obcastrensearg_mons olivera y capellán sotoChipre | La Iglesia y el llamado de Mons. Olivera me han bendecido, la afirmación es la síntesis del sentimiento del Capellán Castrense, Padre, Sebastián Soto, quien tuvo la gentileza de dialogar con nuestra redacción y contar su experiencia apostólica en la Misión de Paz. El Padre Sebastián, acompaño constantemente durante toda la visita Apostólica a nuestro Obispo Castrense de Argentina, Mons. Santiago Olivera.

Nuestro Capellán arribaba a Chipre, en febrero último junto a la dotación de hombres de nuestra FTA (Fuerza de Tareas Argentinas), y fue quien junto a nuestro Obispado prepararon el gran itinerario que desplegó nuestro Obispo. Por tal razón preguntamos en su experiencia en esta doble misión, como lo vive, la iglesia me ha bendecido en el llamado y la convocatoria de nuestro Obispo Castrense, Mons. Santiago Olivera, no hago más que, todos los días, que encontrarme verdaderamente con esto, el de ser sacerdote, el ser peregrino y al mismo tiempo padre y hermano de los que estamos acá.

Agregando, nuestra labor, no se hace de otra manera que, andando con la gente y andando con la gente es, salir a buscarla en esta geografía, que es desafiante, por la forma en que se presenta. Y al mismo tiempo, en el desafío esa geografía es cuna, porque nos regala paisajes soñados, atardeceres y momentos que convidan a la meditación y a la oración personal.

Observar en 360° esta tierra en el medio del Mar Mediterráneo es un descubrir constante, al respecto el Padre, Soto dice, esta tierra, nos invita a encontrarse no sólo con el mate, con el otro, sino también en la oración que surge espontánea donde rememoro la historia, la vida, los sucesos y podemos en este lugar propicio, encontrarnos cómo Dios nos habló y nos habla a todos.

Esto es realmente revelador, pues la presencia de nuestro Capellán es fundamental en poder convertirse en nexo, en ser un guía espiritual de nuestros hermanos, porque no siempre uno se siente con fuerzas. Sobre esto, nos cuenta, a veces nos pasa en la vida, o por lo menos eso creo, que uno no dimensiona los hechos, tanto lindos, como feos, de cosas que nos pasan. A veces tal vez, muchas otras por el apuro, o porque uno está disperso por el ánimo, a veces uno no llega a reflexionar en la profundidad aquellas tormentas, e incluso puede estar viviendo momentos fundantes, momentos históricos, momentos de descubrí verdaderamente la eternidad en la vida.

Allí, revela, es ahí donde uno descubre que es tiempo que vamos andando, avanzando, y la fe sin lugar a dudas es, ese regalo que nos hace mirar más allá de poder ser sorprendidos en la claridad de lo que uno a veces piensa y justamente por la fe todo pensamiento que ha superado.

Luego de esta revelación, nuestro Padre Sesbatián nos vuelve a narrar que siente al estar aquí, en esta misión encomendada por nuestro Obispo, para mí, estar acá es parte de una realidad que se combina con un sueño y emociones en donde desde el fervor de lo que uno intenta compartir, que no es más que, buscar junto a otros a Dios. Es compartir la propia experiencia de Dios, donde se combina la experiencia del sueño de poder estar en la tierra de Pablo de Tarso, donde que también estuvo Ignacio Loyola y tantas otras referencias que hacen a la fe de la gente, de esta isla de Chipre, tan dolida por la pelea en primer lugar entre los turcos y los griegos, que sigue vigente con sus ribete de tensión.

Siendo aún mucho más sincero, y con la sana intensión de que podamos sentir su espíritu de misionero, nos narra, venir de tan lejos acompañando a mis compatriotas y también al ejército chileno y paraguayo es muy movilizador, venir desde lejos en la vida es muy movilizador porque uno sabe que desde lejos, Dios a uno lo ha llamado para ser sacerdote. En el antiguo testamento dice, “no te olvides de dónde te saque (…)”, de atrás del rebaño, pero uno sabe que uno viene caminando de mucho más atrás del rebaño, soñando en encontrar los pasos de Jesús, en dar todo.

Su fe, su confianza, su convicción lo lleva a afirmar, que este encuentro con Jesús, es en cierta medida, como un nuevo bautismo en la vida de la gente, y sentir que Dios a uno le regala, a veces ser el agua, otra vez la pila bautismal, a veces el ministro que es testigo, o que enciende esa llama, reencontrarnos con esa fuerza del llamado de Jesús. Hace que uno, no haga más que agradecer, un Dios que está vivo, que está presente, en un Dios que en medio de la guerra se hace paz, porque la transmitimos y la buscamos en la serenidad, que intentamos tener al corazón que hace encuentro de nuevas personas que ya le decimos amigos.

La labor pastoral, no tiene horarios para el Padre Soto, el mismo nos cuenta, en el nombre del Padre, en el oído al sacerdote, Dios se hace presente, cuando no hay horarios, cuando se golpea la puerta del cura en cualquier momento, cuando los mensajes de texto van a cualquier hora para pedir palabras, llorar, para rezar juntos, para sacar a Jesús  del Sagrario de los lugares en donde lo tenemos y poder hacer un momento de buscar aquel que dice, palabras que nosotros por la atención no sabemos decir.

Ese desafío, le permite a nuestro Capellán, reencontrarse con esa fe fundacional, puntualmente dice, una fe que necesita ser, fe de encuentro, fe de reconciliación, fe de iglesia, fe allanar los caminos, fe como dice el Santo Padre y también lo repite tanto nuestro Obispo, fe que nos lleve a los pastores a tener ese olor oveja particular. Ovejas que en nuestro ambiente castrense, tiene la particularidad de ser olor a la vida del uniforme, que se llena desde el corazón, no solamente con la dureza y el entrenamiento, sino siendo cada vez mejor persona y para ser mejor persona hay que encontrarse con Dios.

Expuesta esta revelación, el Padre Sebastián, cuenta, mi experiencia, es la experiencia de la gratitud, la experiencia de saber que Dios nos pide más, la experiencia de saber que, los milagros existen y siguen existiendo, y que los milagros los construimos desde la humildad. Dejando que esa semilla que Dios quiere sembrar en el corazón, que encuentra tierra, el se encargara de cuidarlo, pero decir sí.

Estar en esta porción del mundo, en una tarea misionera, donde los hermanos deben trabajar para la paz, estando lejos de casa, de nuestra tierra, exige sin dudas mucha vocación, por ello, quisimos preguntar, cómo vive esta labor aquí. En la misión de paz uno escucha sí, sí que se expresan en los hechos simples, donde el templo tiene de techo el cielo, donde las horas tienen otros trasfondo, donde se sale y esperamos que vuelvan, donde la distancia se hace proximidad desde el cariño y desde la fe, es vivirla cuando uno hizo los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, no para el termino de un mes sino seis meses de Gracia.

Por último afirma, esa es mi experiencia, esa es mi felicidad, pero francamente mi desafío, porque Dios da para que uno también a partir de ver, le muestre el camino a otros. Dios nos permite entonces no enfriar jamás el fuego que encendió en nuestros corazones, no acallar nuestros labios, porque nosotros, hemos visto y hemos oído.-