Marruecos | Todo persona tiene derecho a la vida, a soñar y encontrar el lugar que le corresponde en nuestra “casa común”, tiene derecho al futuro, la síntesis del mensaje se desprende del discurso brindado por su Santidad Francisco en su encuentro con los migrantes. Eran aproximadamente unos  80 personas oriundas del continente africano, quienes son atendidos por Cáritas Diocesana en Rabat, con ellos dialogó y alentó.

El Santo Padre, luego de saludar y agradecer a todos los presentes, se dirigió a ellos, los migrantes donde señaló y al mundo entero, resalto, “‹‹el Pacto sobre la migración es un importante paso adelante para la comunidad internacional que, por primera vez en las Naciones Unidas, aborda el tema en un documento relevante por primera vez a nivel multilateral››(Discurso para los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante el Santo Sede, 7 de enero de 2019)”.

Al mismo tiempo, declaraba, “se han dado muchos pasos positivos en diferentes áreas, especialmente en las sociedades desarrolladas, pero no podemos olvidar que el progreso de nuestros pueblos no se puede medir solo por el desarrollo tecnológico o económico”. Respondiendo a este reclamo, Su Santidad nos dejó cuatro verbos para reflexionar, “(bienvenida, protección, promoción e integración) para que aquellos que quieran ayudar a que esta alianza sea más concreta y real puedan involucrarse sabiamente en lugar de permanecer en silencio, ayudar en lugar de aislar, construir en lugar de abandonar”.

Avanzando en su mensaje, dijo sobre estas premisas, “Estos cuatro verbos pueden ayudar a crear alianzas capaces de redimir espacios en los que amparar, proteger, promover e integrar. En definitiva, espacios en los que dar dignidad”. Afirmando además, “‹‹Teniendo en cuenta el escenario actual, dar la bienvenida significa, ante todo, ofrecer a los migrantes y refugiados mayores oportunidades para el ingreso seguro y legal a los países de destino››(Mensaje para el Día Mundial de los Migrantes y Refugiados 2018)”.

Continuando, dijo, “proteger significa garantizar la defensa “de los derechos y la dignidad de los migrantes y refugiados, independientemente de su estatus migratorio” (ibid.). Es esencial poder garantizar a todos una asistencia médica, psicológica y social adecuada para restaurar la dignidad de quienes la han perdido en el camino, como lo hacen los operadores de esta estructura con dedicación”.

El Santo Padre Francisco además nos recordó que, “promover significa garantizar que todos, migrantes y locales, puedan encontrar un entorno seguro donde puedan implementarse por completo”.  Dejando también en claro que, “(…) no olvidemos que la promoción humana de los migrantes y sus familias también se inicia desde las comunidades de origen, donde debe garantizarse, junto con el derecho a emigrar, también el de no ser obligado a emigrar, es decir, el derecho a encontrar condiciones en el hogar”.

Avanzando nos decía, “integrarse significa participar en un proceso que mejora tanto el patrimonio cultural de la comunidad receptora como el de los migrantes, creando así una sociedad intercultural y abierta”.  Casi en el cierre, el Santo Padre declaraba además, “todo hombre tiene derecho a la vida, todo hombre tiene derecho a soñar y encontrar el lugar que le corresponde en nuestra “casa común”! Toda persona tiene derecho al futuro”.

 

Queridos amigos,

Me complace tener la oportunidad de conocerlo durante mi visita al Reino de Marruecos. Para mí es una oportunidad renovada de expresar mi cercanía con todos ustedes, y con ustedes para enfrentar una herida grave y grave que continúa desgarrando los inicios de este siglo XXI. Herida llorando en el cielo. Y, por lo tanto, no queremos que la indiferencia y el silencio sean nuestra palabra (ver Exo. 3: 7). Más aún cuando se descubre que muchos millones de refugiados y otros migrantes forzosos solicitan protección internacional, sin contar las víctimas de la trata y las nuevas formas de esclavitud en manos de organizaciones criminales. Nadie puede ser indiferente a este dolor.

Agradezco al obispo Santiago por sus palabras de bienvenida y por el compromiso de la Iglesia de servir a los migrantes. Gracias también a Jackson por su testimonio; Gracias a todos ustedes, migrantes y miembros de las asociaciones que están a su servicio, que han venido aquí esta tarde para reunirse, para fortalecer los lazos entre nosotros y continuar trabajando para garantizar condiciones de vida dignas para todos. ¡Y gracias a los niños! Estas son las esperanzas. Por estos debemos luchar, por estos. Tienen derecho, derecho a la vida, derecho a la dignidad. Luchamos por ellos. Todos estamos llamados a responder a los muchos desafíos planteados por la migración contemporánea, con generosidad, preparación, sabiduría y previsión, cada uno de acuerdo con sus posibilidades (ver Mensaje para el Día Mundial de los Migrantes y Refugiados 2018).

