CABA | No hay poder que pueda detenernos si el Señor toca el corazón y llama

Publicado el25 julio, 2020

CABA | No hay poder que pueda detenernos si el Señor toca el corazón y llama, así lo manifestaba el Obispo Castrense de Argentina, Mons. Santiago Olivera durante su homilía brindada en la Santa Misa en la ordenación Diaconal de Darío Joaquín Verón. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) la Catedral Castrense, Stella Maris, celebró Santa Misa, Mons. Olivera, Obispo Castrense de Argentina, quien señalaba que por las condiciones sanitarias que atraviesa nuestro país por la pandemia de COVID-19 esta celebración se realizaba sin presencia de fieles.

Pese a ello, nuestro Obispo saludó y destacó la presencia y acompañamiento de los Padres de Darío Verón, que se encuentran en Ituzaingó, Corrientes, así como sus familiares y amigos, todos, siguieron la transmisión a través del canal de YouTube de la Diócesis. A ellos les dijo, “(…) sentimos que los que nos están viendo, también están rezando con nosotros, no son solo espectadores, sino que hay también unidad de corazón, constatamos verdaderamente la comunión”.

En el comienzo de la celebración, Mons. Olivera convocó a nuestros Capellanes a la renovación de promesas Sacerdotal, pues como es de público conocimiento por la pandemia, no se pudo concretar la misma durante la semana santa. En ese momento, el Obispo Castrense de Argentina señaló, “renovemos nuestro corazón sacerdotal, descubriendo una vez más, que nuestro ministerio es para entregarlo al servicio de Dios en los hermanos”.

En su Homilía, Mons. Santiago Olivera decía, “para un Obispo siempre es motivo de mucha alegría poder ordenar Diáconos o Presbíteros”. Más adelante, señalaba, “Darío ha transitado un camino de escucha y ha respondido. Sin duda es un motivo de mucho gozo poder ordenarte hoy en la Solemnidad de Santiago Apóstol”.

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A continuación, compartimos Homilía de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

Fiesta de Santiago Apóstol

25 de julio de 2020

Ordenación Diaconal del Seminarista Darío Verón

Para un Obispo siempre es motivo de mucha alegría poder ordenar Diáconos o Presbíteros. Alegría porque se extiende el ministerio recibido con nuevos jóvenes que harán presente a Jesús en el servicio. Hoy damos gracias sinceras a Dios porque de nuestra familia diocesana el Señor ha llamado a un hijo suyo para que sirva a esta familia castrense. Una Iglesia particular, personal, en donde la realidad de la Diócesis se hace presente donde están los militares y los miembros de las Fuerzas Federales de Seguridad y también sus familias. A ellos y por ellos somos enviados. A ellos queremos servir y acompañar en su camino vocacional de entrega sin límites por amor a la Patria que se hace concreto por en el amor por cada uno de nosotros. Darío ha transitado un camino de escucha y ha respondido. Sin duda es un motivo de mucho gozo poder ordenarte hoy en la Solemnidad de Santiago Apóstol. Aprovecho este momento para agradecer todo el camino recorrido para tu formación en el Seminario Arquidiocesano de Mercedes-Luján, agradecemos a todos sus Obispos, en la persona de su Rector Padre Darío Kling y desde nuestro acompañamiento diocesano gracias a los padres Daniel Díaz Ramos y Diego Pereyra.

En este tiempo de pandemia donde por razones de salud no podemos compartir en presencia física la ordenación, como ha pasado en tantas otras Diócesis de nuestro país, pero nos unimos por los medios de comunicación que tenemos y experimentamos la verdadera comunión entre todos, sentimos que los que nos están viendo, también están rezando con nosotros, no son solo espectadores, sino que hay también unidad de corazón, constatamos verdaderamente la comunión. Y desde aquí un saludo muy especial a Graciela y Joaquín, la madre y padre de Darío y también a sus hermanos y hermanas, a sus tíos, en fin, a toda la familia y a sus amigos. Y por supuesto a los sacerdotes que están aquí y los que están presentes espiritualmente.

El Señor ha elegido a Darío con exclusividad, elección que no es para propio orgullo ni propio servicio, sino justamente, y este es el misterio, para hacer de su vida ofrenda, para hacer de su vida entrega, para hacer de su vida siempre postración y humildad, como vamos a ver en un rato…  para entregarse al servicio de Dios en el servicio a los hermanos.

El Señor sigue llamando, sigue tocando los corazones, sigue invitando; siempre, siempre Dios llama. Podrá haber tiempos más difíciles, pero nunca el Señor deja de llamar; por eso rezamos por las vocaciones; no para que Jesús llame con más fuerza o se acuerde, sino para que los jóvenes de este tiempo acallen otras voces y valientemente escuchen la voz del Señor que los invita a seguirlo y le digan: “aquí estoy, envíame” e inmediatamente dejen todo para seguir sus pasos.

