Mons. Olivera | Pedimos por nuestra Patria, para que transitemos caminos de fraternidad, de amistad social, de encuentro, de dialogo, de república, de una patria que nos incluya a todos

Publicado el1 junio, 2020

Mons. Olivera | Pedimos por nuestra Patria, para que transitemos caminos de fraternidad, de amistad social, de encuentro, de dialogo, de república, de una patria que nos incluya a todos, así lo señalaba el Obispo Castrense de Argentina durante la Homilía, en la celebración de la vigilia de Pentecostés. Fue en la noche del sábado 30 de mayo, celebración que se desarrolló sin presencia de fieles por encontramos en aislamiento preventivo y obligatorio por la pandemia de COVID-19 y que fuera transmitida por redes sociales.

Celebró Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina, concelebraron el Vicario General Castrense, Mons. Gustavo Acuña, el Rector de la Catedral Castrense, Stella Maris, Padre Diego Pereyra y el Capellán Castrense, Padre Santiago García del Hoyo. A continuación, compartimos con ustedes la transcripción de Homilía de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

Vigilia de Pentecostés

Homilía de Mons. Santiago Olivera

Obispo Castrense de Argentina

30 de mayo de 2020

Quisiera sumar a las intenciones de hoy, uniéndonos a los distintos acontecimientos en nuestra familia Diocesana Castrense, donde hace muy poco se ha celebrado en Río Gallegos, el Bautismo de Fuego de la Fuerza Aérea, y el de la Prefectura Naval Argentina (PNA) recordando la guerra de las Islas Malvinas; el 17 de mayo hemos celebrado la fiesta de la Armada Argentina. El 29 de mayo, celebramos el nacimiento del Ejército Argentino (210 años), hoy recordamos el Bautismo de Fuego de Gendarmería Nacional Argentina (GNA) del Escuadrón Alacrán de GNA en Malvinas, nuestros honores a todos los Veteranos de Guerra (VTG).

Pedimos por el eterno descanso de aquellos hombres que entregaron su vida y derramaron su sangre, siendo fieles a esa vocación que habían abrazado, esa disponibilidad de entregar su propia existencia por la Patria.

Este domingo 31 de mayo, celebramos, como Diócesis Castrense de Argentina, la fiesta de todos los misioneros, pues la fecha, coincide con el día de la Visitación de La Virgen, María que parte sin demora. También hoy, nos unimos a la celebración y recuerdo del nacimiento de la PSA (Policía de Seguridad Aeroportuaria), la Fuerza Federal de Seguridad más joven del país, feligreses también de nuestra Iglesia Diocesana. En mi mensaje a ellos, resaltaba su labor y vida; son los primeros en recibir a quienes están llegando y  padeciendo la enfermedad del coronavirus, y ponemos sus vidas en nuestras intenciones.

Damos gracias a Dios entonces, por tantos aniversarios que podemos celebrar en esta Eucaristía, es un don del Señor sin duda, esta posibilidad de llegar a tantos y unirnos así, e ir trabajando por el sentido de pertenencia de nuestra Diócesis Castrense de Argentina, una diócesis que es particular, como lo son la vida de nuestros hombres y mujeres de cada una de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad y sus familias, quienes tienen un peculiar modo de vivir, lo mismo que nosotros los ministros y  es lo que nos da la oportunidad de acercarnos a tantos.

También tengo presente a aquellos que están en sus casas, aquellos que están detenidos, aquellos que están sufriendo, a todos los que padecen algún dolor, injusticias -que las hay y muchas-, que experimenten el abrazo, la cercanía del padre, del hermano, del amigo no sólo del Obispo, sino de esta Iglesia Castrense; y finalmente, a todas estas intenciones sumamos la gratitud por la vida y por la entrega, desde antes, desde ahora, y desde siempre, de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad de nuestro país. Sin lugar a dudas, pedimos por nuestra Patria, para que transitemos caminos de fraternidad, de amistad social, de encuentro, de dialogo, de república, de una patria que nos incluya a todos.

Celebrar la fiesta, esta fiesta, es un acontecimiento muy gozoso para nuestra vida; podemos decir que el Espíritu Santo es último que hemos conocido, porque… ¿En qué consiste la vida eterna? “En que te conozcan a ti, Dios y a tu Hijo enviado Jesucristo”, y “nadie va al Padre sino es a través del Hijo”, pero el propio Hijo nos mostró y lo hemos ido recordando, rezando durante estos 50 días después de la Pascua, que no quedaríamos huérfanos. El Espíritu Santo sería enviado, esta persona de la Santísima Trinidad, distinta de Dios y del Hijo, este Espíritu Santo que hemos conocido como el último, el otro Paráclito, el que nos consuela, el que nos sostiene y nos enseña toda la verdad, y es el primero en la acción.

Es el Espíritu Santo, quien hace posible que pongamos nuestra mirada en el cielo, que obra en nuestro corazón, es quien nos hace posible que podamos decir: “Jesús es el Señor”. Es el Espíritu Santo que, con gemidos inefables, nos ayuda a decirle a Dios, “Abba, Padre,” a rezar, es quien nos sostiene, nos anima y es el Espíritu Santo, que es Presencia hasta el fin de los tiempos, de la promesa de Jesús, «Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo».

