Mons. Olivera | Debemos mostrar que hemos hecho con lo mucho que el Señor ha dejado en nuestras manos para que demos fruto

Publicado el15 noviembre, 2020

Mons. Olivera | Debemos mostrar que hemos hecho con lo mucho que el Señor ha dejado en nuestras manos para que demos fruto, este es un fragmento de la Homilía del Obispo Castrense de Argentina compartida en la celebración de Santa Misa en la Catedral Castrense, Stella Maris, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En la celebración en la mañana del domingo 15 de noviembre, se recordó y rezó por nuestros héroes del Submarino del ARA San Juan, al cumplirse un nuevo aniversario de su naufragio, coincidiendo además con la celebración de la IV Jornada Mundial de los Pobre.


Además, el Seminarista Luis Villafañe recibió de manos de nuestro Obispo el Ministerio del Lectorado y el Diácono, Darío Verón profesó el juramento de Fidelidad en preparación al Presbiterado. Presidió la Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, concelebraron el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, el Canciller y Capellán Mayor de la Armada, Padre Francisco Rostom Maderana, el Vicario Judicial, Padre José María Pasarell, el Capellán Mayor del Ejército Argentino, Padre Eduardo Castellanos, el Capellán Mayor de Fuerza Aérea Argentina, Padre César Tauro.


El Capellán Mayor de GNA, Padre Jorge Massut, el Capellán Mayor de PNA, Padre Diego Tibaldo, el Capellán Mayor de PSA, Padre Rubén Bonacina. El Rector de la Catedral Castrense, Stella Maris, Padre Diego Pereyra, y los Capellanes Castrenses, Padre Daniel Díaz Ramos, Padre Luis Ioele, Padre Daniel Díaz Ramos, Padre Ricardo González, Padre Daniel Domínguez y el Padre Santiago García del Hoyo.


A continuación, compartimos en forma textual la Homilía de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

15 de noviembre 2020

Catedral Castrense de Argentina

33° Domingo durante el año, “Jornada Mundial de los pobres”

Ministerio de Lector del seminarista Luis Villafañe

3 años del accidente del ARA San Juan

Proverbios 31, 10-13.19-20.30-31

Salmo 127, 1-5: “Feliz quien ama al Señor”

1 Tesalónica 5,1-6

Mateo 25, 14-30

Es una alegría poder compartir esta Eucaristía con ustedes presentes y con quienes nos están siguiendo por los medios de comunicación que nos ayudan a la comunión. Alegría también por la presencia de cada uno de ustedes, de alguna manera es Epifanía de la Diócesis Castrense, los Capellanes Castrenses, pueblo de Dios, los laicos, matrimonios, jóvenes, Seminaristas, vida consagrada de nuestra Iglesia Diocesana.

Esta posibilidad de conectarnos por estos medios digitales nos brindada esta gracia de poder mirarnos a los ojos y experimentar la riqueza de una Iglesia Diocesana personal que abarca a lo largo y a lo ancho del país. Llegando hasta donde nuestros fieles están haciendo Patria, lo mismo que quienes están en misiones de paz.

Gracias a todos por estar, de salir y oír de acudir al encuentro, ese esfuerzo hace que podamos experimentar la familia castrense, la gran familia Diocesana como dice la Armada.  Antes de avanzar, quiero detenerme en la primera lectura del Libro de los Proverbios, porque allí este texto del antiguo Testamento nos habla y nos presenta la figura de la mujer. 

Es decir, la Iglesia que valora, un gran don, un gran regalo, como lo dice también el texto de los proverbios. Sin lugar a duda el contexto histórico, cultura de la mujer dedicada a ser ama de casa, hoy ella está en otras ricas presencias que les dan a las realidades del mundo, una ternura y una presencia distinta que valoramos.

Pero la clave para ser esa mujer que está atenta, que hace bien y nunca el mal, que procura la lana y lino para significar el trabajo en lo cotidiano, que abre su mano al desvalido y tiende su mano al indigente. Solo esta reflexión de la mujer y la ponemos en este ámbito de la Catedral que tiene como Patrona a Ntra. Sra. Stella Maris, pero en este ámbito Diocesano que tenemos en todas las Fuerzas una advocación de la Virgen María en este año Mariano nacional, también ponemos la mirada en esta mujer, la Madre de Dios, nuestra Madre que estuvo atenta a las necesidades, que estuvo fiel desde el inicio y siempre fiel en la peregrinación de la fe.

