencias con sus pares Castrenses de, Francia, España, Italia, Croacia y Alemania, sobre esto, nos contó, sin lugar a dudas, el encuentro con ellos, fue de una riqueza suprema. El poder encontrarnos, fue muy rico, donde tuvimos tiempo de reflexionar sobre esta experiencia compartida, sobre nuestro ministerio, el que se nos confió, el de acompañar a las fuerzas armadas y a la fuerza de seguridad.

Para nuestro Obispo Castrense de Argentina, era su primera participación en esta Peregrinación Militar Internacional, por tal motivo quisimos saber entre sus conclusiones, que vio más allá del evento, qué descubrió allí en Lourdes. Fue durante toda mi estancia en la ciudad, pero estando en el Santuario, en la Basílica de San Pío X, compartiendo con todas las delegaciones, vi y aprendí, el respeto que reciben fundamentalmente los heridos de guerra, o situaciones que en alguna misión haya sufrido un accidente.

Este detalle no es menor, allí tal vez la revelación de una postura que humaniza y pone en valor a toda la humanidad, al respecto, Mons. Santiago Olivera recordó, hoy temprano (…), en la Santa Misa Internacional, en el tiempo de recibir las ofrendas, llegó un joven soldado portado por otros soldados en camilla. Traía él, las ofrendas al altar y llevaba las hostias para consagrar,  también fue emocionante ver a los veteranos de guerra, a los reservistas, ellos recibieron una gran valoración y gratitud por todo lo que han entregado la vida por su patria.

Expuesto esto, le preguntamos qué pensó él en su corazón de Pastor y Padre, yo pensaba también en nuestros veteranos de guerra de Malvinas, tanto que le agradecemos, tanto que tenemos que agradecerles a tantos jóvenes. Ellos fueron en esos momentos llamados, más allá de las circunstancias que rodeaban en nuestro país, pero les tocó defender a la patria con lo que podían, como pudieron y realmente los Argentinos debemos ser agradecidos con nuestros veteranos.

Finalizó la 60° PMI (Peregrinación Militar Internacional), por tal razón, preguntamos, que cosas aprendió, que nuevo desafío traerá a nuestra patria, el encuentro fue muy rico, es un signo fundamental en nuestra labor, es especialmente importante la misión que ahora encararemos, pero que renueva la esperanza. Sin dudas, ver a tantísimos rezar con verdadera piedad, recibir la Eucaristía, participar de la misa, renueva nuestras esperanzas en un mundo, que a veces va hacia el laicismo y a cierto descreimiento, pero que aquí, en Lourdes, resurge como un milagro real, ese que vinimos a buscar, “Paz en la Tierra”.

Mientras el tren se acercaba al andén, el mismo que debería abordar Mons. Santiago Olivera, le preguntamos a dónde va ahora. Voy rumbo a Paris, camino hacia Chipre, me da mucha ilusión saber que voy a estar cerca de aquellos hombres y mujeres a quienes se le ha confiado está fuerza de paz en aquella nación. Nuestro País, hace años que tiene permanencia en Chipre, voy como un pastor, con gesto de cercanía, para alentar y acompañar también al actual Capellán.

Conocido el nuevo itinerario, quisimos saber cuál será el especial sentimiento que tendrá allí, Mons. Olivera fue muy sincero, en Chipre, rezare, pensare también en los siguientes capellanes que llegarán, quienes trabajan y trabajarán, acompañando la vida de estos hermanos compatriotas nuestros que se alista a las fuerza de paz.

Casi en el final y antes de partir de Lourdes, dijo, nuestros soldados en Chipre, son enviados para custodiar y preservar la paz, tal como el lema de esta Peregrinación Militar Internacional. Paz en la Tierra, la misma que nos compromete a preservar la paz, a trabajar por la paz en primer lugar y que sólo luchamos por eso y que cualquier otra cosa que no sea esa menta, cualquier otra consigna nos duele el corazón a todos.

