CABA | Que nuestra Madre de Luján que acompaño a nuestros hermanos en Malvinas, nos aliente e interceda para que vivamos dando nuestra vida cada día, como su Hijo, el pedido lo hizo el Vicario General Castrense, Mons. Gustavo Acuña, en la Homilía de la Santa Misa celebrada en la Catedral Castrense, Stella Maris. Fue en la mañana del lunes 4 de noviembre, durante la celebración de Santa Misa por los fieles difuntos con la presencia de la Imagen de Ntra. Sra. de Luján que estuvo Islas Malvinas, en reconocimiento también los caídos en servicio de todos las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad.

Presidió la Santa Misa, el Obispo Castrense de Argentina, Mons. Santiago Olivera, concelebraron, el Vicario General Castrense, Mons. Gustavo Acuña, el Capellán Mayor del Ejército Argentino, Padre Eduardo Castellanos, el Capellán Mayor de la Armada y Canciller Castrense, Padre Francisco Rostom Maderna, el Capellán Mayor de la Fuerza Aérea, Padre César Tauro, Capellán Mayor Gendarmería Nacional Argentina, Padre Jorge Massut, el Capellán Mayor de Prefectura Naval Argentina, Padre Diego Julio Tibaldo, el Capellán Mayor de Policía de Seguridad Aeroportuaria, Padre Rubén Bonacina, el Rector de la Catedral Castrense, Padre Diego Pereyra, el Padre Vicente Martínez Torrens y Capellanes Castrense de las distintas Fuerzas. Asistieron, autoridades de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad, Veteranos de Guerra de Malvinas, familiares de caídos, invitados especiales y fieles castrenses.

En la Homilía que realiza pedido por el Obispo Castrense de Argentina por el Vicario General Castrense, Mons. Acuña, señaló, “en el Credo, con toda la Iglesia, recordamos y rezamos siempre: (…) resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos (…) y al finalizar decimos: Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”. Continuando, nos decía, “estamos hoy reunidos en la esperanza. Dos celebraciones en la Iglesia están muy unidas: la de todos los santos y la de los fieles difuntos”. Agregando, “hoy rezamos por quienes están en vías de llegar al cielo, con la fe y esperanza puesta en la Resurrección, pidiendo por el eterno descanso de todos los fieles difuntos, nuestras Fuerzas Armadas y de Seguridad y de modo especial por los caídos en cumplimiento y actos del servicio”.

Seguidamente nos preguntaba y respondía, “¿Qué quiere decir que rezamos por los difuntos? Citando al Papa Benedicto XVI nos decía: Debemos evitar los extremos, si en una época por ahí hemos caído en el dramatismo ante la muerte y en acentuar el sufrimiento del purgatorio y del infierno; también tenemos que tener cuidado de no caer en el otro extremo tan común hoy en día, en el que parece como que todos los que mueren son inmediatamente “canonizados””.

En el avance de su mensaje, el Vicario General Castrense, nos dijo, “para nosotros cristianos la realidad de la muerte tiene un sentido esperanzador porque esta iluminada por la Resurrección de Nuestro Señor. Aunque la muerte sea con frecuencia un tema casi prohibido en nuestra sociedad, y continuamente se intenta quitar de nuestra mente el solo pensamiento de la muerte, nos toca de cerca a cada uno de nosotros, concierne al hombre de toda época y de todo lugar. Ante este misterio todos, incluso inconscientemente, buscamos algo que nos invite a esperar, un signo que nos proporcione consolación, que abra algún horizonte, que ofrezca también un futuro”.

Además, Mons. Acuña, destacó que en, “(…) esta Celebración donde rezamos por nuestros difuntos, a la vez es un momento que nos hace detenernos a pensar, a mirar nuestra vida de cara a Dios Misericordioso que ha dado a su Hijo para Salvarnos. Eso nos da esperanza”.   En la Homilía, también el Vicario General Castrense, nos reveló, “el Señor en el Evangelio nos muestra el camino, el que recorrió él mismo: <<el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la vida eterna>>. Él fue el grano de trigo que cayó en tierra, murió y dio mucho fruto”. Así mismo, nos pedía, “en éste día que valoramos la entrega de la vida de muchos hermanos nuestros por el bien de la Patria, rezamos por ellos, para que definitivamente purificados participen eternamente de la victoria de Jesucristo. A nosotros ésta fe en la vida eterna nos da hoy la valentía de amar aún más intensamente nuestra tierra, nuestro tiempo, haciendo presente el Reino de Dios, caminando hacia el Cielo”.

Concluyendo, Mons. Gustavo Acuña, pidió, “que la Santísima Virgen que acompaño firme en la esperanza a su Hijo en la Pasión y la Cruz, que se alegró en la Resurrección, que la veneramos aquí como Madre de Luján que acompaño a nuestros hermanos en Malvinas, también en el dolor y cruz que vivieron, nos aliente e interceda para que vivamos dando nuestra vida cada día, como su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo”.-

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