obcastrensearg_papa francisco estudio apostólicoPapa Francisco | El amor de Cristo no es un sentimiento superficial, la frase la mencionó en este sexto domingo de Pascua, Francisco se presentó en la ventana del estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para rezar el Regina Coeli con los fieles reunidos en la plaza de San Pedro. El Santo Padre subrayó hablando de ese amor de Cristo, es una actitud fundamental del corazón, que se manifiesta en vivir como Él quiere. Jesús nos pide que guardemos sus mandamientos, que se resumen en esto: “que se amen los unos a los otros como yo los he amado” (v. 12).

Ampliando Papa Francisco nos enseña que nosotros debemos amar como Jesús, pero, este amor por los demás no puede reservarse para momentos excepcionales. Por último, nos advirtió que la Eucaristía, tiene el propósito de formar en nosotros el Corazón de Cristo, para que toda nuestra vida esté guiada por sus actitudes generosas

A continuación compartimos la interpretación del italiano al castellano del mensaje de Su Santidad Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En esta temporada de Pascua, la Palabra de Dios continúa mostrándonos formas de vida coherentes para ser la comunidad del Señor Resucitado. Entre ellos, el Evangelio de hoy presenta la entrega de Jesús: “Permanece en mi amor” (Jn 15, 9): permanecer en el amor de Jesús. Morar en la corriente del amor de Dios, tomar residencia permanente, es la condición para asegurarnos de que nuestro amor no pierda su ardor y su audacia en la calle. Nosotros también, como Jesús y en Él, debemos recibir con gratitud el amor que viene del Padre y permanecer en este amor, tratando de no separarnos del egoísmo y el pecado. Es un programa exigente pero no imposible.

Antes que nada, es importante darse cuenta de que el amor de Cristo no es un sentimiento superficial, no, es una actitud fundamental del corazón, que se manifiesta en vivir como Él quiere. Jesús afirma: “Si guardas mis mandamientos, permanecerás en mi amor, como guardo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (v. 10). El amor se realiza en la vida cotidiana, en las actitudes, en las acciones; de lo contrario, es solo algo ilusorio. Son palabras, palabras, palabras: eso no es amor. El amor es concreto, todos los días. Jesús nos pide que guardemos sus mandamientos, que se resumen en esto: “que se amen los unos a los otros como yo los he amado” (v. 12).

¿Cómo podemos hacer que este amor que el Señor resucitado nos da pueda ser compartido por otros? Jesús ha indicado repetidamente quién es el otro para amar, no en palabras sino con hechos. Él es el que encuentro en mi camino y quien, con su rostro y su historia, me llama; él es quien, con su propia presencia, me aleja de mis intereses y mis certezas; él es quien espera mi disposición a escuchar y hacer un trozo del camino juntos. Disponibilidad para cada hermano y hermana, quienquiera que sea y en cualquier situación que sea, empezando por aquellos cercanos a mí en la familia, en la comunidad, en el trabajo, en la escuela … De esta manera, si permanezco unido a Jesús, su amor puede alcanzar el otro y atraerlo a él, a su amistad.

Y este amor por los demás no puede reservarse para momentos excepcionales, sino que debe convertirse en la constante de nuestra existencia. Es por eso que se nos llama, por ejemplo, a proteger a los ancianos como un tesoro precioso y con amor, incluso si crean problemas económicos y dificultades, pero debemos protegerlos. Es por eso que los enfermos, incluso en la última etapa, deben brindar toda la asistencia posible. Esta es la razón por la que los niños por nacer son siempre bienvenidos; por eso, en última instancia, la vida siempre debe ser protegida y amada desde la concepción hasta su ocaso natural. Y esto es amor

Somos amados por Dios en Jesucristo, quien nos pide que nos amemos como Él nos ama. Pero no podemos hacer esto si no tenemos nuestro propio Corazón en nosotros. La Eucaristía, a la que estamos llamados a participar todos los domingos, tiene el propósito de formar en nosotros el Corazón de Cristo, para que toda nuestra vida esté guiada por sus actitudes generosas. Que la Virgen María nos ayude a permanecer en el amor de Jesús y crecer en amor para todos, especialmente los más débiles, para corresponder plenamente a nuestra vocación cristiana.