Casi sin descanso, nuestro Obispo Castrense, levanto su mano, y saludó a aquella ciudad de Lourdes, a Nuestra Santa Virgen de Lourdes, que lo recibió y hoy lo despide, con el pañuelo al viento, la brisa de las montañas del sur de Francia, le decían adiós. Una nueva meta lo espera, llegando en la noche francesa a Paris, para prepararse y tomar el vuelo rumbo a Chipre, una nueva misión, un nuevo encuentro, nuestro Obispo sigue su tarea, su primera visita Pastoral a nuestros soldados de Paz.-


Papa Francisco | El Espíritu Santo es la fuerza divina que cambia el mundo

obcastrensearg_papa francisco misa pentecostésPapa Francisco | El Espíritu Santo es la fuerza divina que cambia el mundo, el mensaje es parte de la homilía del Santo Padre, en este domingo de Pentecostés. Nuestro Papa Francisco celebraba la Santa Misa en la Basílica Vaticana, junto a los Cardenales, Obispos y Sacerdotes quienes concelebraron la misma.

Durante la celebración de la Eucaristía, después de la lectura del Evangelio, el Papa pronunció la homilía. A continuación compartimos la interpretación del italiano al castellano del Santo Padre Francisco:

Homilía:

En la primera lectura de la liturgia de hoy, la venida del Espíritu Santo en Pentecostés se compara a «un viento que soplaba fuertemente» (Hch 2,2). ¿Qué significa esta imagen? El viento impetuoso nos hace pensar en una gran fuerza, pero que acaba en sí misma: es una fuerza que cambia la realidad. El viento trae cambios: corrientes cálidas cuando hace frío, frescas cuando hace calor, lluvia cuando hay sequía… así actúa. También el Espíritu Santo, aunque a nivel totalmente distinto, actúa así: Él es la fuerza divina que cambia, que cambia el mundo. La Secuencia nos lo ha recordado: el Espíritu es «descanso de nuestro esfuerzo, gozo que enjuga las lágrimas»; y lo pedimos de esta manera: «Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas». Él entra en las situaciones y las transforma, cambia los corazones y cambia los acontecimientos.

Cambia los corazones. Jesús dijo a sus Apóstoles: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo […] y seréis mis testigos» (Hch 1,8). Y aconteció precisamente así: los discípulos, que al principio estaban llenos de miedo, atrincherados con las puertas cerradas también después de la resurrección del Maestro, son transformados por el Espíritu y, como anuncia Jesús en el Evangelio de hoy, “dan testimonio de él” (cf. Jn 15,27). De vacilantes pasan a ser valientes y, dejando Jerusalén, van hasta los confines del mundo. Llenos de temor cuando Jesús estaba con ellos; son valientes sin él, porque el Espíritu cambió sus corazones.

El Espíritu libera los corazones cerrados por el miedo. Vence las resistencias. A quien se conforma con medias tintas, le ofrece ímpetus de entrega. Ensancha los corazones estrechos. Anima a servir a quien se apoltrona en la comodidad. Hace caminar al que se cree que ya ha llegado. Hace soñar al que cae en tibieza. He aquí el cambio del corazón. Muchos prometen períodos de cambio, nuevos comienzos, renovaciones portentosas, pero la experiencia enseña que ningún esfuerzo terreno por cambiar las cosas satisface plenamente el corazón del hombre. El cambio del Espíritu es diferente: no revoluciona la vida a nuestro alrededor, pero cambia nuestro corazón; no nos libera de repente de los problemas, pero nos hace libres por dentro para afrontarlos; no nos da todo inmediatamente, sino que nos hace caminar con confianza, haciendo que no nos cansemos jamás de la vida. El Espíritu mantiene joven el corazón – esa renovada juventud. La juventud, a pesar de todos los esfuerzos para alargarla, antes o después pasa; el Espíritu, en cambio, es el que previene el único envejecimiento malsano, el interior. ¿Cómo lo hace? Renovando el corazón, transformándolo de pecador en perdonado. Este es el gran cambio: de culpables nos hace justos y, así, todo cambia, porque de esclavos del pecado pasamos a ser libres, de siervos a hijos, de descartados a valiosos, de decepcionados a esperanzados. De este modo, el Espíritu Santo hace que renazca la alegría, que florezca la paz en el corazón.

En este día, aprendemos qué hacer cuando necesitamos un cambio verdadero. ¿Quién de nosotros no lo necesita? Sobre todo cuando estamos hundidos, cuando estamos cansados por el peso de la vida, cuando nuestras debilidades nos oprimen, cuando avanzar es difícil y amar parece imposible. Entonces necesitamos un fuerte “reconstituyente”: es él, la fuerza de Dios. Es él que, como profesamos en el “Credo”, «da la vida». Qué bien nos vendrá asumir cada día este reconstituyente de vida. Decir, cuando despertamos: “Ven, Espíritu Santo, ven a mi corazón, ven a mi jornada”.

