Mons. Olivera | Estamos llamados como Jesús, a mirar más allá

Publicado el15 marzo, 2021

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Mons. Olivera | Estamos llamados como Jesús, a mirar más allá, así lo expresó el Obispo Castrense de Argentina durante la celebración Eucarística en el cuarto domingo de Cuaresma. Fue en la mañana del domingo 14 de marzo, en la Capilla del Seminario San Juan de Capistrano y Santo Cura Brochero, en la primera Santa Misa luego del inicio de actividades del Seminario, el último 10 marzo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Celebró Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina, concelebraron, los Capellanes Mayores de Fuerza Aérea Argentina, Padre César Tauro, de GNA (Gendarmería Nacional Argentina), Padre Jorge Massut, el Rector del Seminario, Padre Daniel Díaz Ramos y el Vicerrector, Padre Diego Pereyra y el Capellán Castrense, Padre Ricardo González. Asistieron, Seminaristas y fieles Castrenses pertenecientes a las distintas Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad.

A continuación, compartimos en forma completa la Homilía de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

CABA, 14 de marzo de 2021

Capilla del Seminario Castrense, San Juan de Capistrano y Santo Cura Brochero

Homilía de Mons. Santiago Olivera

Obispo Castrense de Argentina

Estamos celebrando este cuarto domingo de Cuaresma en la Capilla del Seminario Diocesano Castrense habiendo dado formalmente el inicio a las actividades el pasado 10 de marzo, este es el primer domingo que celebramos juntos y nos llena de gozo. Estamos reunidos junto a los Superiores del Seminario, Capellanes Mayores, los Capellanes Castrenses y ustedes quienes son parte de la gran familia Diocesana que se conforma de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad, pedimos por todos ellos y también por los que nos acompañan a través de las redes sociales, esta nueva manera de estar en comunión con tantos.

Quiera Dios que, a todos, le toque al corazón, les llegué esta celebración Eucarística que es por excelencia del amor grande de Dios. Hemos escuchado el Evangelio de Juan, que dice, <<Sí, Dios amó tanto a este mundo, que entregó a su Hijo para salvarnos>>. El sí, la afirmación de que la presencia de Dios entre nosotros por medio de Jesucristo es por puro amor suyo, por amor gratuito, nos ama tal cual somos.

Recordamos las palabras del hijo pródigo, o algunos les gusta llamarlo, la del padre misericordioso, es la imagen de un hijo que descubre que lo perdió todo por ir fuera del camino de su padre, pero, pensando, regresa a casa. Ahí hay fiesta, hay celebración, hay abrazo, no hay tantas preguntas de su Padre Dios, hay una actitud del Padre que quieren remarcar los Evangelios, el amor de Dios grande, que comprende, que ama, que había esperado y esto tenemos también vivirlo en nuestra vida.

La clave es, el regreso a casa, el tiempo de la Cuaresma, el tiempo del Éxodo, del desierto, también de alguna manera es como el regreso a casa, porque se nos invita en el tiempo de la Cuaresma a morir al pecado para resucitar a la vida nueva. Se nos invita a una nueva existencia.

El Evangelio, es como la continuación de un diálogo que Jesús mantiene con Nicodemo, que era un hombre inteligente, un judío que se acerca al Señor de noche como para no perder el prestigio, y le pregunta la clave. ¿Cómo puede un hombre nacer cuando es viejo? Lo preguntaba porque, para los que creían y se bautizaban, significaba una nueva vida, nuevos criterios, nueva existencia.

Entonces, continua el texto de hoy en esta enseñanza del modo de obrar de Dios, frente al modo de obrar del pueblo. Un pueblo que se aparta, que sufrió el destierro, el estar lejos de su casa y que vuelven confiados hacia la casa, a la patria. En el Salmo recordamos, <<junto a los ríos de Babilonia, nos sentamos a llorar -estaban con nostalgia porque deseaban volver a la casa-. ¿Cómo podríamos cantar un canto al Señor en tierra extranjera? Si me olvido de ti Jerusalén, que se me paralice la mano derecha>>.

Esto, es imagen de nuestra vida de peregrinos, es volver a casa, volver al lugar donde Dios habita, donde Él está, y donde podemos hacer nosotros sin lugar a duda es en nuestra propia vida, pero justamente por el amor de Dios. Hemos escuchado en el Evangelio, este texto que, hace referencia al pueblo que peregrina, que murmura contra Moisés, y el Señor le pide que levante una serpiente.

Una serpiente, que es también el signo de la salud, podríamos decir, justamente símbolo de muerte, pero a la vez de vida, recordemos que las farmacias tienen a la serpiente como distintivo puesto que justamente, nos recuerdan a la salud, <<aquel que mire a la serpiente, se cura>>. Esta imagen que Jesús quiere mostrarnos en el Evangelio de hoy, aunque atrae a todos hacia ti, la Cruz de Cristo que es levantada y tenemos que mirar la Cruz de Jesús, para alcanzar la salud, para alcanzar la salvación.

