CABA | En este día brocheriano, debemos renovar nuestra vocación a ser anunciadores del Evangelio, en nuestra realidad

Publicado el16 marzo, 2020

CABA | En este día brocheriano, debemos renovar nuestra vocación a ser anunciadores del Evangelio, en nuestra realidad, así lo manifestaba Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina al compartir su Homilía durante la celebración Eucarística en el día de San José Gabriel del Rosario Brochero. En la mañana del 16 de marzo, presidió Santa Misa, Mons. Santiago Olivera en la Catedral Castrense, Stella Maris, concelebraron, el Vicario General Castrense, Mons. Gustavo Acuña, el Canciller y Capellán Mayor de la Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Maderna, el Capellán Mayor del Ejército Argentino, Padre Eduardo Castellanos, el Capellán Mayor de FAA, Padre César Tauro, el Capellán Mayor de GNA y Vicario de Pastoral, Padre Jorge Massut, el Capellán Mayor de PNA, Padre Diego Tibaldo, el Capellán Mayor de PSA, Padre Rubén Bonacina, el Rector de la Catedral Castrense, Stella Maris, Padre Diego Pereyra y el Capellanes Castrenses, Padre Daniel Díaz Ramos y el Padre Santiago García del Hoyo.

San José Gabriel del Rosario Brochero, Catedral Castrense, Stella Maris.-

En su mensaje, Mons. Olivera decía, “un día como hoy, hace 180 años nacía en Santa Rosa del Río Primero, Córdoba -José Gabriel del Rosario Brochero- este hombre de Dios, profundamente humano, hombre encarnado, con los pies en la tierra, pero con la mirada puesta en el cielo, la mejor síntesis de los Santos. Aquellos que hacen verdad a la lectura que hemos escuchado del Apóstol Pablo, << ¡Ay de mí si no evangelizara! (1ª Cor 9,16)>>, es decir la pasión de Brochero de anunciar el Evangelio”.

Al respecto, el Obispo Castrense de Argentina afirmaba, “determinación que, podríamos preguntarnos también hoy cada uno de nosotros, no solo los ministros que tenemos como misión y mandato concreto el de anunciar el Evangelio, sino todos los cristianos. Estamos llamados a hacerlo y deberíamos apropiarnos de esta expresión para nuestra propia vida con esta pasión, para hacer que todos los hombres y mujeres se encuentren con Jesús”.

Continuando, Mons. Santiago Olivera nos preguntaba, “¿para qué evangelizamos, para qué anunciamos el Evangelio? En la medida que entendemos que el Evangelio es buena noticia para nuestra vida, en la medida que entendemos que el Evangelio es el encuentro con Jesús, naturalmente, como la cara de una misma moneda surge la necesidad de anunciar. Cuando tenemos una buena noticia, cuando estamos alegres y gozosos, cuando hemos encontrado el verdadero tesoro, no podemos callar, no podemos ocultar, no podemos poner la luz debajo de la mesa, sino que ilumine”.

Agregando, nos pedía, “que podamos transitar en medio de las ciudades, de la vida y de las circunstancias que nos tocan, con la certeza y la confianza que Dios no se olvida de nosotros, que nos acompaña. Podemos anunciar el Evangelio en este tiempo de crisis, de pandemia, de temor y de miedo que hoy nos vuelve a presentar en este mundo tan pagado de sí mismo, que cree que termina todo aquí cuando el Señor sacude con la enfermedad, con posibilidad cierta de la muerte, nos tiene que hacer pensar en otra vida y en el cielo”.

Mons. Olivera en su mensaje, también se refirió al tiempo especial en que vivimos no solo a nivel país sino también en el mundo, así se refería, “estos sacudones, son tiempos de Gracia también para descubrir la verdad más profunda del hombre, que es justamente la salvación por la cual Dios envió a su Hijo para rescatarnos y para salvarnos y también motivo de nuestra evangelización. Evangelizamos para ser hombres y mujeres en la Patria del Cielo, no solo para ser simplemente hombres y mujeres buenos en esta tierra viviendo los valores del Evangelio”.

Avanzando, el Obispo dijo, “Brochero con solo dos años de ser Sacerdote, afrontó valientemente su misión, poniéndose al servicio de sus hermanos ante la epidemia de cólera en la ciudad de Córdoba, un buen ejemplo y modelo para nosotros los sacerdotes hoy. Pidamos al Santo Cura Brochero, el Santo que muy de Dios se encarnó y sufrió también la enfermedad, contagiándose la lepra, metiéndose en la miseria y en la enfermedad de su tiempo, que nos ayude a mantener para anunciar el Evangelio, confiando en la fuerza del Señor. Brochero es un buen testimonio, un buen ejemplo para nuestro tiempo y nuestra Patria, un hombre que vivió siendo amigo de todos, que llamó amigos a todos”.

Profundizando sobre San José Gabriel del Rosario Brochero, destacó que fue, “un hombre al que no le pudo la ideología, aquella como a veces en nuestro tiempo se quiere instalar, esta ideología que es ciega, que no deja dialogar, que mata, que presenta antivalores, que no piensa que hay otra vida. Brochero dialogó con todos, porque fue un hombre de fe, buscó salvar a todos, se mezcló entre todos como el Apóstol Pablo”.

Finalizando, Mons. Santiago Olivera decía, “ponemos en esta Eucaristía, la intención por nuestro país, por el encuentro, para que sepamos ver desde las circunstancias adversas y del dolor, que Dios quiere decirnos, que pongamos nuestra esperanza en el Señor, que podamos decir, El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Que así sea”.-

A continuación, compartimos en forma textual la Homilía de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

16 de marzo de 2020

Catedral Castrense, Stella Maris

Homilía de Mons. Santiago Olivera

Celebración de San José Gabriel del Rosario Brochero

Patrono del Clero Argentino

 

Celebramos hoy a nuestro Santo Patrono del Clero Argentino, San José Gabriel del Rosario Brochero, quien por Gracia de Dios, además de nuestro patrono, ha sido propuesto como nuestro protector;por esolo estamos celebrando litúrgicamente como Fiesta, junto al clero castrense.

