En el Sínodo de Jóvenes el Papa proclamará Santo a un Joven Obrero, la decisión fue comunicada en la jornada de hoy en el Consistorio público ordinario por el propio Santo Padre. El inminente Santo había sido Beatificado por el Papa Pablo VI el 1 de diciembre de 1963, se trata de un joven obrero que vivió en la región de los Abruzos, Italia.

Su nombre es, Nuncio Sulprizio, quien falleció con tan solo 19 años de vida en el siglo XIX, víctima de una enfermedad que según se sabe la contrajo en la bodega en la que trabajaba como obrero. El Santo Padre Francisco, anunciaba a los Señores Cardenales reunidos en la Sala del Consistorio del palacio Apostólico, que Nuncio Sulprizio será inscrito en el registro de los Santos el domingo 14 de octubre de 2018. El Papa estableció, en un Consistorio de junio, que en esa misma fecha serán canonizados Pablo VI y el arzobispo salvadoreño mártir Óscar Arnulfo Romero, además de Francisco Spinelli (fundador del Instituto de las Hermanas Adoradoras del Santísimo Sacramento), Vincenzo Romano, Sor María Catalina Kasper (fundadora del Instituto de las Pobres doncellas de Jesucristo) y Sor Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús (fundadora de la Congregación de las Monjas Misioneras Cruzadas de la Iglesia).
Nunzio Sulprizio, recordó el purpurado, nació el 13 de abril de 1817 en Pescosansonesco, en la provincia italiana de Pescara. Después de la muerte de sus padres, fue educado primero por la abuela y, a seis años, después de su muerte, por uno de sus tíos, Domenico Luciani, que lo obligó a trabajar en su taller de herrería y le prohibió ir a la Iglesia. Por el duro trabajo, el chico se enfermó de tuberculosis ósea En 1832, otro tío, Francesco Sulprizio, militar, se lo llevó consigo a Nápoles, en donde, por el interés de un coronel, Felice Wochinger, que fue para él un verdadero padre, fue atendido en un hospital. Pero la enfermedad degeneró de tal manera que los médicos pensaban amputarle la pierna. El chico, cada vez más débil falleció el 5 de mayo de 1836, a los 19 años.

En julio de 1859 pío IX lo declaró venerable, en virtud del decreto que introducía el proceso que ahora acaba de terminar, y León XIII, en 1891, declaró heroicas las virtudes del joven de Abruzos, comparando su figura a la de San Luis Gonzaga, con motivo del tercer centenario de la muerte de este santo, por la devoción que Nuncio Sulprizio le dispensó, y por la brevedad con que ambos cerraron el ciclo de su vida en la tierra, distintos en el aspecto histórico y social, los dos jóvenes proporcionan a la Iglesia el gozo y la gloria de una misma virtud: la santidad juvenil.

De la vida del nuevo Beato, el Papa Montini destacaba los principales aspectos característicos de su existencia, a saber: “La corta duración de la vida del Beato Nuncio Sulprizio y el hecho de haber sido obrero durante algunos años, duros y tristes, de su adolescencia, pobre y simple aprendiz en el pequeño taller de un herrero”. Joven y obrero – decía el Papa Pablo VI –, ahí tienen el binomio que creemos define al nuevo Beato; un binomio de tal esplendor e importancia, que sobra para llenar de interés su breve y descolorida biografía”.

Y añadía: «No decimos nada de su biografía, pues por su brevedad y sencillez los que no la conozcan la podrán saber fácilmente. Nos preocupa, en cambio, en esta ojeada sintética y fugaz, afirmar que estas dos prerrogativas del nuevo Beato – ser joven y obrero – son compatibles con la santidad. ¿Puede un joven ser santo? ¿Puede un obrero ser santo? Y más interesante será aún si conseguimos probar que este apreciado joven no sólo fue digno de la beatificación en cuanto joven y obrero, sino precisamente porque fue joven y obrero».

Por esta razón Pablo VI recordaba cuáles son nuestras condiciones de espíritu cuando presumimos conocer esos tipos humanos singulares, o mejor excepcionales, a quienes llamamos beatos o santos. «Si nos fijamos con detenimiento – afirmaba – cuando estudiamos con el interés de la psicología moderna su vida, inconscientemente estudiamos la nuestra».
«Los Beatos, los Santos – proseguía – los héroes, los hombres perfectos, nos sirven hoy de espejo para conocernos a nosotros mismos». Y añadía que su culto «nos lleva a estudiar al hombre, su historia, la conciencia humana de esa eficacia y penetración, que es suficiente de por sí para recomendarlo como sabio y providencial». De modo que «el estudio de la santidad vivida nos lleva al descubrimiento de las manifestaciones humanas más elevadas y características, y, por tanto, más dignas de atención y asimilación. Es un estudio maravilloso, porque descubre en los elegidos propuestos a nuestra veneración e imitación una identidad fundamental: la naturaleza humana. ‘¿Si éstos o éstas, por qué no yo?’, decimos con San Agustín».

Y dirigiéndose a los trabajadores, Pablo VI les decía que este pobre y sufrido colega suyo les daba un mensaje con muchos temas. «El mensaje del Beato Nuncio Sulprizio es, ante todo, que la Iglesia piensa en ellos, que confía en ellos y los aprecia, que ve en su condición la dignidad del hombre y del cristiano, que el peso mismo de su trabajo es el título para su promoción social y para su grandeza moral».
A la vez que agregaba que el Beato Nunzio también dice en su mensaje que “el trabajo es sufrimiento y que también tiene necesidad de protección, de asistencia y ayuda para que sea libre y humano, y permita a la vida su legítima expansión”. –

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