El Espíritu, después de cambiar los corazones, cambia los acontecimientos. Como el viento sopla por doquier, así él llega también a las situaciones más inimaginables. En los Hechos de los Apóstoles —que es un libro que tenemos que conocer, donde el protagonista es el Espíritu— asistimos a un dinamismo continuo, lleno de sorpresas. Cuando los discípulos no se lo esperan, el Espíritu los envía a los gentiles. Abre nuevos caminos, como en el episodio del diácono Felipe. El Espíritu lo lleva por un camino desierto, de Jerusalén a Gaza —cómo suena doloroso hoy este nombre. Que el Espíritu cambie los corazones y los acontecimientos y conceda paz a Tierra Santa—. En aquel camino Felipe predica al funcionario etíope y lo bautiza; luego el Espíritu lo lleva a Azoto, después a Cesarea: siempre en situaciones nuevas, para que difunda la novedad de Dios. Luego está Pablo, que «encadenado por el Espíritu» (Hch 20,22), viaja hasta los más lejanos confines, llevando el Evangelio a pueblos que nunca había visto. Cuando está el Espíritu siempre sucede algo, cuando él sopla jamás existe calma, jamás.

Cuando la vida de nuestras comunidades atraviesa períodos de “flojedad”, donde se prefiere la tranquilidad doméstica a la novedad de Dios, es una mala señal. Quiere decir que se busca resguardarse del viento del Espíritu. Cuando se vive para la auto-conservación y no se va a los lejanos, no es un buen signo. El Espíritu sopla, pero nosotros arriamos las velas. Sin embargo, tantas veces hemos visto obrar maravillas. A menudo, precisamente en los períodos más oscuros, el Espíritu ha suscitado la santidad más luminosa. Porque Él es el alma de la Iglesia, siempre la reanima de esperanza, la colma de alegría, la fecunda de novedad, le da brotes de vida. Como cuando, en una familia, nace un niño: trastorna los horarios, hace perder el sueño, pero lleva una alegría que renueva la vida, la impulsa hacia adelante, dilatándola en el amor. De este modo, el Espíritu trae un “sabor de infancia” a la Iglesia. Obra un continuo renacer. Reaviva el amor de los comienzos. El Espíritu recuerda a la Iglesia que, a pesar de sus siglos de historia, es siempre una veinteañera, la esposa joven de la que el Señor está apasionadamente enamorado. No nos cansemos por tanto de invitar al Espíritu a nuestros ambientes, de invocarlo antes de nuestras actividades: “Ven, Espíritu Santo”.

Él traerá su fuerza de cambio, una fuerza única que es, por así decir, al mismo tiempo centrípeta y centrífuga. Es centrípeta, es decir empuja hacia el centro, porque actúa en lo más profundo del corazón. Trae unidad en la fragmentariedad, paz en las aflicciones, fortaleza en las tentaciones. Lo recuerda Pablo en la segunda lectura, escribiendo que el fruto del Espíritu es alegría, paz, fidelidad, dominio de sí (cf. Ga 5,22). El Espíritu regala la intimidad con Dios, la fuerza interior para ir adelante. Pero al mismo tiempo él es fuerza centrífuga, es decir empuja hacia el exterior. El que lleva al centro es el mismo que manda a la periferia, hacia toda periferia humana; aquel que nos revela a Dios nos empuja hacia los hermanos. Envía, convierte en testigos y por eso infunde —escribe Pablo— amor, misericordia, bondad, mansedumbre. Solo en el Espíritu Consolador decimos palabras de vida y alentamos realmente a los demás. Quien vive según el Espíritu está en esta tensión espiritual: se encuentra orientado a la vez hacia Dios y hacia el mundo.

Pidámosle que seamos así. Espíritu Santo, viento impetuoso de Dios, sopla sobre nosotros. Sopla en nuestros corazones y haznos respirar la ternura del Padre. Sopla sobre la Iglesia y empújala hasta los confines lejanos para que, llevada por ti, no lleve nada más que a ti. Sopla sobre el mundo el calor suave de la paz y la brisa que restaura la esperanza. Ven, Espíritu Santo, cámbianos por dentro y renueva la faz de la tierra. Amén.