Que alegría es que podamos sumarnos entonces en este domingo, ya metiéndonos en el sentido de esta Eucaristía en la IV Jornada Mundial de los pobres, que el Santo Padre Francisco instituyó allá por el año 2017 y tanto bien nos hace. Nos invita a tender una mano al pobre, sabiendo que es desde una mirada teológica y no meramente sociológica que debemos mirarlos: estar cerca, ayudarlos a crecer con dignidad y elevarlos, aun sabiéndonos nosotros también pobres.  Y mirada teológica porque en el pobre siempre está el “Dios con nosotros”, es muy importante recordar y tener presente que lo que hacemos al hermano necesitado al Señor se lo hacemos, en persona. Misterio de fe, sin duda: “el pobre es presencia real de Jesucristo”. El mismo Señor nos dijo tuve hambre, tuve sed, estuve preso, desnudo, enfermo y me visitaste, me asististe, me diste de comer y de beber. El pobre es aquel que necesita de mí, que lo escuche, que lo mire a los ojos, es el que nos intercepta en el camino, el que nos pide, el que espera que de verdad “le tendamos una mano”. Y esta Jornada es Providencial en los tiempos de pobreza creciente que estamos y seguiremos estando por este azote de la pandemia y que sin duda nos exige ser mucho más solidarios. En esta barca de la desgracia mundial sabemos que no nos salvamos solos, sino que nos salvamos entre todos. Y nosotros los cristianos, pero en realidad todos debemos tender la mano, estos son tiempos de grandes, no de egoístas y avaros, de ciegos y sordos de espíritu. Una forma concreta de responder al evangelio de hoy sería vivir el lema del mensaje para esta IV Jornada Mundial de los Pobres que celebramos este

domingo: “tiende tu mano al pobre”. Porque “tender la mano es un signo: un signo que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor” … “Tiende la mano al pobre” es, por lo tanto, una invitación a la responsabilidad y un compromiso directo de todos aquellos que se sienten parte del mismo destino.  El Papa nos invita a pensar lo que dice el libro del Sirácida nos dice, que es tener en cuenta nuestro final (Si 7,36), porque es allí que debemos rendir cuentas.

Es importante que el Papa Francisco sea leído, visto, escuchado en su total integridad, a veces somos testigos de medios o políticos que desfiguran la voz profética del Santo Padre. No son pocas la veces en donde leemos o escuchamos este tipo de situaciones y referencias erróneas, donde dicen que el Papa Francisco quería instalar un pobrismo. Invito a todos, a todos los que nos ven y escuchan ir a esta encíclica nueva del Papa “Hermanos todos” (Fratelli Tutti) donde allí, nos da la clave de cómo debemos tratar con nuestros hermanos más pobres.

Debemos trabajar para la dignidad, que tengan trabajo, que el subsidio no es para quedarse sino para socorrer en necesidades imperiosas. Y tantas otras verdades que se silencian, se desconocen o se callan, pero así es la vida de un Pastor que cree desde Dios y con Dios que debe anunciar y predicar en este mundo. Que a veces, no solo se lo ignora a la voz del Evangelio Encarnado, al Vicario de Cristo, sino también, se lo combate, se lo distorsiona, se lo confunde, se lo trae al barro y al llano de las miserias humanas y de las grietas que en nuestra Patria padecemos.

También decía al comienzo de esta Misa, que venimos a pedir, y hacemos memoria, por nuestros fieles que, en su servicio a la Patria, perdieron la vida. Hoy recordamos con gratitud aunque con dolor a los tripulantes del ARA San Juan, a los hombres y una mujer de Armas, con ideales, ilusiones y proyectos que quedaron custodiando nuestros mares. Nos unimos a la familia de la Armada Argentina, nos unimos a sus propias familias de la Armada Argentina y nos unimos a sus propias familias y damos gracias en nombre de la Patria por sus vidas. Sabemos que hay cielo, y esta verdad siempre nos consuela como así también el reencuentro prometido.