Un día como hoy, hace 180 años nacía en Santa Rosa del Río Primero, Córdoba, este hombre de Dios, profundamente humano, hombre encarnado, con los pies en la tierra, pero con la mirada y el corazón en el cielo, la mejor síntesis de los santos;aquellos que,“hacen verdad”  la lectura que hemos escuchado del Apóstol Pablo diciendo: “¡Ay de mí si no evangelizara! (1ª Cor 9,16)”, es decir la pasión de Brochero por anunciar el Evangelio; podríamos preguntarnos también hoy, cada uno de nosotros, -no sólo los ministros, que tenemos como misión y mandato concreto, anunciar el Evangelio-, sino todos los cristianos, estamos llamados a hacerlo y deberíamos apropiarnos de esta expresión, con nuestra propia vida, con esta pasión, para hacer que todos los hombres y mujeres se encuentren con Jesús.

¿Para qué evangelizamos, para qué anunciamos el Evangelio?

 En la medida que entendemos que el Evangelio es buena noticia para nuestra vida, en la medida que entendemos que el Evangelio es“encuentro con Jesús”, naturalmente, como la cara de una misma moneda, surge la necesidad y la avidez de anunciarlo; porquecuando tenemos una buena noticia, cuando estamos alegres y gozosos, cuando hemos encontrado el verdadero tesoro, no podemos callar, no podemos ocultar, no podemos poner la luz debajo de la mesa, sino dejar que ilumine… y en este día “brocheriano” digamos, podemos como “renovar”, nuestra vocación a ser anunciadores del Evangelio: En nuestra realidad, en nuestro ambiente, en nuestro trabajo, en nuestra familia. Anunciadores del Evangelio en nuestra vida en primer lugar, que damos razón de nuestra esperanza, que nos sitúa, como lo rezábamos en el Salmo, en esta convicción de saber que “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar”; que podemos transitar en medio de las ciudades, de la vida y de las circunstancias que nos tocan, con la certeza y confianza en que Dios no se olvida de nosotros y nos acompaña. Podemos anunciar el Evangelio en este tiempo de crisis, de pandemia, de temor y de miedo que hoy nos vuelve a presentar este mundo tan cerrado en sí mismo, que cree que termina todo aquí, pero que cuando el Señor sacude con la enfermedad, con la posibilidad cierta de la muerte, nos tiene que hacer pensar justamente en otra vida y en el Cielo; podríamos ayudar entonces, a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a volver su mirada a Dios para que puedan decir también: “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar”.

El mundo sabe que todo termina y que todo es pasajero, sin embargo a veces, la cultura de nuestro tiempo intenta como “instalarse”, acomodarse, buscando bienes materiales, viviendo sin Dios e incluso ocultándolo.

Estos sacudones que estamos viviendo, son también tiempos de Gracia, para descubrir la verdad más profunda del hombre, que es justamente la salvación; Dios envió a su Hijo para rescatarnos y para salvarnos, es el motivo también de nuestra evangelización: Evangelizamos para ser hombres y mujeres en la Patria del Cielo, y  no para ser simplemente, hombres y mujeres buenos en esta tierra, viviendo los valores del Evangelio; vivimos el Evangelio de Jesús, para un día gozar en plenitud en Su presencia. ¡Ay de mí si no evangelizo!, justamente, para que los hombres y mujeres nos pongamos en camino, para un día poder gozar de la presencia del Dios, recuperando la voluntad del Padre, que era contemplarlo cara a cara, sin temores, sin muertes, sin enfermedades.

Ante la situación actual que estamos viviendo, es bueno recordar que Brochero, con sólo dos años de ser Sacerdote, afrontó valientemente su misión, poniéndose al servicio de sus hermanos, ante la epidemia de cólera en la ciudad de Córdoba; un buen ejemplo y modelo para nosotros, los sacerdotes de hoy.

Pidamos al Santo Cura Brochero, este santo, que se encarnó y sufrió también la enfermedad, contagiándose la lepra, metiéndose en la miseria y en la enfermedad de su tiempo, que nos ayude a no temer para anunciar el Evangelio, confiando en la fuerza del Señor.

Brochero es un buen testimonio, un buen ejemplo para nuestro tiempo y nuestra Patria, un hombre que vivió siendo amigo de todos, que llamó “amigos”a todos. Un hombre al que no lo pudo la ideología, como a veces en nuestro tiempo se la quiere instalar; esta ideología que es ciega, que no deja dialogar, que mata, que presenta anti-valores, esta ideología que no piensa que hay otra vida. Brochero en cambio, dialogó con todos, porque fue un hombre de fe, buscó salvar a todos, se mezcló entre todos, como el Apóstol Pablo. Pidámosleentonces  al Señor que nos ayude, por la intercesión de este santo, a sabernos amigo suyo, y recordarnos la vida de la santidad a la cual estamos todos llamados, y también pidamos para que experimentemos su cercanía en nuestro suelo, para que desde la Patria del Cielo donde ya Brochero habita, pueda interceder por su primera Patria, donde tanto trabajó para su progreso y desarrollo.

Ponemos en esta Eucaristía, la intención por nuestro país, por el encuentro, para que sepamos ver en las circunstancias adversas y desde el dolor, lo que Dios quiere decirnos;que elevemos los ojos al cielo, que pongamos nuestra esperanza en el Señor, y que podamos decir con verdad “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar”. Que así sea.

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