También hoy es una propicia oportunidad para dar gracias a Dios por la oración de tantos fieles que responden con fidelidad al pedido de Jesús: “Rueguen al Dueño del campo que envíe más operarios para la mies”.

 No hay poder que pueda detenernos si el Señor toca el corazón y llama. Por eso damos gracias a Dios. Las vocaciones son respuesta del Dios providente y hay jóvenes que siguen respondiendo. Quizás el número pareciera poco, pero es mucho, aunque sea uno que responda con generosidad al proyecto de Dios en su vida y tenga la convicción de que, con Jesús, todo se puede. Nada se puede sin él.

Hemos escuchado en los Hechos de los Apóstoles lo que la Tradición da a los primeros diáconos de la Iglesia, es decir, a estos hombres que eligen, para que le den de comer a las viudas de origen griego, pobres e indefensas. No eligen sólo a siete hombres como para mano de obra, sino que eligen a hombres de fe, hemos escuchado, hombres piadosos, creyentes, para que atiendan a las que más sufren, para que se hagan cargo en nombre de todos para que le den el sentido de descubrir como en la comunidad cristiana, desde el comienzo, no se pueden desentender de las necesidades de los más pobres. Hay quejas, porque están desatendidas las viudas de los helenistas, es decir, de aquellos judíos que hablaban griego y entonces eligen a hombres para que las atiendan. Y esta será una verdad de siempre, un ministerio sobre el cual debemos volver una y otra vez. Debemos tener la capacidad, la hondura, una visión profunda y de largo alcance para descubrir lo que falta, cuando hay necesidad, cuando hay carencia, cuando hay dolor, cuando hay sufrimiento, cuando hay exclusión; ahí tiene que estar el diácono, ahí tiene que estar la Iglesia, que es diaconía. Ahí tiene que estar el ministro que es servidor.  El Diácono Darío en este tiempo será siempre el recuerdo y la alarma de lo que no podemos dejar de hacer, “acordarnos de servir a los más pobres”, y a no hacernos los distraídos. La dedicación y el amor a los más pobres nos saca de nuestra propia comodidad. Servir a los más pobres nos elige y nos exige salir de nosotros mismos.

La Caridad, signo constante de nuestro diaconado, se manifiesta en todo gesto de cercanía, con los que más necesitan con los excluidos con los que no cuentan para la sociedad. Nunca dejamos de ser Diáconos ni el Obispo ni los Sacerdotes. Podríamos preguntarnos. ¿A quiénes no debemos descuidar? ¿Quiénes están pidiendo nuestra ayuda? Esta pregunta debe encontrar respuestas valientes en nuestra Iglesia Diocesana.  

Los Diáconos serán el signo de la presencia de Jesús, que acompaña, sostiene y consuela. Allí donde hay dolor, el diácono en nombre de la Iglesia debe estar presente.

Los pobres son también los que necesitan alimentos, ropa y trabajo para vivir una vida digna, pero también los que necesitan ser invitados a acoger más y mejor el Evangelio. Son pobres, a quienes debemos amar siempre, los que viven en el odio, en la mentira, en la difamación, en las calumnias, en las murmuraciones, en la envidia, en la trampa y corrupción.  

Consagrados por la imposición de manos, practicada desde el tiempo de los Apóstoles, y estrechamente unidos al altar, cumplirás Darío el ministerio de la caridad en nombre del obispo.  Nunca olvides que es desde la Eucaristía, cumbre y fuente de la vida cristiana y que podrás amar y servir como Jesús quiere y te pide. La Eucaristía nos mueve al amor social, esta realidad está llamada a ser vivida por el diácono. Desde el altar la caridad. Si bien esto es un llamado a todos el Diacono está llamado particularmente por su propia ordenación. Con la ayuda de Dios deberás obrar de tal manera que te reconozcan como discípulo de aquel que no vino a ser servido sino a servir.

Con que delicadezas Jesús trataba al pobre, al excluido, al enfermo. El encuentro con Jesús los hacía dignos. Ese debe ser siempre tu y por supuesto nuestro ideal de servicio.

A la vez el diácono se compromete a rezar por la Iglesia y por todo el mundo. Te comprometes Darío entonces a prestar la voz a la Iglesia, a rezar por los que no tienen voz, a rezar por los que no rezan, a rezar por nosotros, a rezar por todos.  Pública y solemnemente te vas a comprometer a tomar de esa oración preciosa, que es la oración de la Iglesia, “liturgia de las horas” poniendo el sentimiento de ella antes que el propio. Nunca debemos olvidar que la oración es parte fundamental, “columna vertebral” de nuestro ministerio, rezamos y debemos rezar a ejemplo de Jesús y de nuestro santo amigo y Patrono del Clero en la Argentina, el Santo Cura Brochero: como él decía, rezar por ”los hombres del pasado del presente y por los del futuro”, cuanto consuela saber que somos fruto de la oración de nuestro Santo amigo.

