Mons. Olivera | Los invito especialmente a unirnos a rezar juntos el Santo Rosario y ponernos al amparo de nuestra Madre, bajo su advocación de Luján, patrona de la Patria

Publicado el29 abril, 2020

Mons. Olivera | Los invito especialmente a unirnos a rezar juntos el Santo Rosario y ponernos al amparo de nuestra Madre, bajo su advocación de Luján, patrona de la Patria, así lo señaló el Obispo Castrense de Argentina en un mensaje dirigido a nuestra Diócesis. En el mismo, fechado este 29 de abril, día en que inicia la Novena a Nuestra Señora de Luján, Patrona del Obispado Castrense de Argentina, Mons. Santiago Olivera nos recuerda, “estamos transitando el Año Mariano Nacional y una vez más nos detenemos y ponemos la mirada en la Virgen”.

Agregando, “la Limpia y Pura Concepción que quiso quedarse entre nosotros a orillas del Río Luján para acompañar nuestro peregrinar. Ante estos difíciles momentos debemos recordar que ella es mediadora, abogada, auxiliadora y socorro de aquellos que la invocan. “Todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc 1, 48)”.

A continuación, compartimos con ustedes el mensaje de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

Mensaje de Mons. Santiago Olivera

Inicio de la Novena a Nuestra Señora de Lujan

Patrona del Obispado Castrense

Buenos Aires, 29 de abril de 2020

Muy queridos hermanos:

Estamos transitando el Año Mariano Nacional y una vez más nos detenemos y ponemos la mirada en la Virgen. La Limpia y Pura Concepción que quiso quedarse entre nosotros a orillas del Río Luján para acompañar nuestro peregrinar. Ante estos difíciles momentos debemos recordar que ella es mediadora, abogada, auxiliadora y socorro de aquellos que la invocan. “Todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc 1, 48).

Por ello, en esta novena que hoy comenzamos los invito especialmente a rezar juntos y ponernos al amparo de nuestra Madre, bajo su advocación de Luján, patrona de la Patria, de nuestra querida Diócesis y de la Gendarmería Nacional. Bajo su manto nos debemos sentir íntimamente unidos. Norte, sur, este y oeste, en todo el territorio de la Nación y también junto a nuestros hermanos que custodian la paz en Chipre.

Los invito también a experimentar el amor maternal de María y, bajo su mirada amorosa, a consolidar nuestra pertenencia particular a esta Diócesis personal que cumple su principal misión en la atención pastoral a los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas y Fuerzas de Seguridad Federales, sus familias, el Presidente de la Nación, los Ministerios de Defensa y Seguridad y los establecimientos de salud castrenses. Sabemos de su corazón especialmente dispuesto al servicio de la Patria.

En este tiempo de pandemia y difícil prueba, en esta tormenta inesperada y furiosa -en palabras del querido Papa Francisco- tenemos que aprovechar para sacar lo mejor de nosotros mismos, para no dejarnos confundir y obrar con prudencia y serenidad. Mirar nuestro interior y, aún con los pies en la tierra, elevar los ojos al cielo sabiendo de nuestra fragilidad y nuestros límites. Confiar, como peregrinos que somos, en María nuestra Madre. Los cristianos tenemos que saber que, pese a esta difícil prueba, todo sirve para bien de aquellos que Dios ama.

El 8 de mayo íbamos a celebrar la ordenación diaconal de uno de nuestros seminaristas en la Parroquia de Nuestra Señora de Luján Castrense, también bajo cuidado pastoral de esta Diócesis y con una realidad que compartimos con nuestra hermana Iglesia de Buenos Aires, Por motivos lógicos de este tiempo y por razones de prudencia humana y pastoral, hemos trasladado la misma a otra fecha. Ello nos anima a renovar nuestra oración por las vocaciones sacerdotales a esta vida castrense. Vocación de sacerdote diocesano, pero con la particularidad de estar al servicio y la disponibilidad, tanto aquí como en el exterior, de aquellos que sirven a la Patria.

María se tomó bien en serio ser la Madre de todos. Al pie de la cruz la recibimos como Madre porque su Hijo así lo quiso como su testamento más grande. María, como lo hizo en las Bodas de Caná, con mirada tierna, cercana, atenta a nuestras necesidades, nos invita siempre a disponer nuestro corazón a Jesús y estar bien dispuestos a lo que Él nos dice.

María, que es la llena de Gracia y la bendita entre todas las mujeres, también es la mujer de la peregrinación. Fue creciendo y comprendiendo al Señor guardando muchas cosas en su corazón. Dijo Sí en la encarnación y dijo Sí en la cruz. Fue un Sí inclaudicable. Un Sí que no tuvo nunca una vacilación. Su “hágase en mí según su palabra” nos anima y nos impulsa también a decirle nosotros Sí al Señor.

Pastores y fieles de esta Diócesis compartimos la rica experiencia de tener a la Madre de Luján como nuestra celestial patrona. Al amparo de ella una vez más nos cobijamos en estos tiempos difíciles para que no abandone a los servidores de la Patria y nos preparamos juntos para transitar esta Novena a su lado y poder celebrar su fiesta el próximo 8 de mayo con un corazón renovado en amor y solidaridad, en servicio y esperanza, en esta Argentina que hoy, más que nunca, nos necesita.

Madre de Luján, ruega por nosotros.

+ Mons. Santiago Olivera

Obispo para las Fuerzas Armadas

 y Fuerzas Federales de Seguridad

(OBISPO CASTRENSE)

Noticias relacionadas

1 Comentario

  1. Francisca Angélica Pierresteguy

    Gracias,unidos en oración de la mano de nuestra madre …rezaremos

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Pin It on Pinterest

¡Compartí esta noticia!

¡Enviásela a tus amig@s!