CABA | Deseamos renovar el modo de amar del Señor, expresado tan certeramente en su Corazón abierto, la declaración le pertenece al Obispo Castrense de Argentina, Mons. Santiago Olivera siendo parte de su Homilía brindada en la Santa Misa. Fue en la mañana de hoy, en la Iglesia Catedral Castrense Stella Maris, en la Misa de Acción de Gracia por el 62° Aniversario de la creación de nuestra Diócesis Castrense, en donde además, el Obispo consagró nuestro Obispado, al Sagrado Corazón de Jesús.

 

Presidió la Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina, concelebraron, el Vicario General Castrense, Mons. Gustavo Acuña, el Canciller Castrense y Capellán Mayor de la Armada, Padre Francisco Rostom Maderna, el Rector de la Catedral Castrense, Padre Diego Pereyra y Capellanes Castrenses, Padre Pablo Vilca, Padre Enrique Alberto Sanguier Fonrouge, Padre Ricardo González, Padre Sergio Fernández.

A continuación compartimos en forma textual la Homilía brindada por Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

 

Misa del Sagrado Corazón de Jesús

Aniversario de la Creación del Vicariato Castrense, hoy Obispado.

28 de Junio de 2019, Catedral Stella Maris, Buenos Aires.

Ezequiel 34,11-16

Romanos 5, 5b-11

Lucas 15, 3-7

 

Celebramos hoy la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Ya por sí nos basta el encuentro y la Solemne Eucaristía para contemplar agradecidos el Amor hasta el extremo de Jesús. Y es una excelente oportunidad y gracia para Consagrarnos al Corazón Sagrado de Jesús. Pero también sumamos a esta fiesta el recuerdo agradecido porque un 28 de junio de 1957 el acuerdo entre la Santa Sede y el Gobierno Argentino para atender el cuidado espiritual de los militares constituye el Vicariato Castrense. Hoy es el Obispado para las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad.

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: Dios nos ama sin límites, Dios se manifiesta en Jesús, “es el Dios con nosotros”, Jesús es el rostro del Dios Amor, y el Corazón de Jesús es signo claro de ese amor que se entrega y se ofrece por nuestro rescate, para nuestra salvación. Esta fiesta nos da la posibilidad de renovar la certeza de que Jesús pasa por nuestra vida amando, pasa sanando, pasa liberando, y también podemos constatar tristemente lo que Jesús experimenta, según nos contó Santa Margarita María de Alacoque, que es el desprecio, la ingratitud y la irreverencia de muchos de los hombres.

Los que Amamos a Jesús, debemos avivar el deseo de reparación, de amar por los que no aman, de corresponder a su amor por los que no corresponden. Queremos consagrarnos y consagrar nuestra Diócesis para Amar como Jesús, que ama a todos y ama siempre. Queremos consagrarnos para ser en medio del mundo Testigos de ese amor.  Pero también valientes defensores por amor de la verdad y la justicia.

Sabemos que nuestra humanidad frente al desamor de los otros se resiente, pero como cristianos debemos amar sin condiciones, debemos amar como nos muestra el Evangelio que hemos proclamado hoy, dejar las 99 ovejas parece demasiado. ¿Es posible cambiar una por 99? Y sin embargo este es el modo de Jesús, su Corazón es grande, en su corazón entramos todos.  Aún aquellos que se burlaban, que no lo aceptaban, que lo calumniaban y que lo difamaban ¿Y en el nuestros quiénes entran?

Esta es la Fiesta propicia en la cual sabiéndonos amados así por Jesús, renovados, reemprendemos el camino, muchas veces hemos experimentado situaciones parecidas, miembros de nuestra familia Diocesana, han experimentado la soledad, la ingratitud, detenciones injustas, prisiones preventivas largas y fuera de la ley, enfermedades, entregas de la vida por la Patria no valoradas en su real y justa medida, también como Obispo Diocesano Castrense y la misma Diócesis hemos tenido la gracia de ser asociados a muchas calumnias y mentiras, pero queremos Amar como Jesús, por eso nos queremos consagrar.

Deseamos renovar el modo de amar del Señor, expresado tan certeramente en su Corazón abierto.  Señor queremos que nos ilumines, que nos adviertas de nuestros peligros, que nos ayudes en nuestras tentaciones, que nos alientes en nuestros contratiempos.

Concédenos Señor ser testigos más valientes, para que nuestra vida sea un auténtico testimonio de nuestra fe. Que sepamos Señor pedir perdón sinceramente de nuestros pecados como así también perdonar siempre, porque es el amor de Dios lo que nos ha salvado de nuestras miserias, egoísmos y soberbias.

Agradezco la presencia de los capellanes de las distintas Fuerzas que concelebran esta Eucaristía y a los fieles que han querido compartir la celebración.

María, Madre del Amor, mujer del sí generoso, recibe el deseo de nuestra Diócesis Castrense de Amar a tu Hijo Jesús sin reservas, Amando a los hermanos, a todos sin exclusión.

Sagrado Corazón de Jesús, en Ti Confiamos y a ti nos acogemos.

 

+ Mons. Santiago Olivera

Obispo para las Fuerzas Armadas y

Fuerzas Federales de Seguridad de la

República Argentina

Obispado Castrense

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