CABA | La Cuaresma es un tiempo en el cual, nos disponemos nuevamente para dejarnos mirar por Jesús, resonando en nuestro corazón la invitación a la conversión, el resumen se desprende de la Homilía compartida por Mons. Santiago Olivera durante la celebración de la Santa Misa en la Catedral Castrense, Stella Maris en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). En la mañana del miércoles 26 de febrero, presidió la Santa Misa con el rito de la bendición e imposición de las cenizas Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina, concelebraron, el Vicario General Castrense, Mons. Gustavo Acuña, el Capellán Mayor de la Armada y Canciller Castrense, Padre Francisco Rostom Maderna, el Rector de la Catedral Castrense, Stella Maris, Padre Diego Pereyra, el Capellán Mayor de FAA, Padre César Tauro, el Capellán Mayor de PSA, Padre Rubén Bonacina y los Capellanes Castrenses, Padre Daniel Díaz Ramos, Padre Sergio Danielis y el Padre Enrique Saguier Fonrouge.

En la Homilía compartida por el Obispo Castrense señalaba, damos gracias a Dios de comenzar este tiempo nuevo de la Cuaresma, en esta Eucaristía en donde recibiremos las cenizas en nuestra cabeza, signo de conversión”. Agregando, “el tiempo de la Cuaresma es un tiempo en el cual, nos disponemos nuevamente para dejarnos mirar por Jesús, para dejarnos contemplar por Él, resonando en nuestro corazón la invitación a la conversión”.

Continuando, Mons. Santiago Olivera, nos recordaba, <<Convierte y cree en el Evangelio>> vamos a escuchar cuando nos pongan las cenizas en la cabeza, conviértete significa volver nuestro corazón, nuestra inteligencia al Señor, volver nuestros pasos hacia Jesús. Creer en el Evangelio, supone que ese Evangelio sea vivido, Encarnado en nuestras actitudes, en nuestra vida, que no sea solo un solo leer de los labios, sino que sea una actitud frente a la vida y que ella anuncie y predique aquello que creemos”.

Profundizando en sus palabras, Mons. Olivera destacó, “Su Santidad Francisco nos invita en este tiempo nuevo, a salir de nuestra modorra, es decir a sacudirnos y para descubrir en primer lugar que este nuevo tiempo, es una Gracia para poder volver a Él. Para descubrir aquellas cosas que nos alejaron de Él, siendo cada vez más y mejores cristianos que no es otra cosa que una llamada a la santidad.

Además, el Obispo Castrense de Argentina, nos pidió que este nuevo tiempo, en esta Cuaresma también “(…) debemos contemplar la misericordia de Dios, que tiene su momento culmen, su plenitud, en la muerte y resurrección de Jesús. El Señor que nos amó hasta el extremo nos recuerda en la Cruz ese amor sin límites, esa contemplación de la misericordia, la contemplación del amor de Dios manifestado en Jesús es lo que nos preparamos actualizar y celebrar en la próxima Pascua”.

En final de su Homilía, Mons. Santiago Olivera nos decía, tenemos que volver a tener esa intimidad con el Señor, como dice Su Santidad Francisco, de corazón a corazón, esa oración que debe calar hondo en nuestra vida, que debe ingresar a nuestro corazón, pidamos esa Gracia. Y que el rito que vamos a realizar ahora, el de la imposición de las cenizas sea un verdadero compromiso, de transitar el camino hacia el Evangelio, hacia Jesús”.

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A continuación, compartimos en forma textual, la Homilía de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

26 de febrero, 2020

Homilía, Mons. Santiago Olivera
Obispo Castrense de Argentina
Catedral Castrense, Stella Maris

Damos gracias a Dios de comenzar este tiempo nuevo de la Cuaresma, en esta Eucaristía en donde recibiremos las cenizas en nuestra cabeza, signo de conversión. Tal como hemos escuchado en la oración Colecta y la Palabra de Dios, de verdadera conversión, quiera Dios que transitemos este nuevo tiempo por ese camino.
El Evangelio que hemos escuchado, nos invita justamente a vivir en verdad nuestra vida en relación con Dios. La justicia que no es practicada para quedar bien delante de los hombres, ni el ayuno, la limosna ni la oración son actos que se debemos realizar para quedar bien, sino para que manifiesten la hondura de nuestra relación con Dios.
El tiempo de la Cuaresma es un tiempo en el cual, nos disponemos nuevamente para dejarnos mirar por Jesús, para dejarnos contemplar por Él, resonando en nuestro corazón la invitación a la conversión. “Convierte y cree en el Evangelio” vamos a escuchar cuando nos pongan las cenizas en la cabeza, conviértete significa volver nuestro corazón, nuestra inteligencia al Señor, volver nuestros pasos hacia Jesús.
Creer en el Evangelio, supone que ese Evangelio sea vivido, Encarnado en nuestras actitudes, en nuestra vida, que no sea solo un solo leer de los labios, sino que sea una actitud frente a la vida y que ella anuncie y predique aquello que creemos.
Su Santidad Francisco nos invita en este tiempo nuevo a salir de nuestra modorra, es decir a sacudirnos y para descubrir en primer lugar que este nuevo tiempo, es una Gracia para poder volver a Él. Para descubrir aquellas cosas que nos alejaron de Él, siendo cada vez más y mejores cristianos que no es otra cosa que una llamada a la santidad.
Este tiempo favorable, de Gracia es para que, desde el interior y nuestra relación personal con Jesús, podamos descubrir aquellas cosas que todavía debemos dar lugar a Él, que tenemos que cambiar, que tenemos que transformar. Es el tiempo para renovarnos en la fe, de saber que es el Señor quien es el que transforma, si hay un corazón sincero para poder cumplir lo que Él quiere y lo que Él pide para con cada uno.
Damos gracias al Señor que nos regala este nuevo tiempo, siempre repito y me parece importante que no es uno más en nuestra vida, no podemos ir como poniendo, así como obstáculos al paso de los años. Sino un tiempo nuevo, de Gracia, de encuentro personal con Dios, de libertad, un tiempo de oración, de dejarnos ver por Jesús.
A la vez, es tiempo en el cual debemos contemplar la misericordia de Dios, que tiene su momento culmen, su plenitud en la muerte y resurrección de Jesús. El Señor que nos amó hasta el extremo nos recuerda en la Cruz ese amor sin límites, esa contemplación de la misericordia, la contemplación del amor de Dios manifestado en Jesús es lo que nos preparamos actualizar y celebrar en la próxima Pascua.
Tenemos que volver a tener esa intimidad con el Señor, como dice Su Santidad Francisco, de corazón a corazón, esa oración que debe calar hondo en nuestra vida, que debe ingresar a nuestro corazón, pidamos esa Gracia. Y que el rito que vamos a realizar ahora, el de la imposición de las cenizas sea un verdadero compromiso, de transitar el camino hacia el Evangelio, hacia Jesús.
Que podamos descubrir cómo fue nuestra vida en este tiempo, podríamos entonces, preguntarnos, cómo fue la Cuaresma el año pasado, cómo fue vivida nuestra Pascua. Qué cosas debemos ajustar, qué volver, qué tenemos que reflexionar, qué cosas debemos ofrecer y dar por un corazón abierto y libre para vivir realmente el Evangelio de Jesús. Que así sea.

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