Buenos Aires | En nuestra Patria, estamos necesitados de justicia y de verdad, claves para la paz, la síntesis se desprende de la Homilía brindada por Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina durante la celebración de Santa Misa, en el Santuario de Ntra. Sra. de Luján, al concluir la XVII Peregrinación Castrense a Luján.  El 3 de octubre del presente, las Fuerzas Armadas y las Fuerzas Federales de Seguridad y toda la familia Diocesana Castrense de Argentina peregrinaron a la Basílica de Ntra. Sra. de Luján.

Presidio la Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina, concelebraron, el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, el Capellán Mayor del Ejército, Padre Eduardo Castellanos, el Canciller Castrense y Capellán Mayor de la Armada, Padre Francisco Rostom Maderna, el Capellán Mayor de la Fuerza Aérea, Padre César Tauro, Capellán Mayor de GNA, Padre Jorge Massut, el Capellán Mayor de PNA, Padre Diego Tibaldo, el Capellán Mayor de la PSA, Pbro. Rubén Bonacina y Capellanes Castrenses.

Asistieron autoridades de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad, efectivos y familia Diocesana Castrense, además participaron autoridades del Ministerio de Defensa, de la Secretaria de Relaciones y Culto y el Sr. Intendente de la ciudad de Luján. Es de destacar, que durante la celebración se leyeron las cartas del Señor Presidente de la República Argentina, Ing. Mauricio Marcri, y del Encargado de Negocios a.i., de la Nunciatura Apostólica Buenos Aires, Mons. Aliaksandr Rahinia.

En la Homilía, Mons. Santiago Olivera declaró, “en esta décimo séptima peregrinación renovamos la certeza que “bajo la maternal mirada de María servimos a la Patria y que de su mano vamos a Jesús”. Seguidamente, se refería a los peregrinos destacando, “los Obispos latinoamericanos nos han compartido que es en <<las peregrinaciones, donde se puede reconocer al Pueblo de Dios en camino. Allí el creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de tantos hermanos, caminando juntos hacia Dios que los espera (…).

La decisión de partir hacia el santuario ya es una confesión de fe, el caminar es un verdadero canto de esperanza, y la llegada es un encuentro de amor>>”.

También, el Obispo Castrense de Argentina se refirió a la importancia del concretar esta nueva peregrinación, revelándonos, “en la herencia de la fe de nuestros mayores, de nuestras familias, de nuestras Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad, y en la fe de nuestra Argentina con su rica historia mariana venimos a la Casa de Luján, con lo que tenemos y somos. Con nuestras alegrías y nuestros sueños. Con nuestros miedos y esperanzas.   Con nuestros anhelos y desencuentros, con nuestros deseos de una Patria más fraterna”.

Al mismo tiempo, Mons. Santiago Olivera, nos reveló, “nuestro camino de fe, sin duda que está unido de manera indisoluble a María. Jesús, muriendo en la cruz, nos la dejó como Madre: “He ahí a tu madre”. En el momento más importante donde Jesús nos “revela claramente, su “amor hasta el extremo” nos deja el testamento más importante, nos deja a María, su Madre”.

Profundizando aún más, nuestro Obispo destacó, la Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras (…)”.

En presencia de nuestra Santa Patrona del Obispado Castrense de Argentina y nuestra Patria, le dijo, Madre, una imagen tuya irá camino a nuestra Iglesia hermana de Gran Bretaña, esta imagen que está hoy aquí entre nosotros, estará en la Catedral Castrense de Aldershot, en el Reino Unido,  antes el Santo Padre la bendecirá en Roma.  Otra imagen que peregrinó durante la triste Guerra del 82, con nuestro Capellán Castrense, Monseñor Puyelli a las Islas Malvinas, fue llevada al Reino Unidos, y en estos tiempos por las iniciativa de nuestros hermanos de la “fe del Centurión” y de la Iglesia en Argentina, y sin duda por la docilidad y disponibilidad de nuestro hermano Paul Mason, Obispo Castrense de Gran Bretaña, aquella imagen “vuelve a casa”, trayéndonos el recuerdo de tantas vidas argentinas, algunas que derramaron su sangre por la Patria y quedaron allí como signo y fecundidad de tiempos nuevos y futuros”.

Continuando, subrayó, “vuelve la imagen de María, que recorrerá nuestra tierra, deseamos que su presencia entre nosotros con los colores de su manto celeste y blanco, sean signo y causa de encuentro y  verdadera fraternidad”. Avanzando en el final de su Homilía, Mons. Santiago Olivera nos recordó, “pedimos en la oración: “Queremos ser Nación, una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad…”, y necesitamos la verdad en nuestra Patria, la verdad en la mirada y de la historia, la verdad de las propuestas y futuro, la verdad (…). Estamos necesitados de justicia y de verdad, claves para la paz”.

 

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A continuación compartimos con ustedes en forma textual la Homilía brindada por Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

Peregrinación Diocesana a Luján

3 de octubre de 2019

 

Con mucha alegría volvemos como Peregrinos a la Casa de María en Luján.

