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No tengo dudas que Dios me pide esta nueva responsabilidad a través de la voluntad del Obispo

Papa Francisco | La Santísima Trinidad nos hace contemplar el misterio de Dios que constantemente crea, redime y santifica

obcastrensearg_papa regina coelli 20-5-18Papa Francisco | La Santísima Trinidad nos hace contemplar el misterio de Dios que constantemente crea, redime y santifica, la definición surge en el medio día en el estado Vaticano, cuando en la solemnidad de la Santísima Trinidad. El Santo Padre Francisco se presentaba en la ventana del estudio en el Palacio Apostólico para rezar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

Antes de iniciar la oración Mariana, esto decía, la presente es una interpretación del italiano al castellano.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, domingo después de Pentecostés, celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad. Una fiesta para contemplar y alabar el misterio del Dios de Jesucristo, que es uno en la comunión de tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Para celebrar con asombro de nuevo a Dios-Amor, quien nos ofrece su vida gratis y nos pide que la divulguemos en el mundo.

Las lecturas bíblicas de hoy nos hacen comprender cómo Dios no lo quiera revelar tanto que Él existe, sino que es el “Dios con nosotros”, cerca de nosotros, que nos ama, que camina con nosotros, está interesado en nuestra historia personal y se ocupa de todos, empezando por los pequeños y los necesitados. Él “es Dios allá arriba en los cielos” pero también “aquí abajo en la tierra” (véase Dt 4:39). Por lo tanto, no creemos en una entidad distante, ¡no! En una entidad indiferente, ¡no! Pero, por el contrario, en el Amor que creó el universo y generó un pueblo, se hizo carne, murió y resucitó por nosotros, y como el Espíritu Santo, todo se transforma y conduce a la plenitud.

St. Paul (cf. Rom 8,14 a 17), que experimentó personalmente esta transformación por amor a Dios, nos da su deseo de ser llamado Padre, o más bien “papá” – Dios es “Padre Nuestro” – con la total confianza de un niño que se abandona en los brazos de quienes le dieron la vida. El Espíritu Santo – todavía recuerda el Apóstol – que actúa en nosotros significa que Jesucristo no se reduce a una figura del pasado, no, pero que se sienten cercanos, nuestro contemporáneo, y experimentamos la alegría de ser hijos amados de Dios último. En el Evangelio, el Señor resucitado promete permanecer con nosotros para siempre. Y gracias a su presencia y la fuerza de su Espíritu podemos alcanzar serenamente la misión que Él nos confía. ¿Cuál es la misión? Proclamar y dar testimonio de todo su Evangelio y así expandir la comunión con él y la alegría que se deriva de él. Dios, caminando con nosotros, nos llena de alegría y alegría es un poco ‘el primer idioma del cristiano.

Por lo tanto, la Santísima Trinidad nos hace contemplar el misterio de Dios que constantemente crea, redime y santifica, siempre con amor y por amor, ya toda criatura que lo recibe dona para reflejar un rayo de su belleza, bondad y verdad. Siempre ha elegido caminar con la humanidad y formar un pueblo que sea una bendición para todas las naciones y para todas las personas, nadie excluido. El cristiano no es una persona aislada, pertenece a un pueblo: este pueblo que forma a Dios. Uno no puede ser cristiano sin tal pertenencia y comunión. Somos el pueblo, el pueblo de Dios. Que la Virgen María nos ayude cumpliendo con alegría la misión de testimoniar el mundo, hambre de amor, el sentido de la vida es sólo el amor infinito, amor concreto del Padre, el Hijo y del Espíritu Santo.


Papa Francisco | A los jóvenes argentinos, con la camiseta de Cristo juéguense por sus ideales

obcastrensearg_papa francisco a los jóvenesPapa Francisco | A los jóvenes argentinos, con la camiseta de Cristo juéguense por sus ideales, con motivo del II Encuentro Nacional de Juventud, desarrollado en Rosario, Santa Fe, el Santo Padre se hizo presente en la convocatoria. A ellos, saludo y dijo, cuando pensaba en ustedes y en qué podía compartirles para este encuentro, se me ocurrieron tres palabras: presencia, comunión y misión.