Hace unos meses, la Conferencia Intergubernamental de Marrakech tuvo lugar aquí en Marruecos, que ratificó la adopción del Pacto Mundial para una migración segura, ordenada y regular. “El Pacto sobre la migración es un importante paso adelante para la comunidad internacional que, por primera vez en las Naciones Unidas, aborda el tema en un documento relevante por primera vez a nivel multilateral” (Discurso para los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante el Santo Sede, 7 de enero de 2019).

Este Pacto nos permite reconocer y tomar conciencia de que “no son solo migrantes” (ver Tema del Día Mundial de los Migrantes y Refugiados 2019), como si sus vidas fueran una realidad extranjera o marginal, que no tiene nada que ver con hacer con el resto de la empresa. Como si su estado como personas con derechos permaneciera “suspendido” debido a su situación actual; “De hecho, un migrante ya no es humano o menos humano dependiendo de su ubicación a ambos lados de una frontera”. [1]

Lo que está en juego es la cara que queremos darnos como sociedad y el valor de cada vida. Se han dado muchos pasos positivos en diferentes áreas, especialmente en las sociedades desarrolladas, pero no podemos olvidar que el progreso de nuestros pueblos no se puede medir solo por el desarrollo tecnológico o económico. Depende sobre todo de la capacidad de dejarse conmover por aquellos que llaman a la puerta y, con su mirada desacreditada, priva a todos los ídolos falsos que hipotecan y esclavizan la vida; Ídolos que prometen una felicidad ilusoria y efímera, construidos al borde de la realidad y el sufrimiento de los demás. ¡Cómo una ciudad se vuelve desierta e inhóspita cuando pierde la capacidad de compasión! Una sociedad sin corazón … una madre estéril. No estás marginado, estás en el centro del corazón de la Iglesia.

Quería ofrecer cuatro verbos (bienvenida, protección, promoción e integración) para que aquellos que quieran ayudar a que esta alianza sea más concreta y real puedan involucrarse sabiamente en lugar de permanecer en silencio, ayudar en lugar de aislar, construir en lugar de abandonar.

Queridos amigos, me gustaría reiterar la importancia de estos cuatro verbos. Forman un marco para todos. De hecho, en este compromiso todos estamos involucrados, de diferentes maneras, pero todos involucrados, y todos somos necesarios para garantizar una vida más digna, segura y de mayor apoyo. Me gusta pensar que el primer voluntario, asistente, socorrista, amigo de un migrante es otro migrante que conoce de primera mano el sufrimiento del viaje. No es posible pensar en estrategias a gran escala, capaces de dar dignidad y limitarse a las acciones de bienestar hacia el migrante. Lo esencial, pero insuficiente. Es necesario que los migrantes se sientan los primeros protagonistas y gerentes en todo este proceso.

Estos cuatro verbos pueden ayudar a crear alianzas capaces de redimir espacios en los que amparar, proteger, promover e integrar. En definitiva, espacios en los que dar dignidad.

“Teniendo en cuenta el escenario actual, dar la bienvenida significa, ante todo, ofrecer a los migrantes y refugiados mayores oportunidades para el ingreso seguro y legal a los países de destino” (Mensaje para el Día Mundial de los Migrantes y Refugiados 2018). La expansión de los canales de migración regulares es, de hecho, uno de los principales objetivos del Pacto Mundial. Este compromiso común es necesario para no otorgar nuevos espacios a los “mercaderes de carne humana” que especulan sobre los sueños y las necesidades de los migrantes. Hasta que este compromiso se realice plenamente, habrá que enfrentar la realidad apremiante de los flujos irregulares con justicia, solidaridad y misericordia. Las formas de expulsión colectiva, que no permiten un manejo correcto de casos particulares, no deben ser aceptadas. Por otro lado, se deben alentar y simplificar los caminos extraordinarios de regularización, especialmente en el caso de las familias y los menores.