Papa Francisco | Invoco al Espíritu Santo para inspirar voluntades y gestos de dialogo en Venezuela, Tierra Santa y Medio Oriente

obcastrensearg_venezuelaPapa Francisco | Invoco al Espíritu Santo para inspirar voluntades y gestos de dialogo en Venezuela, Tierra Santa y Medio Oriente, luego del rezo del Regina Coeli, hizo este especial pedido. También, nos informó que el próximo 29 de junio tendrá lugar un nuevo Consistorio para el nombramiento de 14 nuevos Cardenales.

A continuación, compartimos la interpretación del italiano al castellano del mensaje del Santo Padre Francisco:

Queridos hermanos y hermanas:

 

Pentecostés nos trae a Jerusalén con nuestro corazón. Anoche estuve espiritualmente unida a la vigilia de oración por la paz que tuvo lugar en esa ciudad, santa para judíos, cristianos y musulmanes. Y hoy seguimos invocando al Espíritu Santo para inspirar voluntades y gestos de diálogo y reconciliación en Tierra Santa y en todo el Medio Oriente.

Deseo dedicarle un recuerdo especial a mi querida Venezuela. Le pido al Espíritu Santo que le dé a todo el pueblo venezolano: todo, gobernantes, personas, la sabiduría para encontrar el camino de la paz y la unidad. También rezo por los prisioneros que murieron ayer.

El evento de Pentecostés marca el origen de la misión universal de la Iglesia. Es por eso que hoy se publica el Mensaje para el próximo Día Mundial de la Misión. Y también me gusta recordar que ayer tuvo lugar 175 años desde el nacimiento del Trabajo de la Infancia Misionera, que ve a los niños como protagonistas de la misión, con oración y pequeños gestos diarios de amor y servicio. Agradezco y aliento a todos los niños que participan en la difusión del Evangelio en el mundo. Gracias!

Extiendo mis cordiales saludos a ustedes, peregrinos de Italia y de diferentes países. En particular, a los estudiantes del Colegio Irabia-Izaga de Pamplona, ​​al grupo del Colégio São Tomás de Lisboa y a los fieles de Neuss (Alemania).

Saludo a la Schola Cantorum de Vallo della Lucania, los fieles de Agnone y las de San Valentino en Abruzzo acá, los chicos de Confirmación de San Cataldo, las cooperativas sociales “Jóvenes Amigos” de Terrassa Padovana y el Instituto Escuela “Caterina Santa Rosa “De Roma, que celebra su 150 aniversario.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Me complace anunciar que el 29 de junio tendré un Consistorio para el nombramiento de 14 nuevos Cardenales. Su procedencia expresa la universalidad de la Iglesia que continúa proclamando el amor misericordioso de Dios a todas las personas en la tierra.

Además, la inserción de los nuevos cardenales en la diócesis de Roma muestra el vínculo inseparable entre la sede de Pedro y las Iglesias particulares repartidas por todo el mundo.

Aquí están los nombres de los nuevos Cardenales: Su Beatitud Louis Raphaël I Sako, Patriarca de Babilonia de los Caldeos; S. E. Mons. Luis Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; S. E. Mons. Angelo De Donatis, Vicario General de Roma; S. E. Mons. Giovanni Angelo Becciu, Sustituto de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado y Delegado Especial de la Soberana Orden Militar de Malta; S. E. Mons. Konrad Krajewski, Apostólico Almoner; S. E. Mons. Joseph Coutts, Arzobispo de Karachi; S. E. Mons. António dos Santos Marto, obispo Leiria-Fátima; S. E. Mons. Pedro Barreto, Arzobispo de Huancayo; S. E. Monseñor Desiré Tsarahazana, Arzobispo de Toamasina; S. E. Mons. Giuseppe Petrocchi, Arzobispo de L’Aquila; S. E. Mons. Thomas Aquinas Manyo, Arzobispo de Osaka.

Junto con ellos me uniré a los miembros del Colegio de Cardenales: un arzobispo, un obispo y un religioso que se han distinguido por su servicio a la Iglesia: S.E. Mons. Sergio Obeso Rivera, Arzobispo Emérito de Xalapa; S. E. Mons. Toribio Ticona Porco, Prelado Emérito de Corocoro; R. P. Aquilino Bocos Merino, claretiano.