En esta decimo séptima peregrinación renovamos la certeza que “bajo la maternal mirada de María servimos a la Patria y que de su mano vamos a Jesús”

Los Obispos latinoamericanos nos han compartido que es en “las peregrinaciones, donde se puede reconocer al Pueblo de Dios en camino. Allí el creyente celebra el gozo de sentirse inmerso en medio de tantos hermanos, caminando juntos hacia Dios que los espera. Cristo mismo se hace peregrino, y camina resucitado entre los pobres. La decisión de partir hacia el santuario ya es una confesión de fe, el caminar es un verdadero canto de esperanza, y la llegada es un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio. También se conmueve, derramando toda la carga de su dolor y de sus sueños. La súplica sincera, que fluye confiadamente, es la mejor expresión de un corazón que ha renunciado a la autosuficiencia, reconociendo que solo nada puede. Un breve instante condensa una viva experiencia espiritual”.[1]

En la herencia de la fe de nuestros mayores, de nuestras familias, de nuestras Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad, y en la fe de nuestra Argentina con su rica historia mariana venimos a la Casa de Luján, con lo que tenemos y somos. Con nuestras alegrías y nuestros sueños. Con nuestros miedos y esperanzas.   Con nuestros anhelos y desencuentros, con nuestros deseos de una Patria más fraterna.                                                             

Nuestro camino de fe, sin duda que está unido de manera indisoluble a María. Jesús, muriendo en la cruz, nos la dejó como Madre: “He ahí a tu madre”. En el momento más importante donde Jesús nos “revela claramente, su “amor hasta el extremo” nos deja el testamento más importante, nos deja a María, su Madre. Y María se tomó bien en serio este regalo de su Hijo a los demás hijos suyos que en Juan recibía. En aquella hora en la que la fe de los discípulos pasaba por distintas pruebas e incertidumbres reciben a aquella “Mujer” que fue la primera en creer, y cuya fe no decaería jamás.  Reciben en esos difíciles momentos a la Mujer del Sí, sin vacilaciones, a la Mujer fuerte, a la Mujer dócil.

El Santo Padre Francisco ante este texto evangélico nos recuerda que el corazón herido de María se ensancha para acoger a todos los hombres, buenos y malos, y los ama como los amaba Jesús. La mujer que en las bodas de Caná de Galilea había cooperado con su fe a la manifestación de las maravillas de Dios en el mundo, en el Calvario mantiene encendida la llama de la fe en la resurrección de su Hijo, y la comunica con afecto materno a los demás. María se convierte así en fuente de esperanza y de verdadera alegría.

La Madre del Redentor nos precede y continuamente nos confirma en la fe, en la vocación y en la misión. Con su ejemplo de humildad y de disponibilidad a la voluntad de Dios nos ayuda a traducir nuestra fe en un anuncio del Evangelio alegre y sin fronteras…

 A ella confiamos nuestro itinerario de fe, los deseos de nuestro corazón, nuestras necesidades, las del mundo entero, especialmente el hambre y la sed de justicia y de paz.[2]

El corazón herido de María se ensancha para acoger a todos los hombres, buenos y malos, y los ama como los amaba Jesús. ¡Que consoladoras son estas palabras del Papa Francisco! Y así venimos a esta casa Mariana, a este Santuario de Luján, donde hay lugar para que todos podamos sentirnos en casa.

Madre, una imagen tuya irá camino a nuestra Iglesia hermana de Gran Bretaña, esta imagen que está hoy aquí entre nosotros, estará en la Catedral Castrense de Aldershot, en el Reino Unido,  antes el Santo Padre la bendecirá en Roma.  Otra imagen que peregrinó durante la triste Guerra del 82,  con nuestro Capellán Castrense, Monseñor Puyelli a las Islas Malvinas, fue llevada al Reino Unidos, y en estos tiempos por las iniciativa de nuestros hermanos de la “fe del Centurión” y de la Iglesia en Argentina, y sin duda por la docilidad y disponibilidad de nuestro hermano Paul Mason, Obispo Castrense de Gran Bretaña, aquella imagen “vuelve a casa” , trayéndonos el recuerdo de tantas vidas argentinas, algunas que derramaron su sangre por la Patria y quedaron allí como signo y fecundidad de tiempos nuevos y futuros. Vuelve la imagen de María, que recorrerá nuestra tierra, deseamos que su presencia entre nosotros con los colores de su manto celeste y blanco, sean signo y causa de encuentro y  verdadera fraternidad.

Virgen de Luján, Madre de Jesús, estuviste firme al Pie de la Cruz. Hoy sos el rostro de la Iglesia materna que nos acoge y recibe, que sana y venda nuestras heridas.

Ponemos en tus manos de Madre, nuestras vidas y nuestra Patria. Rezamos en varias oportunidades y hoy la renovamos: “Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos”.

Tú sabes de nuestras necesidades:

 Necesitamos de tu alivio y fortaleza

Del amor sin excluir a nadie, amando sin límite, perdonando a todos.

 Cercanos a los más pobres, a todos, a los enfermos, a los cansados y desanimados, a los encarcelados, a los que están solos, a los que esperan justicia…

  Pedimos en la oración: “Queremos ser Nación, una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad…”, y necesitamos la verdad en nuestra Patria, la verdad en la mirada y de la historia, la verdad de las propuestas y futuro, la verdad…     Estamos necesitados de justicia y de verdad, claves para la paz.

María, desde Luján, confiados, renovamos como Iglesia Diocesana y como pueblo argentino, nuestro compromiso por el bien común.

Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos…ponemos en Ti la mirada, y escuchamos a María que como en Caná nos dice: “Hagan lo que Jesús les diga”

Nuestra Señora de Luján, Madre y Patrona de nuestra Patria Argentina, ruega por nosotros.

+Santiago Olivera

Obispo para las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad

[1] Documento de Aparecida número 259

[2] Homilía del Papa Francisco, 1 de enero de 2014.

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