A continuación compartimos en texto lo dicho por nuestro Papa Francisco:

Queridos chicos y chicas:

Me alegra hacerme presente a través de este video mensaje en este Encuentro Nacional de Juventud que están viviendo en Rosario. Me lo pidieron mis hermanos obispos, y lo hago con gusto.

Sé que se prepararon con mucho esfuerzo y de muchas maneras para poder estar ahí. Gracias por todo ese trabajo, por ponerse en camino con alegría, con fe y esperanza, con ilusiones compartidas. Cuando uno va a un encuentro de jóvenes siempre hay fe, esperanza, ilusiones que se van compartiendo allí y van creciendo. ¡Gracias por el entusiasmo que contagian —donde hay jóvenes hay lío— por el amor hacia Cristo y los hermanos, que en estos días seguramente va a ir en aumento! Pero que no sea espuma, que no sea solo espuma. Que sea jabón que hace espuma, pero que sea jabón.

Cuando pensaba en ustedes y en qué podía compartirles para este encuentro, se me ocurrieron tres palabras: presenciacomunión misión.

La primera palabra es presencia. Jesús está con nosotros, está presente en nuestra historia. Si no nos convencemos de esto, no somos cristianos. Él camina con nosotros, aunque no lo conozcamos. Pensemos en los discípulos de Emaús. Jesús se ha hecho nuestro hermano, nos invita también a nosotros a encarnarnos, a construir juntos esa palabra tan linda, la civilización del amor, como discípulos y misioneros suyos, acá y ahora: en tu casa, con tus amigos, en las situaciones que te tocan vivir a diario. Para eso es necesario estar con él, ir a su encuentro en la oración, en la Palabra, en los sacramentos. Dedicarle tiempo, hacer silencio para oír su voz. ¿Vos sabés hacer silencio en tu corazón para escuchar la voz de Jesús? No es fácil. Probá.

Él está con vos, aunque tal vez en algunos momentos te sientas como los de Emaús antes de encontrarse con Jesús resucitado: te sientas triste, decepcionado, bajoneado, bajoneada, sin muchas esperanzas de que las cosas cambien. Y bueno, se ven cada cosa en la vida, que a veces, claro, nos bajoneamos. Vas herido por el camino, y parece que ya no podés más, que las contradicciones son más fuertes de todo lo positivo, de toda la polenta que vos le quieras poner, que no ves la luz al final del túnel. Pero cuando te encontrás con Jesús —es una gracia— el buen samaritano que se acerca a ayudarte, ese Jesús, todo se renueva, vos te renovás y podés con Jesús renovar la historia. “Eh padre no exagere, cómo vamos a renovar la historia”. Podés renovar la historia. La renovó una chica de dieciséis años que en Nazaret dijo “sí”. Podés renovar la historia.

El buen samaritano es Cristo que se acerca al pobre, al que lo necesita. El buen samaritano también sos vos cuando, como Cristo, te acercas al que está a tu lado, y en él sabés descubrir el rostro de Cristo. Es un camino de amor y misericordia: Jesús nos encuentra, nos sana, nos envía a sanar a otros. Nos envía a sanar a otros. Solamente nos es lícito mirar a una persona de arriba a abajo, desde arriba, solamente para agacharnos y ayudarla a levantarse. Si no, no tenemos derecho de mirar a nadie desde arriba. Nada con la naricita así, ¿eh? Si yo miro desde arriba es para agachar y ayudar a levantar.