En el Colegio Militar de la Nación, en la ceremonia de Egreso de la Promoción 150, este último 20 de octubre el Ministro de Defensa, Agustín Rossi, por tanto, un miembro de nuestra Diócesis iluminaba sobre la realidad de las Fuerzas Armadas, hoy prestigiadas, dijo, pero recordó una verdad que compromete “ya que las acciones de esa Institución son la suma de las acciones individuales de cada uno de los que la integran”, cada acción de nuestros fieles, militares y de las fuerzas federales, nos importan y repercuten para el bien de la Institución. Los que integraban la tripulación son y serán recordados como la valiente y entregada tropa para cuidar nuestros mares y nuestra soberanía. Por ellos rezamos confiados. Y para todos nuestros fieles castrenses de las diversas Fuerzas, nosotros ministros entregamos nuestras vidas para acompañarlos, sostenerlos e iluminar desde el Evangelio sus realidades. Es lo que Luis y los seminaristas desean y transitan con estos sentimientos su camino hacia el sacerdocio.

En este Domingo acompañamos a Luis que en su camino vocacional de discernimiento y entrega da un paso más recibiendo el ministerio del lector. En este camino vocacional, la Iglesia te recuerda Luis y te confía un oficio particular en el Pueblo de Dios, oficio que está al servicio de la fe que se nutre de la Palabra de Dios. Jesucristo confió a su Iglesia el ministerio de predicar el Evangelio a todos los hombres, con este ministerio que hoy recibís, querido Luis, la ayudarás a cumplir esa gran misión redentora, Que bueno es pensar, que el Señor te elige e instituye hoy para que tu relación personal con Él crezca y madure, para que la Palabra moldee tu propia vida, tu vida, tu vida predique el Evangelio. Desafío posible. Siempre hay que tener muy presente que no somos llamados a utopías irrealizables.  Al bendecirte le pediremos al Señor que, al haber sido elegido, “medites asiduamente la Palabra, asimiles su enseñanza y la anuncies con fidelidad”. La expresión de San Pablo. No soy yo quien vive sino Cristo que vive en mí, debe ser una expresión siempre buscada y deseada por todo buen cristiano.  Porque somos de verdad por el bautismo otros Cristo. Desafío y gracia, don y tarea.

La Providencia nos presenta el Evangelio que pertenece al quinto y último sermón de Jesús conocido como “discurso escatológico” (Mt 24,1-25,46). Nos encontramos, por tanto, ante una parábola de juicio que complementa la que se proclamó el Domingo anterior recordamos el Evangelio de las diez vírgenes (cinco necias, cinco prudentes) y prepara la del próximo Domingo (el juicio final). Lo que hoy escuchamos es la rendición de cuentas que tienen que hacer los servidores ante su

Señor, es el Señor quien les ha confiado los talentos. Los detalles de la narración están en función de esto mostrando dos actitudes contrapuestas ante los dones recibidos en custodia. Mientras que en la parábola anterior se trata de la espera activa, que debe considerar la demora de la venida del Hijo del Hombre (25,1-13), esta parábola cuenta ahora el encuentro con el Señor que ha llegado después de un largo tiempo (25,19). El ejemplo de los dos siervos acentúa el permanente estar preparado para la venida del Señor, Él llega en un momento inesperado”.

La parábola comienza justamente narrando las acciones de un señor o amo quien, antes de emprender un viaje, les confía sus bienes a sus servidores. Estos son tres y reciben cantidades distintas de talentos, de acuerdo a sus capacidades dice el Evangelio cinco, dos y uno, «cada uno según su capacidad” pero siempre en orden a la acción.

Recordemos también que el talento era originalmente una medida de peso equivalente a 35-40 kg. de metal precioso. Como valor monetario representaba unos 6000 dracmas o denarios, unos estudiosos dicen que eran como jornales diarios. Aproximadamente 20 años de un buen sueldo.  Nosotros los referimos a los dones, talentos que poseemos y debemos saber descubrir. Por eso decimos de alguien que se destaca por su habilidad que es un talentoso.

Se describen en el Evangelio las acciones de los tres servidores. Los dos primeros «inmediatamente» negocian, hacen trabajar el dinero y obtienen el doble de ganancia. En cambio, el tercero esconde en un campo el talento, lo pone a resguardo.