Darío también te comprometes a vivir con un corazón no dividido, un corazón que ama a todos, que no ama sólo a algunos. Un corazón que sólo tiene la exclusividad del amor a Dios y desde Él, el amor a todos. Dios ama a todos sin excluir nunca a nadie y nos invita siempre a amar como Él. A algunos, los que el Señor quiere, llama para que amen a Dios con exclusividad primera y con todas las fuerzas y desde Dios amen a todos. Por eso, a veces me duele cuando algunos dicen “pero tendrían que casarse los curas”.  Es que no han entendido nada, no han comprendido el verdadero amor, no han comprendido la vocación, el llamado. Cuando el Señor toca el corazón y nos ama y nos llama, éste es nuestro amor, ésta es nuestra entrega y ese es el corazón que el Señor quiere, porque nos da la gracia de ser todo para Él.  Aún experimentado alguna vez nuestra fragilidad y nuestro pecado. El Señor siempre da la gracia. A Darío Dios lo ha llamado al diaconado, que será breve y transitorio, pero también le ha dado el don, el carisma, la gracia del celibato. Por eso los formadores no sólo disciernen la vocación a un estado de vida. Disciernen también si hay capacidad para tener un corazón totalmente entregado a Dios para vivir una vida célibe. Hoy también renovamos también nosotros este compromiso alegre y gozoso de entregarnos, porque el Señor nos miró con los ojos con amor y nos llamó.  Una vida célibe, plena y feliz, que nos da un corazón libre. No seremos ni debemos ser los solterones, amargados, cambiando el afecto de una mujer y de una propia familia por otros sustitutos. Nuestra libertad para la entrega y el servicio la da esa consagración de “solo a Dios”. Cuidado, tenemos que estar bien atentos para no poner el corazón en otros afectos que nos pueden hacer perder la disponibilidad para la entrega sin condiciones.

En esta particular vocación castrense, también un carisma propio para servir a las Fuerzas Armadas y a las Federales de Seguridad, nuestra disponibilidad no tiene límite territorial ni tiempos, porque debemos estar dispuestos a servir en la Patria y afuera de ella, si la Patria y la Iglesia lo requieren. Tenemos que estar dispuestos a servir aquí o allá el tiempo que se requiera. Diría que nuestra vocación castrense nos hace tener siempre la valija hecha, con carga bien ligera.  Quiera Dios que nuestra única ambición sea la de servir más y mejor a la causa del Evangelio.

Y según el querer de Jesús, que se manifiesta en el diálogo con Santiago y Juan, pero que es enseñanza para todos, la madre pidió los mejores puestos para sus hijos, los otros apóstoles escucharon y se enojaron, ahora escuchan que el camino será beber el cáliz, la entrega toda, la vida sin retaceos, y la autoridad será manifestada en servicio, el que quiera ser grande y primero debe convertirse en servidor y en esclavo. Este es el camino, esta es la propuesta. Seguramente nos consuelen las palabras del Apóstol Pablo: somos recipientes de barro…. Pero el Señor nos da la gracia, el Señor nos anima y nos sostiene. Estamos llamados a entregar todo, y querido Darío, todo es, todo. Lo que debemos llevar es el Evangelio, los modos y los sentimientos de Jesús con un profundo y sincero amor a la Iglesia que deseamos servir y a la Iglesia amamos. 

Darío sos llamado para ser mensajero cualificado, esto es “creyendo lo que proclamas, enseñando lo que crees y viviendo lo que enseñas.” Estas verdades se consolidan en la familiaridad e intimidad con Jesús.

Darío expresara frente a las preguntas que le haré que quiere consagrarse al servicio de la Iglesia, que quiere vivir el ministerio de la fe con alma limpia, que quiere proclamar esta fe con la palabra y con la vida, que quiere asumir el celibato como signo de consagración a Cristo y para el servicio de Dios, que quiere conservar y acrecentar la oración y quieren rezar por la Iglesia y por el mundo.

 Darío expresara con los labios lo que han venido sintiendo, deseando, discerniendo, rezando y trabajando desde hace tiempo. Darás Darío tu palabra.  El mundo de hoy necesita testigos fieles, hombres de palabra. Que devaluada está en nuestro mundo y nuestro país, jugarse por la palabra. Lo que ha pronunciado, lo que hemos de pronunciar, que siempre sea Si, según el querer de Dios.