Pero para recorrer este camino de ayudar a levantar a otros, no lo olvidemos, necesitamos de los encuentros personales con Jesús, momentos de oración, de adoración y, sobre todo, de escucha de la Palabra de Dios. Les pregunto nomás: ¿Cuántos de ustedes leen dos minutos el Evangelio en el día? ¡Dos minutos, eh! Tenés un Evangelio chiquito, lo llevás en el bolsillo, en la cartera… Mientras vas en el bus, mientras vas en el subte, en el tren o te parás y te sentás en tu casa, lo abrís y leés dos minutos. Probá. Y vas a ver cómo te cambia la vida. ¿Por qué? Porque te encontrás con Jesús. Te encontrás con la Palabra.

La segunda palabra es comunión. No vamos solos escribiendo la historia; algunos se la creyeron, piensan que solos o con sus planes van a construir la historia. Somos un pueblo y la historia la construyen los pueblos, no los ideólogos. Los pueblos son los protagonistas de la historia. Somos una comunidad, somos una Iglesia. Y si vos querés construir como cristiano tenés que hacerlo en el pueblo de Dios, en la Iglesia, como pueblo. No en un grupito pitucón o estilizado, apartado de la vida del pueblo de Dios. El pueblo de Dios es la Iglesia, con toda la gente de buena voluntad, con sus chicos, sus grandes, sus enfermos, sus sanos, sus pecadores ¡que somos todos! Con Jesús, la Virgen, los Santos que nos acompañan. Caminar en pueblo. Construir una historia de pueblo. Jesús cuenta con vos y también cuenta con él, con ella, con todos nosotros, con cada uno. Sabemos que como Iglesia estamos en un tiempo muy especial, en el año del Sínodo de los obispos que va a tratar el tema de los jóvenes. Ustedes los jóvenes serán el objeto de las reflexiones de este Sínodo. Y además, recibiremos de ustedes los aportes, ya sea de la asamblea pre-sinodal que se realizó en Roma, con 350 chicos y chicas de todo el mundo: cristianos, no cristianos y no creyentes, en la cual también participaron 15.000 a través de las redes sociales, que se iban comunicando con ellos. Ellos han hecho una propuesta, una semana estudiaron: peleando, discutiendo, riéndose. Y ese aporte nos llega al Sínodo. Y ahí estás vos. Con ese aporte vamos adelante.

Los invito a ser partícipes, protagonistas desde el corazón de este acontecimiento eclesial tan importante. No se queden al margen, comprométanse, digan lo que piensan. No sean exquisitos: “Que me miró, que me tocó, que si la piensa distinto, que no estoy de acuerdo con lo que pensás”. ¿Vos cómo vivís? ¡Compartí lo que vivís! El Papa quiere escucharlos. El Papa quiere dialogar y buscar juntos nuevos caminos de encuentro, que renueven nuestra fe y revitalicen nuestra misión evangelizadora.

Ustedes saben mejor que yo que las computadoras, los celulares necesitan actualizaciones para funcionar mejor. También nuestra pastoral necesita actualizarse, renovarse, revisar la conexión con Cristo a la luz del Evangelio —ese que desde ahora vas a llevar en el bolsillo y vas a leer dos minutos por día— mirando al mundo de hoy, discerniendo y dando nuevas energías a la misión compartida. Ese es el trabajo que van a tener ustedes en estos días, sobre todo, y que yo acompaño con mi cercanía y mi oración. Y mi simpatía.

Decíamos, entonces, presencia y comunión. La tercera palabra es misión. Se nos llama a ser Iglesia en salida, en misión. Una Iglesia misionera, no encerrada en nuestras comodidades y esquemas, sino que salga al encuentro del otro. Iglesia samaritana, misericordiosa, en actitud de diálogo, de escucha. Jesús nos convoca, nos envía y nos acompaña para acercarnos a todos los hombres y mujeres de hoy. Así lo escucharemos el próximo domingo en el Evangelio: «Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo… Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo» (Mt 28, 19-20). ¡Vayan, no tengan miedo! Los jóvenes tienen la fuerza de la inquietud, del inconformismo —sean inconformistas—, hagan lío, no dejen que la historia se escriba fuera, mientras miran por la ventana, “no balconeen la vida”, pónganse las zapatillas, salgan, con la camiseta de Cristo y juéguense por sus ideales. Vayan con él a curar las heridas de tantos hermanos nuestros que están tirados al borde del camino, vayan con él a sembrar esperanza en nuestros pueblos y ciudades, vayan con él a renovar la historia.