Entonces, podríamos detenernos en las miradas, porque es mirar la Cruz de Jesús, aquel que vea, se salve por Él, porque Él no vino a juzgar al mundo, nos vino a rescatar y salvar. Solo nos pide la mirada, podríamos decir, el encuentro de miradas, esto es clave en nuestra espiritualidad cristiana, sabernos que la mirada de Dios siempre es una mirada comprensiva, amante.

Quizás por nuestras fragilidades, nuestras debilidades, nuestras culpas no entendemos que Dios siempre nos mira amándonos y que siempre mira perdonándonos. Insisto en esto, puesto que éste será el modo en que tenemos que vivir los cristianos si queremos imitar a Jesús, tenemos que mirar el don de su mirada, la gracia de mirar como Él, dejarnos mirar por Él, pero también dejar que nosotros podamos mirar como Él nos mira.

Cuanto consuelo nos da el sabernos que el Señor que nos mira, nos mira amando, cuidándonos, abrazándonos, nos mira justamente para que volvamos más a Él. Y en esa mirada que nosotros ponemos es como observar en lo alto, mirar a Jesús que está en la Cruz, es mirar el modo en que Él nos salva.

La Cruz no es un instrumento de mortificación simplemente o de tortura, sino justamente es, el germen de la vida, sabemos que la Cruz es la manifestación más clara del amor de Dios. <<Dios sí -dice Juan- amó tanto al mundo que envió a su Hijo para salvarnos>>, tanto nos amó Jesús, que entregó su vida para salvarnos, debemos dejarnos mirar por Dios y mirar como nos mira el Señor, como Jesús nos mira.

En los Evangelio, recordemos que, en el momento de la Cruz, cuando el Señor está manifestando su amor supremo, la entrega más grande, donde no hay dudas ni límites, donde un amor sin finales se entrega. Cuando los escupen, lo insultan, se burlan, no lo comprenden, el Señor, no obra con todo su poder mandando fuego, castigos o pruebas, el Señor no obra con venganza, el Señor obra comprendiendo, amando.

Esto es muy importante para nuestra vida de cristianos, es una gran deuda que nosotros tenemos siempre, que es difícil lo sabemos, es amar a todos, es amar siempre y es amar como Dios, primero. Es muy difícil, pero a éste, es el camino al que estamos llamados, no nos llamó el Señor Jesús a una vida fácil, sino, nos convocó a vivir una exigente vida cristiana.

Jesús en la Cruz cuando le hacen eso, mira más allá y dice, <<perdónalos porque no saben lo que hacen>>. A veces pasa también, actitudes, críticas, murmuraciones, soberbias, miserias de nuestra vida nos ponen con una mirada más miope, más corta, no comprensiva, no amante, estamos llamados como Jesús a mirar más allá.

Estamos celebrando también la novena del Santo Cura Brochero, Patrono del año introductorio de nuestro Seminario, Patrono del Clero Argentino, podríamos decir que el Cura Brochero también nos enseñó a mirar más allá. A veces nosotros nos quedamos con la primera mirada, con el prejuicio y los santos saben mirar más allá, saben mirar con comprensión, saben mirar con amor.

Como conocemos, hemos escuchado también hoy en la predicación, recordemos al Santo Cura Brochero y su relación con Santos Guayama. Un hombre que era un bandido, un cuatrero al que Brochero había llevado su palabra para que pueda ir a los ejercicios espirituales, para que deponga de las armas.

Pero como se sabe en la historia, Brochero fue traicionado y Guayama fue fusilado, envagrándolo en un dolor muy grande al santo. Ante esto, el Santo Brochero dijo, <<muchos dicen que es una mala persona, que es un bandido, pero era un hombre bueno, era un entrañable amigo>>, sin lugar a duda, Brochero entendió lo de Jesús, supo mirar más allá.

Y si nos dejamos mirar por Dios y hacemos encuentros de nuestras miradas, solamente vamos a experimentar el amor de Dios. Porque nos amó, porque entregó su vida para salvarnos, porque nos invita a amar como Él, porque nos invita a trascender las miradas meramente humanas.

Pidamos entonces la gracia, que nosotros podamos transitar este camino hacia la Pascua, mirando a Jesucristo, sabiendo que la Cruz nos recuerda que por amor a cada uno de nosotros murió allí, sabiendo nuestra historia, nuestra situación. Sabiendo en qué momento estamos siempre, nos recordará el amor de Dios.

Y este modo de obrar de Jesús, que ama siempre como Dios, que ama a todos como Dios y que ama primero, será el camino si queremos ser cristianos de verdad. Si queremos amar como Jesús, si queremos seguir sus pasos, si queremos encontrarnos un día en casa, tenemos que pedirle al Señor, que nos dé un corazón semejante al suyo, que nos dé una mira semejante a la suya. Que así sea.

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