Mons. Olivera | El Siervo de Dios Enrique Shaw nos recuerda con su vida el Evangelio de Jesús

Publicado el27 agosto, 2020

Mons. Olivera | El Siervo de Dios Enrique Shaw nos recuerda con su vida el Evangelio de Jesús, así lo manifestaba Mons. Santiago Olivera, Delegado Episcopal para la Causa de los Santos y Obispo Castrense de Argentina al transmitir su Homilía. Fue durante la celebración de Santa Misa por el Aniversario del fallecimiento del Siervo de Dios, Enrique Shaw en la noche del 27 de agosto, en la Iglesia del Pilar, Recoleta, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Presidió la Santa Misa, en la Basílica Ntra. Sra. del Pilar, Mons. Santiago Olivera, Delegado Episcopal para la Causa de los Santos, concelebró el Padre Gonzalo Lorenzo. Mons. Olivera en el inicio de la celebración, compartió una especial intención, “pedimos la gracia al Siervo de Dios Enrique por el fin de la pandemia y también para que podamos vivir en el mundo y en nuestra Patria lo mejor que podamos este tiempo de prueba. Sacando lo mejor de cada uno. Renovando la certeza de la cercanía de Dios, de un Dios que es Padre y no se distrae”.

Continuando, Mons. Santiago Olivera, dijo, “también sumamos el pedido del cese del fuego en nuestra Patria, como en nuestra provincia de Córdoba y demás regiones que están sufriendo la inclemencia de los incendios.  Encomendamos también en que celebramos la Santa Misa de Santa Misa a todas las Mónica y todas las madres”.

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A continuación, compartimos Homilía de Mons. Santiago Olivera, Delegado Episcopal para la Causa de los Santos y Obispo Castrense de Argentina, en el 58° Aniversario de Fallecimiento del Siervo de Dios Enrique Shaw:

Misa por el Aniversario del fallecimiento del Siervo de Dios Enrique Shaw (1962-2020)

27 de agosto de 2020, Iglesia del Pilar, Buenos Aires

Gracias ACDE por permitirme presidir esta Eucaristía gracias Padre Gonzalo Lorenzo por la acogida.  En el día de Santa Mónica y con mucha alegría celebramos esta Eucaristía, en estos nuevos modos en los que nos unimos desde nuestros hogares, recordando también la Pascua del Siervo de Dios Enrique Shaw. Cada vez que nos reunimos en el Nombre del Señor y le pedimos la gracia de la pronta Canonización de nuestro querido y amigo Enrique, no puedo dejar de traer a consideración las consoladoras palabras de Jesús que recién hemos escuchado del Evangelio de San Mateo:

 “Les digo también que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, mi Padre del Cielo se la concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy allí, en medio de ellos.”

Y nos hemos reunido en el nombre del Señor para pedir la pronta Beatificiación Canonización del Siervo de Dios, con la certeza de pedir algo muy importante para nuestra Iglesia y nuestra Patria como es tener un modelo, un faro, un referente en el hoy permanente de nuestra historia. El Siervo de Dios fue miembro de la Armada Argentina, laico Empresario, Padre de Familia, cristiano en serio, católico comprometido. 

Cuando tuve la gracia de asumir como Obispo Diocesano de Cruz del Eje, tuve la oportunidad y privilegio de rezar y trabajar por la causa del entonces venerable Padre Brochero. Y en esa Misa de inicio cuando comencé como Obispo allí, providencialmente se proclamó el Evangelio que me referí. Allí tuve la certeza interior, la firme convicción que el Señor nos escuchaba, el Señor escucha a su Pueblo. Y hoy ciertamente renuevo esa misma convicción. Dios escucha a su Pueblo.

Y les comparto que cuando me fui involucrando en la causa de Brochero descubrí que además de ser un gran pastor, totalmente entregado y por lo tanto un modelo sacerdotal, era también un modelo de ciudadano, un grande, un prócer. Lo mismo experimento cuando profundizo más la vida de nuestro Siervo de Dios Enrique, descubro que es un modelo de laico, esposo y padre de familia, de cristiano comprometido en la vida de la Iglesia y en la sociedad, de ciudadano, un emprendedor con valores claros, empresario, es un gigante evangelizador, un genio, un grande. Y en verdad, no estoy exagerando. Sin duda conocer más su figura nos hará mucho bien, y será para nuestra Patria un excelente referente.  Necesario en este tiempo de Pandemia que nos pone ante la necesidad de mirar solidariamente al otro con justicia y con verdad. Son tiempos en los cuales la imaginación de la caridad nos exige a todos los cristianos agudizar nuestra mirada y a movilizar más nuestro corazón. Como les compartía en un encuentro de ACDE organizado por ACDE Rafaela:

 “En estos tiempos que nos toca, sin duda, muchos empresarios cristianos están llamados a ganar menos dinero, pero a ganar más cielo.” Sabemos que Enrique, “vivió su vida terrena, preparando la vida eterna, dejando que Dios actué en él…”

