Mons. Olivera | El amor a Cristo es la primera condición para ser Pastor en la Iglesia, pero el amor a Él se manifiesta en el Amor a los hermanos, así se manifestaba el Obispo Castrense de Argentina en la Homilía brindada en la Santa Misa de Ordenación del Diácono Santiago García del Hoyo. Fue en la mañana de hoy, sábado 15 de junio, en la Parroquia, Ntra. Sra. de Luján Castrense, en el barrio porteño de Belgrano, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Celebró la Santa Misa, el Obispo Castrense de Argentina, Mons. Santiago Olivera, concelebraron, el Vicario General Castrense, Mons. Gustavo Acuña, el Capellán Mayor del Ejército Argentino, Padre Eduardo Castellanos, el Capellán Mayor de la Armada, Padre Francisco Rostom Maderna, el Capellán Mayor de la Fuerza Aérea Argentina, Padre César Tauro, el Capellán Mayor de GNA, Padre Jorge Massut, el Capellán Mayor de PNA, Padre Diego Tibaldo, Capellán Mayor de PSA, Padre Rubén Bonacina. El Vicario Judicial Castrense, Mons. José Antonio Passarell, el Rector de la Catedral Castrense, Stella Maris, Padre Diego Pereyra, y Capellanes de las Fuerzas Federales de Seguridad y Fuerzas Armadas.

A continuación compartimos con ustedes en forma textual la Homilía brindada por Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

 

Misa de Ordenación del Diácono Santiago García del Hoyo

15 de junio de 2019, Parroquia Luján Castrense- Mons. Santiago Olivera

1 Pedro 5, 1-4

San Juan 21,15-17

Hoy es un día de mucha alegría para la Iglesia, y sin duda particularmente para la Iglesia Diocesana Castrense, porque un hijo suyo será ordenado Sacerdote para siempre. Para un obispo la ordenación de un sacerdote significa un gozo muy grande, renueva en la fe y en la esperanza. Es dar al pueblo que se me ha encomendado pastores para que los sirvan según el corazón de Jesús. Es prolongar mi vida y ministerio por medio lo los ministros consagrados, en este caso es prolongar mi ministerio por medio del Padre Santiago.

Juntos, además de acompañarlo, damos gracias a Dios por este don tan grande.

Santiago, están presente numerosos sacerdotes que, concelebrando conmigo hacemos visible el único Sacerdocio de Jesús. Único sacerdocio de Jesús que lo recibís de manos de un obispo y la unidad con él siempre será el camino del ejercicio del sacerdocio de Jesús. No recibís un sacerdocio como don meramente personal, sino que recibís el sacerdocio para los demás. Nunca el sacerdocio católico es un sacerdocio privatizado. Y me alegra que así lo hayas pensado y rezado vos, al elegir tu lema sacerdotal: ¡Ya no vivo yo, sino Cristo que vive en mí”! ¡Y Cristo fue enviado por el Padre, así toda tu vida ministerial tendrás que vivirla en el gozo de saberte enviado!

La presencia de tantos sacerdotes de esta Iglesia Diocesana castrense que te recibe es signo de la unidad y fraternidad a la que estas llamado a integrarte y a vivir en ese clima de auténtico hijo y hermano. El vinculo de la incardinación que ya has recibido desde el diaconado no es solo un vínculo jurídico sino un verdadero vínculo de fraternidad.  Por Cristo has sido capaz de dejar todo para seguirlo a Él. Y te fuiste preparando para seguirlo en la espiritualidad propia de un sacerdote castrense, ¿qué nos distingue ser castrense frente a otros hermanos sacerdotes?