Oramos por los nuevos cardenales, con el fin, lo que confirma su adhesión a Cristo, Sumo Sacerdote misericordioso y fiel (cf. Heb 2:17), me ayuda en mi ministerio como Obispo de Roma por el bien de todos los fieles pueblo santo de Dios.

Y les deseo a todos un buen domingo. Y por favor, no te olvides de rezar por mí. Buen almuerzo y adiós! 


Papa Francisco | Espíritu Santo es la fuente de la santidad, que no es el privilegio de unos pocos, sino la vocación de todos

obcastrensearg_papa regina coelli 20-5-18Papa Francisco | Espíritu Santo es la fuente de la santidad, que no es el privilegio de unos pocos, sino la vocación de todos, el mensaje fue impartido al final de la misa celebrada en la basílica vaticana el domingo de Pentecostés. El Papa Francisco desde la ventana del estudio en el Palacio Apostólico Vaticano se presento para recitar él Regina Coeli con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro para la cita habitual del domingo.

El Santo Padre puso un especial dedicación para que todos entendamos el verdadero significado de este día, el dijo, esta fiesta nos hace recordar y revivir el derramamiento del Espíritu Santo sobre los apóstoles y los otros discípulos reunidos en oración con la Virgen María en el Cenáculo. Agregando, el Espíritu Santo es la fuente de la santidad, que no es el privilegio de unos pocos, sino la vocación de todos.

Recordándonos que, para el Bautismo, de hecho, todos estamos llamados a participar en la misma vida divina de Cristo y, con la Confirmación, a convertirnos en sus testigos en el mundo. Casi en el final, declaró, el Espíritu que nos hace experimentar una alegría plena. Al entrar en nosotros, el Espíritu Santo vence la sequedad, abre los corazones a la esperanza y estimula y fomenta la maduración interna en la relación con Dios y el prójimo.

A continuación, compartimos la interpretación del italiano al castellano del mensaje del Santo Padre Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

 

En la fiesta de hoy de Pentecostés culmina el tiempo de Pascua se centró en la muerte y resurrección de Jesús. Esta fiesta nos hace recordar y revivir el derramamiento del Espíritu Santo sobre los apóstoles y los otros discípulos reunidos en oración con la Virgen María en el Cenáculo (cf. Hechos 2: 1-11). Ese día comenzó la historia de la santidad cristiana, porque el Espíritu Santo es la fuente de la santidad, que no es el privilegio de unos pocos, sino la vocación de todos.

Para el Bautismo, de hecho, todos estamos llamados a participar en la misma vida divina de Cristo y, con la Confirmación, a convertirnos en sus testigos en el mundo. “El Espíritu Santo derrama santidad en todas partes en el pueblo santo y fiel de Dios” (Exhortación Apostólica Gaudete et exsultate, 6). “Santa de Dios y guardarlos no sólo como individuos sin vínculos recíprocos, pero al hacer de ellos un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente” (Const. Dogm. Lumen Gentium, 9).

Ya por los antiguos profetas, el Señor había anunciado su diseño a la gente. Ezequiel: “Pondré mi espíritu dentro de ti y te haré vivir de acuerdo con mis leyes y te haré observar y poner en práctica mis normas. [...] Serás mi pueblo y yo seré tu Dios “(36: 27-28). El profeta Joel dijo: “Derramaré mi espíritu sobre todos los hombres, y tus hijos e hijas se convertirán en profetas. [...] Incluso sobre los esclavos y esclavos en aquellos días derramaré mi espíritu. [...] Quien invoque el nombre del Señor será salvo “(3.1-2.5). Y todas estas profecías se realizan en Jesucristo, “mediador y garante de la efusión perenne del Espíritu” (Misal Romano, Prefacio después de la Ascensión). Y hoy es la fiesta del derramamiento del Espíritu.

Desde ese día de Pentecostés, y hasta el fin del tiempo, esta santidad, la plenitud de la cual es Cristo, se da a todos los que se abren al Espíritu Santo y se esfuerzan por ser dócil. Es el Espíritu que nos hace experimentar una alegría plena. Al entrar en nosotros, el Espíritu Santo vence la sequedad, abre los corazones a la esperanza y estimula y fomenta la maduración interna en la relación con Dios y el prójimo. Esto es lo que San Pablo nos dice: “El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí” (Gal 5,22). Todo esto hace que el Espíritu en nosotros. Es por eso que hoy celebramos esta riqueza que el Padre nos da.

