Buenos Aires | Renueven su vocación, asumiendo su tarea como un llamado de Dios para servir a los hermanos, así lo pedía el Capellán Castrense, Padre Luis Alberto Luna, al celebrar Misa de Acción de Gracia en el día internacional de la Enfermera. Fue el pasad jueves, en la Capilla del Hospital Naval Puerto Belgrano, donde asistieron nuestras hermanas Enfermeras, ese día, y como cada 21 de noviembre, desde 1935 se conmemora la fecha de fundación de la Federación de Profesionales Católicas de Enfermería y el día de los enfermeros en Argentina instituido por el Ministerio de Salud de la Nación.

El Padre Luis Alberto Luna, les señaló, “lo invitó a renovar su vocación, asumiendo la misma como un llamado de Dios para servir a los hermanos enfermos aliviando y sanando sus dolencias. Ser buen enfermero no significa solamente saber colocar una vía, es mucho más que eso”.

Profundizando esa misión tan importante, les recordó que su labor también es, “saber estar, contener y tratar con el dolor del enfermo, es reconocer y asumir que soy parte importante del entorno del paciente. Soy el soporte fundamental del tratamiento. Tratamiento que el médico deposita con total confianza en las manos y la conciencia del enfermero”.

En final de sus palabras, el Capellán Castrense, les pidió, “reconozcan que son instrumentos de Dios que puso en ustedes esta vocación y los llamo a servirlo en el enfermo. Reconcíliense con su vocación, asumiendo que es un llamado de Dios”. Seguidamente, en el momento de Acción de Gracia, el Padre Luis Alberto Luna, bendijo las manos de nuestros enfermeros, rezando además la oración de los enfermeros.

En el final de la Eucaristía, las Hermanas religiosas, entregaron una serie de presentes para cada sector del Hospital Naval Puerto Belgrano. Antes de retornar cada uno sus actividades profesionales en el nosocomio castrense, todos sellaron la jornada, con una foto conmemorativa en el atrio de la Capilla.

 

ORACIÓN DE LA ENFERMERA

Señor Jesús, quiero que seas luz en mis conocimientos profesionales y que sigas siendo el Señor de mi vida cuando tenga bajo mi cuidado esos seres humanos que necesitan de mi ayuda; gracias por hacer de mí una enfermera dispuesta a dar lo mejor de sí misma.

Gracias por ser tú el maestro, mi fuente de inspiración, mi guía, mi Señor.

Dame Señor Jesús vida en la salud que llevo a los enfermos, esperanza en las palabras de consuelo, camino en mis pasos para aliviar el dolor del otro, mi prójimo, mi paciente, mi hermano en Jesús.

Gracias por esta felicidad que me embarga hoy, gracias por fortalecerme en los momentos difíciles, cuando me vi angustiada y desesperada, gracias por tenderme tu mano y con tu mirada serena invitarme a intentarlo otra vez y a no desfallecer.

JESÚS enfermero de todos, yo te cuidaré en cada uno de los hermanos que sufren.

Bendice a todos los enfermos, fortalécelos en la enfermedad. Concédeme amar y ser generosa cuando cuide de ellos, dadme paciencia para ayudar a los que sufren, fuerza y valor para ayudar a los que lloran, pero sobre todo continúa dándome amor y seguridad al ofrecer mi cuidado y por favor nunca permitas que por cansancio, negligencia o falta de gestión coloque en riesgo la vida de mi paciente.

Haz siempre Señor de mí una enfermera humilde, amorosa de su profesión y de lo que hace. No olvides Señor que quiero tenerte siempre cerca de mí, sobre todo en las noches que pasaré al lado de mis enfermos, vela conmigo señor.

Bendice a mis enfermos, mis seres queridos, mis profesores, compañeros y amigos y bendíceme a mí, yo también te bendigo SEÑOR JESÚS por siempre.

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