Nuestra Diócesis es personal, podríamos decir que nuestra Diócesis es cada miembro de las Fuerzas armadas y de las Fuerzas Federales de Seguridad y sus familias. Pero la mayor parte de los fieles que Dios y la Iglesia te confían son aquellos que se preparan y están para ser centinelas de la Paz. Para custodiar la Patria, para cuidar a los hombres y mujeres de nuestra tierra, para no anteponer nada ni aún la propia vida frente a la defensa de nuestra Nación y de su pueblo. Estos fieles que se nos encomiendan también deben modelar nuestra vida sacerdotal, así como se forman y se preparan para dar la vida sin límite así debe ser la vida del Obispo y del sacerdote castrense.  Por eso para nosotros no debe haber “instalación”, “rutina”, “ni cansancios” por el contrario debe haber siempre disponibilidad y prontitud que significa estar preparados para salir e ir al terreno. Serás, aún en lo cotidiano y ordinario, presbítero itinerante, misionero y samaritano.

Nuestra vocación castrense será siempre estar allí donde nuestros fieles están. Nuestro ministerio será una llamada a un ministerio artesanal, parecerá poco cada uno, pero cada fiel es el que se nos confía. Y por cada fiel es que entregamos lo mejor y más grande que tenemos “la propia vida” para Anunciar el Evangelio, para acompañar, animar, sostener, curar y perdonar, para hacer la Eucaristía, para darles el Pan de Vida y para hacernos pan por los hermanos.

Para esto contamos con la gracia del Señor que nos llamó.

Hemos escuchado a San Pedro que nos invitaba a la generosidad y a la necesidad de ser modelo del rebaño. Creo que son dos claves para lo cual cada día podríamos evaluarnos.

Con los obispos  de América Latina te comparto que El Pueblo de Dios siente la necesidad de presbíteros discípulos que tengan una profunda experiencia de Dios, configurados con el corazón del Buen Pastor, dóciles a las mociones del Espíritu, que se nutran de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de la oración; de presbíteros misioneros; movidos por la caridad pastoral: que los lleve a cuidar del rebaño a ellos confiados y a buscar a los más alejados predicando la Palabra de Dios, siempre en profunda comunión con su Obispo, los presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas y laicos, de presbíteros servidores de la vida: que estén atentos a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la defensa de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad. También de presbíteros llenos de misericordia, disponibles para administrar el sacramento de la reconciliación.

Hoy se producirá en vos, un cambio esencial. A los ojos humanos te veremos igual, los ojos de la fe sin embargo nos dicen otra cosa. Serás sacerdote para siempre que harás presente a Cristo, pero no porque está ausente sino porque obrarás en Cristo. Por eso podrás decir “Tomen y Coman esto es mi Cuerpo, Tomen y Beban esta es mi sangre” Por eso podrás decir “Yo te absuelvo…” que gran misterio, ¡cuánto don y cuánta gracia!, por eso cada día debería resonar en el corazón sacerdotal: “considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la Cruz del Señor”.

El Señor ha tenido la delicadeza de preguntarle a Pedro si lo amaba, aquel que lo había cobardemente negado ahora es interrogado desde el Amor. El amor a Cristo es la primera condición para ser Pastor en la Iglesia, pero el amor a Cristo se manifiesta en el Amor a los hermanos. Hoy Santiago también Jesús te formula esta pregunta y ciertamente porque experimentaste que Jesús sabe todo y sabe que lo quieres, es que hoy el Señor, en su Iglesia te envía para apacentar a tu pueblo.

Te encomiendo Padre Santiago a nuestros Santos Patronos, del Clero Castrense, San Juan de Capistrano y del Clero Argentinos San José Gabriel del Rosario Brochero, los dos en su tiempo y en su contexto cultural fueron ardientes misioneros, que ellos te animen siempre y te sostengan en la vocación a la que por gratuidad de Dios fuiste llamado.

Y que María, en la Advocación de Nuestra Señora de Luján, Patrona de nuestra Diócesis, y de esta Iglesia Castrense donde recibís el sacerdocio te dé siempre un corazón dócil para dejarte conducir por el Espíritu, un oído atento para saber escuchar al Señor y una disponibilidad pronta para salir al encuentro de los hermanos.

 

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