Muchas veces han oído decir que ustedes son el futuro, en este caso el futuro de la patria. El futuro está en las manos de ustedes, verdad, porque nosotros nos quedamos y ustedes siguen. Pero cuidado: un futuro sólido, un futuro fecundo, un futuro que tenga raíces. Algunos sueñan con un futuro utópico: “No, la historia ya pasó; no, lo de antes no, ahora empieza”. Ahora no empieza nada. Te la vendieron. Bernárdez, nuestro poeta, termina un verso diciendo: «Lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado». Volvé a las raíces y armá tú futuro desde las raíces desde donde te viene la savia: no renegués la historia de tu patria, no renegués la historia de tu familia, no niegues a tus abuelos. Buscá las raíces, buscá la historia. Y desde allí construí el futuro. Y aquellos que te dicen: “Que si los héroes nacionales ya pasaron o que no tiene sentido, que ahora empieza todo de nuevo…” Riételes en la cara. Son payasos de la historia.

Y los invito también a mirar en estos días a María, la Virgen del Rosario, que supo estar cerca de su Hijo acompañándolo en sus misterios de gozo y de dolor, de luz y de gloria. Que ella, María, Madre de la cercanía y la ternura, Señora del corazón abierto y siempre disponible para ir al encuentro de quienes la necesitan, sea su maestra en el modelo de la vida de fe. Ustedes busquen allí, que ella les enseña.

Que Jesús los bendiga, que la Virgen Santa los cuide a ustedes, a sus familias, a sus comunidades. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí, para que sepa transmitir las raíces a las nuevas generaciones que las harán florecer en el futuro. Y esos son ustedes. ¡Gracias!


Chipre | Doy gracias a Dios el haberme permitido estar y conocer dónde están mis fieles

obcastrensearg_mons olivera final de viaje a ChipreChipre | Doy gracias a Dios el haberme permitido estar y conocer dónde están mis fieles, en el final de su visita Apostólica, Mons. Olivera hacía esta confesión, a minutos de abordar su avión, en la partida, nuestra redacción dialogó con nuestro Obispo Castrense de Argentina. Pese a la hora, en los primeros minutos del domingo (hora de Chipre), allí se lo veía radiante, colmado de energía y felicidad por haber compartido con nuestros compatriotas y hermanos.

Allí le preguntamos, cuál fue su análisis en esta primera visita, lo primero que hago  es dar gracias a Dios por haberme dado la posibilidad de estar aquí en Chipre y conocer el lugar donde vienen mis fieles, que son los militares, también pude estar en contacto con familias que han venido a acompañar. Mientras la madrugada avanzaba, y el reloj se acercaba al tiempo de partida rumbo al nuevo itinerario, y pese a haber tenido un día intenso de compromisos, Mons. Santiago Olivera quería que sepamos lo mucho que considera este viaje, es muy importante para mí, como Obispo también saber, conocer los lugares donde los sacerdotes vienen a ejercer su ministerio.

Ampliando, ver qué es lo que hacen, cómo lo hacen, dónde viven, cómo se manejan, cómo se mueven, animarlos también conociendo a ser creativos en el ministerio. A recrear el Ministerio Sacerdotal, a saber que sin lugar a dudas hay condiciones para acercarse a Dios, y también hay situaciones que te pueden apartar de él.

Cabe recordar, que estando en Lourdes, antes de partir rumbo a Chipre, ya lo había adelantado que tendría esta misión, de rezar mucho por el Capellán, por los que vendrán, de ver en el lugar sus condiciones y así trabajar para que puedan desarrollar su labor pastoral. Al respecto, hablando de las bondades de la tierra y la fe, se refirió a las condiciones que debe tener quien está al frente del ministerio, es un lugar muy lindo, está lejos de tu tierra y entonces requiere del sacerdote una gran capacidad de padre, de hermano, de amigo para acompañar, para ayudar, para animar, para corregir si fuera menester.