 Enrique lo entendió y se preocupó por encarnar la Doctrina Social de la Iglesia en el mundo del trabajo, vivió realmente la comunión en la Empresa: Y pudo hacer realidad lo que expresó en su momento el Santo Padre, San Pablo VI que “la Eucaristía nos mueve al amor social” ,  Enrique tenía muy claro que la Eucaristía ayudaba a los demás. La Eucaristía permeó toda su vida y se plasmó en algunas líneas formativas para los dirigentes de empresa. Vivía y enseñaba que el empresario tenía un deber propio de perfeccionamiento que se realiza en el darle a los demás. Un deber de servicio abierto a las necesidades de los otros a semejanza de Jesús Eucaristía. La empresa debe ser analógicamente sacramentalisable, refería, de promoción humana, de dignificación humana personal. La Eucaristía nos hace hermanos, manifestaba en un texto escrito por él: “Eucaristía y vida empresaria”. Sabiendo superar las barreras artificiales, individuales y colectivas, que separan al dirigente de empresa del personal por la devoción eucarística, porque Cristo, por la comunión, nos une fusionándonos misteriosamente en nosotros.

Da mucha alegría escuchar las palabras del Santo Padre Francisco que en la Audiencia General de ayer invitándonos a superar desigualdades exhortándonos a actuar juntos en la esperanza de generar algo diferente y mejor. Hoy el Papa nos señala con total claridad y valentía que los síntomas de desigualdad revelan una enfermedad social, es un virus, dice Francisco, que viene de una economía enferma. La desigualdad es fruto de un crecimiento injusto, que prescinde de los valores humanos fundamentales.  Enrique el S d D, es un buen referente de cómo vivir una sana “economía social”. Actual, sin duda, para nuestro hoy y nuestro futuro. Los bienes al servicio y progreso de todos.

 Podemos escuchar, pero con el propósito de trabajar por ello lo que el Siervo de Dios nos dice con relación al trabajo y la desocupación:

 “El trabajo del hombre es una realidad querida por Dios y santificada por Cristo. La desocupación, por ello, un mal moral antes que un mal económico. Sus consecuencias han de ser cuidadosamente ponderadas antes de efectuar despidos y mismo suspensiones. Mal moral, y no simple hecho económico, como lo pretenden ciertas teorías, que no dudarían en proponerla en algunas ocasiones como solución útil y aún bienhechora para facilitar una recuperación económica. No debemos aceptar jamás este materialismo que sacrifica la persona humana al dinero y al lucro”.  

Muchos compartimos, sin duda, lo providencial de esta causa en “nuestro tiempo”. Enrique tiene la vigencia de los santos para iluminar con su palabra y sin lugar a dudas con su ejemplo el sentido social de la empresa, ella es todo un equipo que debe servir al progreso de todo el hombre y de todos los hombres. Todos son hermanos y en la responsabilidad de cada uno no hay que olvidar la vida del otro porque todos somos don para los demás.

Muchos conocemos, gracias a Dios, que el Siervo de Dios como empresario se ocupaba y preocupaba de los obreros, en realidad el lo vivía como cercanía expresando cariño y empatía, “de sus obreros y de sus familias”. Enrique se solidarizaba con sus hermanos empleados. Dicha solidaridad parte de la certeza de un destino común y del trabajo mancomunado para que la vida sea “más humana” para todos.

Su vida es palabra para los Empresarios de hoy. Dios quiera que cada vez lo escuchemos y conozcamos más.

Pidamos entonces la gracia de la pronta Beatificación y Canonización del Siervo de Dios, pero pidámosle al Siervo de Dios la gracia de transitar en nuestra Patria caminos de encuentro, en la justicia y en la solidaridad.

Hemos, escuchando al Apóstol Pablo que recién hemos proclamado y recordaba a los de Corinto “que han sido santificado en Cristo Jesús y llamados a ser santos, junto con todos aquellos que en cualquier parte invocan el Nombre de Jesucristo” y nos recordaba Pablo, Dios es fiel. Invocamos el Nombre de Jesús, en su Nombre nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía, no hay duda de que nosotros estamos llamados a ser santos. Estamos llamados a responder fielmente a nuestro Bautismo, para eso la Iglesia Canoniza a algunos, son muchísimos los santos, solo algunos son canonizados para ponerlos como referentes, como modelos, como faros. Con la firme convicción como menciona Pablo que fuimos colmados con toda clase de riquezas. Los santos supieron fecundar en sus vidas toda la gracia recibida. Santa Mónica y el Siervo de Dios nos dan testimonio de ello.

Santa Mónica, la mujer de fe y esperanza. La mujer firme y perseverante en la oración por la conversión de su hijo Agustín, nos renueve también en la certeza que podemos lograr con nuestra oración y sacrificios, aún con nuestras lágrimas, la conversión de muchos. Y hay necesidad. Pedir por la Conversión propia en primer lugar y la de tantos. Mónica es un excelente modelo de fortaleza y de fe.

Y el Siervo de Dios nos recuerda con su vida el Evangelio de Jesús. Nos recuerda con su vida que a esta vocación es posible responder en las distintas realidades que nos movemos, porque el Señor da la Gracia para responder a lo que nos llama.

Que María, la Mujer fiel, del Sí sin renuncias nos guie, acompañe, sostenga y cuide en nuestro camino hacia la Patria del cielo, que ella, como le gustaba decir al Siervo de Dios sea siempre “nuestra socia” en el peregrinar de la vida. Amén.-

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