El celibato, no debe entenderse como partiendo sobre lo que se renuncia, no es así el amor humano. Los enamorados se aman y desean entregarse con exclusividad el uno al otro para siempre, porque el amor ama sin medidas, aunque es exigente y martirial. Don que lleva a tener una lucha paciente y decidida, pero donde prima en primer lugar el gozo de la comunión, el gozo de la intimidad con Jesús mucho más de lo que se ha dejado.

El mundo necesita de este signo del celibato, aunque de muchas maneras quiera ser opacado o no valorado. Pero tiene necesidad de alguien que patentice la fuerza del Espíritu en acción; la posibilidad vivida de la dimensión espiritual; la belleza de una vida dirigida por el influjo del Espíritu, y de una vida que puede manifestar el gozo de saber que esa vida es toda de Dios.

Me parece bueno recordar que uno de los frutos más ricos del celibato es la alegría. Santo Tomás constataba: “El último fruto con el que el hombre se perfecciona interiormente es la alegría que nace de la presencia del objeto amado. El que habita en el amor, posee lo que ama. El que habita en el amor, habita en Dios y Dios en él. De esta posesión nace la alegría, de manera que nuestro corazón queda carnalmente lleno de Dios, según lo que está escrito en el Salmo 83: Mi corazón y mi carne se alegran en el Dios vivo”

La alegría no del que tiene la sonrisa fácil e inclinación a una visión optimista de la vida. A veces se encuentran otros sentimientos. San Francisco de Sales, decía “Soy como un pájaro que canta en un bosque de espinas”. Hay alegrías creídas y esperadas, el corazón inundado del Espíritu se encuentra en la paz y la alegría. Se es alegre porque sabemos de la fidelidad de Dios, aún frente a nuestras miserias y debilidades.

El que ha escogido este camino sabe que el camino hacia la felicidad es diferente de cualquier otro camino. Darío no persigue, nosotros tampoco la debemos perseguir a la propia felicidad, sino al Dios de la felicidad. Tengamos cuidado, porque en el mundo de hoy nos ha pegado mensajes de la búsqueda de la propia felicidad. ¿Quién no ha escuchado? Se feliz, se nos propone, si lo sentís, si te parece.  cuídate… ¿que expresan estas frases en la sociedad de hoy? No hay que buscar la felicidad del otro, no es este el compromiso matrimonial, no es en el olvido de uno donde se encuentra la verdadera felicidad, ¿no hay otros códigos para Jesús? El que se busca se pierde, el que cree, aunque muera vive, el que pierde su vida por Él, la gana…  Es un fiarse más de El que de nosotros. El, es el camino seguro, aun cuando ese camino tenga tramos oscuros y vacíos imprevistos. Estemos atentos, porque se nos filtran en la Iglesia criterios relativistas y miradas egoístas. Aquí estamos siendo testigos, por elección de Dios de un joven que quiere responder con generosidad a la llamada de Jesús, para encarnar el olvido de sí, pero en ese olvido se recibe todo. Es verdad que solo poseemos realmente lo que ofrecemos.  Difícil tarea, pero no imposible. Si nos miramos a nosotros, parece imposible, pero para Dios nada es imposible.

Una Palabra del Apóstol Santiago, en este día de su fiesta. Santiago, valiente amigo del Señor. El fue al primer Apóstol que sufrió el martirio. Recordamos en los primeros tiempos como a Pedro y a los apóstoles se les imponía la ley del silencio, se les prohibía hablar, pero ellos a mayor prohibición mayor valor para atestiguaban la Resurrección del Señor y respondían “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Esta obediencia la pagaron con el sufrimiento, con la sangre, con el martirio. Así entregó su vida, el Señor le había dicho, reformulando la pregunta, buscando los primeros puestos, si estaban preparados para beber el cáliz. No claudicaron, Santiago se entregó y como Jesús dio la vida por muchos. Quizá no nos toque derramar la sangre por Jesús por el Evangelio, pero es martirio, aunque gozoso, vivir en la propia vida las exigencias de la verdad y del Evangelio. 

Que en esta Año Mariano Nacional María nuestra querida Madre, en sus diversas Advocaciones presente en nuestra Diócesis, Ntra. Sra. de Luján, Ntra. Sra. De la Merced, Stella Maris, Ntra. Sra. de Loreto, y Nuestra Señora del Buen Viaje, te inspire siempre a ser como ella, a decir que Sí al plan de Dios en tu vida según el lema que elegiste, “Hágase en mí según tu Palabra”. Y que los Santos Curas Brochero y Capistrano, Patronos del Clero y de los Capellanes Castrenses sean siempre tus modelos y amigos compañeros de camino.

+Santiago Olivera

(Obispo para las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad)

Obispo Castrense de Argentina

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