A la hora de señalar que otras cosas pudo conocer de esta tierra chipriota, Mons. Santiago nos contó, tuve la posibilidad de conocer el monasterio de la Iglesia Ortodoxa Griega de los Kikos, hoy, en mi último día de estancia, en la ciudad de Larnaca, conocí el lugar donde está enterrado San Lázaro, el amigo de Jesús que tanto nos dice a nosotros, qué Jesús nos llamó amigos.

Para nuestro Obispo, fue muy motivador, él dijo, estar en el lugar donde están las reliquias del Santo Lázaro, allí donde se encuentra parte del cuerpo de quien fuera amigo de Jesús, realmente es emocionante. Particularmente a mí, me da mucha ilusión, me da mucha alegría y tuve en ese instante presente a todos los amigos, no solo a los amigos que Dios puso en mi camino a largo de mi historia, también a los que vendrán, pues sentí esa necesidad, de ver en la presencia de quien es símbolo de la amistad de Jesús, honrar también en esta tumba, en esta iglesia de San Lázaro a todos los amigos.

Además de los lugares religiosos, Mons. Santiago Olivera, recordó, también hemos recorrido Nicosia y hemos podido ver la belleza está isla de Chipre, pero su visita no se trata solo de conocer y ocuparse de sus metas, pues siempre hay algo más que uno recibe, dice al respecto, uno trabaja pero siempre el Señor nos gana en generosidad, nos da el ciento por uno y vuelvo muy feliz. Vuelvo muy contento, creando lazos, esperando como le decía ayer a los militares, a verlos en sus distintos destinos a lo largo este tiempo que visité y que vean en el obispo, el padre que está cercano y está abierto para compartir la vida y compartir la fe.

Casi en el final, preguntamos cómo se sintió y se siente en esta hora antes de partir, estoy muy contento por haber estado aquí en Chipre, vuelvo muy feliz también por el grupo, por la gente por lo que he compartido. Yo vine a trabajar y también a ver los lugares donde nuestra patria colabora con la Naciones Unidas, trabajando por la paz entre pueblos hermanos, como son los grecochipriotas y los turcochipriotas, o turcos y griegos y los nacidos en esta Isla de Chipre.

Pero en los últimos minutos, antes de tomar su maleta y caminar rumbo al avión, nos reveló su corazón de Pastor y Padre, para que sepamos cuál es esa intensión que lo guía, que lo potencia y que casi sin descanso lo hace estar. Veo muy importante también, el gesto estar cerca, de venir, en esta imagen de Obispo salidor, de Cura salidor, del que va al encuentro, que no espera en su lugar, sino que va allí, donde sus fieles están y esto me llena de verdadero gozo.

Así finalizaba nuestro encuentro, mientras la tierra chipriota lo contenía, hoy partió de allí, pero estamos seguros, que en su corazón este rincón del mundo está mucho más preservado, su oración permanente, su abrigo y presencia permanecerán por siempre. Nos quedamos con algunos de sus mensajes, como cuando estando en un puesto de observación de Naciones Unidas dijo, me conmueve el trabajo por la paz, me emociona la tarea argentina en este destino del mundo.

Si podemos hacer esta labor como latinoamericanos, en lo que nos toca a nosotros como argentinos, cómo no pensar en trabajar por la paz y por el encuentro también en nuestro país. El viento del mar Mediterráneo nos envuelve, la noche se ilumina y vemos por la ventana del aeropuerto internacional de Larnaca, el último carretear de la aeronave, allí cual gaviota se elevaba, se va nuestro Obispo, y como a modo de homenaje, surca el cielo de Chipre despidiese, rumbo a su próximo destino.-

 

 


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