CABA | Es razón de justicia, de calidad y también de honor defender, recordar la dignidad de aquellos que entregaron su vida y derramaron su sangre, así se refería el Capellán Mayor de GNA, Padre Jorge Massut, al celebrar Santa Misa en conmemoración de Gendarmes fallecidos en el atentado perpetrado hace 44 años en Tucumán. Todo sucedía el 28 de agosto de 1975, cuando el TC62 Hércules C130, perteneciente a la FAA (Fuerza Aérea Argentina) había partido de la I Brigada Aérea, El Palomar, con destino cubrir la ruta Buenos Aires-Tucumán, Tucumán- San Juan, San Juan-La Rioja y La Rioja-Buenos Aires.

En su primera escala, en el Aeropuerto Benjamín Matienzo, Tucumán, abordaron una importante dotación de Gendarmes que tenían destino de viaje nuestra provincia de San Juan. Mientras la nave carreteaba por la pista rumbo al despegue, el atentado se perpetraba con la detonación de una bomba activada a control remoto.

Lamentablemente, en el accidente, perdieron la vida, el Sargento Ayudante, Pedro Francisco Yañes, Sargento Ayudante, Juan Esteban Riveros, Cabo, Raúl Remberto Cuello, Cabo Evaristo Francisco Gómez, Cabo Juan Argentino Luna y el Cabo Marcelo Godoy. Al rememorarse un nuevo aniversario, el pasado miércoles 28 de agosto, en el Edificio Centinela de Gendarmería Nacional Argentina (GNA), en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), el Capellán Mayor de GNA, celebró la Eucaristía en conmemoración de la partida a la Patria celestial de nuestros hombres.

A continuación, compartimos una síntesis de la Homilía brinda por el Capellán Mayor de GNA, Padre Jorge Massut:

Honrar a nuestros camaradas caídos en cumplimiento del deber es una razón de justicia y para los cristianos también justicia y caridad. Todos los pueblos y todas las instituciones deben hacer memoria siempre, jamás perder la memoria de los acontecimientos ni mucho menos de los valores de aquellos hombres y mujeres que formaron parte de ella y que cumplieron su servicio.

Es razón de justicia, de calidad y también de honor defender, recordar la dignidad de aquellos que entregaron su vida y derramaron su sangre y también lo son de honor, dignidad por sus familias que entregaron a alguien que amaban, esposos, hijos, padres. Ellos, se vieron arrebatados de quienes amaban, convirtiéndose en semilla que cayeron en tierra, como dice Jesús, <<deben dar fruto>>.

Hoy al hacer memoria debemos pensar, si realmente honramos esa sangre derramada y primero sin olvidarnos, aprendiendo de ellos y cuidando lo que ellos cuidaron y protegieron. La defensa de la integridad de la nación, de la soberanía, de la constitución, aquello a lo que fueron mandados a cumplir.

Es por eso, que, hoy hacemos memoria, honramos y reconocemos aquellos hechos con este compromiso de nunca fallar, de nunca olvidar, de no deshonrar ese honor y aquella dignidad. Nuestra dignidad es reconocer todo lo que se ha realizado y jamás dejar de hacer memoria, de conmemorar, de valorar lo que otros hicieron bien.

Todo el ejercicio del cumplimiento de la misión en respuesta a una vocación asumida con total convicción, debe ser reconocido, el reconocerlo es un acto de dignidad nuestra, sin no lo hacemos es una indignidad. Cuando a un árbol se le corta la raíz, éste se seca y se muere, cortar las raíces es olvidar, cortar la raíz es no reconocer la dignidad de aquellos que vivieron y cumplieron con honor su servicio.

Hoy después de 44 años seguimos honrando a estos hermanos, continuamos enalteciendo a tantos otros, que en la historia reconocemos que dieron su vida, cumpliendo la misión encomendada. Protegiendo la bandera, la Patria y la sociedad. Es justo entonces, es un deber de caridad y es un compromiso ineludible jamás olvidarlos.

Ofrecemos el sacrificio de Cristo por ellos y para ellos, por su eterno descanso, para que su honor no quede mancillado, ni quede en el olvido, por su dignidad y por su honorabilidad y la de sus familias. También por nuestra dignidad y nuestro propio honor, para cuidar también si es necesario con nuestra vida, lo que ellos cuidaron y protegieron, para seguir honrando el testimonio que ellos nos legaron.

Que la Virgen, nuestra Madre, Patrona de GNA, Ntra. Sra. de Luján nos haga cuidar con fidelidad todos los dones de Dios, siendo administradores justos. Siendo prudentes de esos bienes, como lo son la Patria, como lo es la integridad de la sociedad de las familias.

Incentivando la sana camaradería, la dignidad del prójimo, de los hermanos y en especial, en este caso, la dignidad de estos, nuestros camaradas. Que así sea.

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