Pedimos a la Virgen María para obtener hoy la Iglesia un renovado Pentecostés, un joven renovada que nos dé la alegría de vivir y testimoniar el Evangelio y “infundir en nosotros un profundo deseo de ser santo para la mayor gloria de Dios” (Gaudete et Exsultate , 177).


Lourdes | Paz en la Tierra fue el clima vivido en la Santa Misa Internacional

obcastrensearg_mons olivera en lourdes santa misa internacional 09LourdesPaz en la Tierra fue el clima vivido en la Santa Misa Internacional, allí, estuvieron todos, y también nuestro Obispo, Mons. Olivera quien concelebró desde el mismo altar mayor de la Basílica, estuvo en nombre de nuestra nación Argentina, fue la primera actividad desplegada en el último de los días de la 60° PMI (Peregrinación Militar Internacional) en Francia. Todo se desarrollaba en la Basílica de San Pío X, los militares y personal de seguridad nacional junto a sus Obispos, Vicarios, Capellanes Castrenses y Religiosas del mundo celebraron la Eucaristía.

Allí, nuestro Obispo Castrense de Argentina, Mons. Santiago Olivera, nuestro Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, nuestro Capellán Mayor de la Armada, Pbro. Eduardo Castellanos, concelebraban el encuentro religioso más esperado de la 60° PMI.  Bajo la luz del Cirio Bendito por la Paz, que se encendió en el comienzo de la jornada de la Peregrinación Militar Internacional, allí todos rezaron por la intensión y premisa del encuentro, “Paz en la Tierra”.

Este domingo de Pentecostés jamás será olvidado, las voces del mundo se unieron y fundieron en un solo canto, ya el lema se hizo carne en sus corazones, el Gloria de Dios, la bendición de los sacerdotes presentes impartida hidrató la suplica para convertirla en verdad, en justicia divina, la semilla de la Paz ya germina en cada uno de ellos. Aquí en Lourdes, en Francia, en la fiesta y alabanza de este domingo de Pentecostés, es como dice Su Santidad Francisco, se sintió el Espíritu que cambió los corazones, ese que cambia los acontecimientos, que actúa como una armadura, como una revolución que nos reconstituye y nos orienta hacia Dios y hacia el mundo, para celebrar la Paz en la Tierra.

Fue de los momentos más emocionantes, el mundo castrense entero rezó en Lourdes, la imagen nos mostraba uno a uno los rostros de religiosos, militares, de mujeres y hombres que vibraban en ese sentimiento puro. Una ceremonia que se magnifico en cada detalle, así lentamente iniciaba ese camino del inicio del final para muchos, pues ese largo peregrinar comenzaba a madurar, para encabezar la vuelta a sus países, a casa, para poder ahora llevar no solo el equipaje que trajeron, sino todas las enseñanzas, la misión más importante, aplicar todo lo aprendido no solo en el trabajo, sino en sus vidas.

Se escucharon los mensajes en distintas voces del mundo, muchas de ellas incomprensibles para el oído común, pero esas palabras eran tan puras que lograron derribar esa barrera de la incomprensión para hacer valer el mensaje más puro, “Paz en la Tierra”. La Santa Iglesia nuevamente nos reunía a todos, la vista en 360 grados nos mostraba los miles de corazones de estos peregrinos, que llegaron en misión de instruirse en el poder más importante que puede llegar a tener la humanidad, la fe, esa fe que brota como el manantial divino que hizo surgir nuestra Santa Virgen de Lourdes, allí en Francia.

Sesenta años, un mismo compromiso, ellos son aquellos que en el inicio del camino vieron la importancia de reunirse en la gruta del milagro, nuestra Madre Virgen María y su advocación lograba una vez más el milagro de Paz. Mientras tanto, promediando el medio día en Francia, los peregrinos pudieron disfrutar del espectáculo de la Fuerza Aérea francesa, quienes con su división de paracaidistas, desplegaron su gran talento y capacidad operativa, aterrizando en la misma explanada del Santuario. Ya en las primeras horas de la tarde, iniciará la gran Fiesta del adiós, en ese mismo lugar, para finalizar con el rezo del Santo Rosario y la ofrenda de Cirio en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, el final es evidente, pero antes de él ya sabemos que el año próximo volveremos, a la 61° PMI entre el 17 y el 19 de mayo de 2019.-


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