Llega el amo o señor y comienza la «rendición de cuentas». Los dos primeros dan cuenta de las ganancias obtenidas y reciben el mismo reconocimiento de su señor: «¡Bien, siervo bueno y fiel!; has sido siervo bueno y fiel en lo poco, pasa al frente de nosotros de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.»

El señor los reconoce como buenos y fieles en lo poco, por lo que se han hecho merecedores de que se les confíe mucho más y de entrar en el gozo de su señor. Se valora en estos servidores la fidelidad en lo poco; y el entrar en la alegría y gozo del señor remite claramente a la fiesta final.

Pero sigue la rendición de cuentas del tercer servidor que incluye un diálogo con su señor. En efecto, el servidor comienza describiendo al amo o señor como alguien duro y extremadamente exigente, al punto de provocarle temor; y es por ello no entregó el talento y se lo devuelve sin intereses. Según los comentaristas las palabras de este siervo, especialmente la última frase, suenan como irrespetuosas e irreverentes.

Lo que podemos ver claro, es que los primeros se hicieron cargo, de los talentos recibidos, los tomaron como suyos y lo hicieron crecer, el tercero no lo experimentó como algo propio, los escondió, al contrario, como hemos visto que lo ha descripto, su señor para él es duro y exigente.

El señor de la parábola, al dar su juicio, deja en claro que lo dicho por el servidor no era más que excusas y lo cataloga duramente de «malo y perezoso. Por tanto, al igual que a las vírgenes necias del domingo pasado, el tercer siervo es castigado por su inactividad y por su “pecado” de omisión.

La parábola de los talentos, en síntesis, ofrece otra faceta de la vigilancia: vigilar es cooperar seria y responsablemente con el don recibido, pues hay que dar cuenta de él”. Estamos transitando el último tiempo, el que llamamos tiempo ordinario, la Liturgia nos va presentando que llegará el fin de nuestro propio tiempo y debemos mostrar que hemos hecho con lo mucho que el Señor ha dejado en nuestras manos para que demos fruto. Nos trata como seres responsables y libres, capaces de arriesgar creativamente lo que nos ha dado, buscando el bien de todos. El pueblo lo interpreta así, poner los talentos para el servicio de los hermanos.

Es la dinámica propia de la Palabra de Dios – y varios padres de la Iglesia dicen que los talentos son la misma Palabra de Dios – que es comparada por Jesús con una semilla sembraba. La misma encierra toda la potencialidad para florecer y dar fruto; pero necesita que el terreno del corazón sea bueno y aporte lo suyo.

Quisiera terminar comentando la palabra del Papa Francisco que comentaba esta parábola en el Ángelus del 19 de noviembre de 2017 diciendo: “Esta parábola nos hace entender lo importante que es tener una idea verdadera de Dios. No debemos pensar que Él es un patrón malo, duro y severo que quiere castigarnos.

Si dentro de nosotros está esta imagen equivocada de Dios, entonces nuestra vida no podrá ser fecunda, porque viviremos en el miedo y este no nos conducirá a nada constructivo; de hecho, el miedo nos paraliza, nos autodestruye. Estamos llamados a reflexionar para descubrir cuál es verdaderamente nuestra idea de Dios.

Ya en el Antiguo Testamento Él se reveló como «Dios misericordioso y ciertamente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad» (Éxodo 34, 6). Y Jesús siempre nos ha mostrado que Dios no es un patrón severo e intolerante, sino un padre lleno de amor, de ternura, un padre lleno de bondad. Por lo tanto, podemos y debemos tener una inmensa confianza en Él… Por lo tanto, la parábola de los talentos nos reclama a una responsabilidad personal y a una fidelidad que se convierte también en capacidad de caminar continuamente sobre caminos nuevos, sin «enterrar talentos», es decir, los dones que Dios nos ha confiado y sobre los que nos pedirá cuentas”.

Pidamos a María, la Madre del Si y de todos los dones, de todos los talentos, Ella nos ayude a ofrecerlos, nos aliente y anime al trabajo y a la solidaridad fraterna. Que así sea.-

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