Proteger significa garantizar la defensa “de los derechos y la dignidad de los migrantes y refugiados, independientemente de su estatus migratorio” (ibid.). En cuanto a la realidad de esta región, la protección se debe garantizar ante todo a lo largo de las rutas migratorias, que a menudo son, lamentablemente, escenarios de violencia, explotación y abuso de todo tipo. Aquí también parece necesario prestar especial atención a los migrantes en situaciones de gran vulnerabilidad, a los numerosos menores no acompañados ya las mujeres. Es esencial poder garantizar a todos una asistencia médica, psicológica y social adecuada para restaurar la dignidad de quienes la han perdido en el camino, como lo hacen los operadores de esta estructura con dedicación. Y entre ustedes, hay algunos que pueden testificar lo importante que son estos servicios de protección, para dar esperanza, por el tiempo en el que están alojados en los países que los recibieron.

Promover significa garantizar que todos, migrantes y locales, puedan encontrar un entorno seguro donde puedan implementarse por completo. Esta promoción comienza con el reconocimiento de que nadie es un desperdicio humano, pero es el portador de una riqueza personal, cultural y profesional que puede aportar mucho valor donde sea. Las sociedades de recibimiento se enriquecerán si saben cómo explotar mejor la contribución de los migrantes, evitando cualquier tipo de discriminación y cualquier sentimiento xenófobo. Se fomentará el aprendizaje del idioma local, como un vehículo esencial de la comunicación intercultural, así como toda forma positiva de empoderamiento de los migrantes hacia la sociedad que los ampara, aprendiendo a respetar a sus personas y los lazos sociales, las leyes y la cultura, ofreciendo así una contribución fortalecida al desarrollo humano integral de todos.

Pero no olvidemos que la promoción humana de los migrantes y sus familias también se inicia desde las comunidades de origen, donde debe garantizarse, junto con el derecho a emigrar, también el de no ser obligado a emigrar, es decir, el derecho a encontrar condiciones en el hogar. Que permitan una vida digna. Aprecio y aliento los esfuerzos de la cooperación internacional y los programas de desarrollo transnacional sin intereses partidistas, en los que los migrantes participan como los principales protagonistas (ver Discurso a los participantes en el foro internacional sobre “migración y paz”, 21 de febrero de 2017).

Integrarse significa participar en un proceso que mejora tanto el patrimonio cultural de la comunidad receptora como el de los migrantes, creando así una sociedad intercultural y abierta. Sabemos que no es nada fácil entrar en una cultura que nos es ajena, tanto para quienes llegan como para quienes nos dan la bienvenida, para ponernos en la piel de personas tan diferentes a nosotros, para comprender sus pensamientos y sus experiencias. Así, a menudo renunciamos al encuentro con el otro y levantamos barreras para defendernos (véase Homilía en el Día Mundial de los Migrantes y Refugiados, 14 de enero de 2018). Por lo tanto, la integración requiere no dejarse condicionar por el miedo y la ignorancia.

Aquí hay un viaje que hacer juntos, como verdaderos compañeros de viaje, un viaje que involucra a todos, migrantes y locales, en la construcción de ciudades acogedoras, plurales y atentas a los procesos interculturales, ciudades capaces de mejorar la riqueza de las diferencias en encuentro con el otro. E incluso en este caso, muchos de ustedes pueden testificar personalmente cuán esencial es tal compromiso.

Queridos amigos migrantes, la Iglesia reconoce los sufrimientos que marcan su camino y sufre con ustedes. Llegando a usted en situaciones tan diferentes, tiene en cuenta que Dios quiere hacernos a todos nosotros seres vivos. Ella quiere estar a tu lado para construir contigo lo mejor para tu vida. ¡Porque todo hombre tiene derecho a la vida, todo hombre tiene derecho a soñar y encontrar el lugar que le corresponde en nuestra “casa común”! Toda persona tiene derecho al futuro.

También me gustaría expresar mi gratitud a todas las personas que se han puesto al servicio de los migrantes y refugiados en todo el mundo, y hoy en particular a ustedes, trabajadores de Caritas, que tienen el honor de manifestar el amor misericordioso de Dios a tantas personas. nuestros hermanos y hermanas en nombre de toda la Iglesia, así como todas las asociaciones asociadas. Usted sabe bien y experimenta que para el cristiano “no se trata solo de migrantes”, sino que es el mismo Cristo quien llama a nuestras puertas.

Que el Señor, que durante su vida terrenal vivió el sufrimiento del exilio en su propia carne, los bendiga a cada uno de ustedes, les dé la fuerza necesaria para no desanimarse y ser un “refugio seguro” para los demás.

¡Gracias!

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