Podemos decir entonces que celebramos la fiesta del comienzo de la Iglesia, la fortaleza y la misión, el anuncio de la Buena Noticia, de un Dios que nos amó y nos ama siempre. Un Dios que nos amó tanto que envió a su Hijo para salvarnos, este Hijo Jesús, nos amó tanto que entregó su vida; pero esa vida entregada no quedó sólo en la muerte, sino que nos dio la gracia de la vida; haber vencido a la muerte, implicó otorgarnos la posibilidad, -Él como cabeza, y nosotros como su cuerpo-, de un día alcanzar el cielo. Cuando el Señor se va despidiendo de los suyos, les dice que esa tristeza se convertirá en gozo; para un cristiano, la alegría es como el distintivo que debemos tener en nuestra vida, que no significa ausencia de dolor ni de dificultad; la alegría honda, es la certeza de un Dios que nos acompaña siempre, certeza de que ni el dolor, ni la angustia, ni las preocupaciones son la última palabra, certeza de que cuando está Jesús en nuestra vida, está la paz. Hemos escuchado recién en el Evangelio, “Jesús que se aparece”, irrumpe en la vida de los discípulos junto a María y saluda con la paz.

En la liturgia, la frase de «la paz esté con ustedes», se la reserva siempre al Obispo, porque la Paz es presencia de este Señor Jesús en medio de su pueblo, y donde está Jesús, está la paz. Por eso, deberíamos preguntarnos, cuando la perdemos, por distintas situaciones, si de verdad en nuestra vida auténticamente está Jesús. Jesús que es presentado nuevamente a través de nuestra propia vida, nunca tenemos que olvidar que en el Bautismo, hemos sido hechos “otros Cristo”, y  ser otros Cristo, significa también vivir la vida de Jesús, descubrir que la vida del Señor, -que pasó  haciendo el bien y a todos, que pasó amando siempre y a todos-, es el camino que nosotros debemos transitar, pero este Señor, también padeció la incomprensión, las injusticias, las calumnias, la crucifixión, -el modo más terrible de muerte en esos tiempos- al lado de dos hombres ladrones, mal consideraos y mal vistos, allí murió Jesús;  

Y en el aparente fracaso de toda su obra, de toda su enseñanza, de toda su vida, sin embargo, fue el triunfo… También nosotros, muchas veces transitamos caminos de dolor y de cruz, pero es por ser cristianos, sino lo transitáramos, podríamos preguntarnos si estamos por el camino de Jesús.

Por eso, podemos vivir en paz y en alegría, porque la fiesta del Espíritu es la celebración siempre joven de la Iglesia. La alegría es clave y característica de todo hombre y mujer creyente, como signo y fruto del Espíritu.

Ese fruto es, la alegría, el gozo, la paz, el corazón grande, la entrega, la sonrisa siempre presente pero que habla de una realidad interior del corazón. En esta celebración de Pentecostés, deberíamos preguntarnos cada uno de nosotros, cuál es el aporte mío como cristiano en mi familia, en mi trabajo, en mi realidad pues a veces deseamos un mundo mejor; nos duele el mundo, las actitudes y también nos duele en nuestra Patria los modos, pero ¿cuál es nuestra vocación cristiana en este contexto hoy de nuestro país?, ¿cuál es nuestro mayor servicio?, ¿qué es lo que espera Jesús, con la fuerza de su Espíritu, de nosotros, para poder vivir cristianamente los valores del Evangelio, para vivir en la verdad, en la justicia y en el amor, para de verdad ser testigos valientes del Evangelio? Habrá un país nuevo si hay corazones nuevos, y tenemos que preguntarnos estas cosas, porque somos guiados y sostenidos por el Espíritu, y decimos “valientes” porque a veces nos da miedo decir la verdad y más miedo vivirla; que el Espíritu Santo venga a nuestro interior, «si lo amamos, haremos morada en Él» dice el Señor, ¡qué misterio grande que seamos cada uno de nosotros, sagrarios de la Trinidad!, si lo amamos a Dios, viene y está en nosotros, y es el Espíritu Santo el que nos ayuda a decir la Palabra, a anunciar el Evangelio a vivir de acuerdo al Evangelio…

Todos podríamos preguntarnos, cómo debo vivirlo, cómo puedo aportar a esta herida argentina, valores que hablan de un Evangelio que se va encarnando, en la defensa de las relaciones humanas, en la defensa de la vida, en el diálogo fraterno entre todos, en la amistad social de verdad y sincera, en no enemigos, en descubrimos distintos, en la libertad de poder expresarnos… ¡tantas cosas que nos gustan en nuestra Patria! y los cristianos más que nunca, sin peleas estériles, pero con firmeza del Evangelio tenemos que hacer presente. Por eso, le pedimos al Espíritu Santo que nos ayude a ser testigos valientes del Evangelio allí en donde estemos, no claudicar en los valores del Evangelio. No dejarnos adormecer, no contagiarnos ni contaminarnos con valores del mundo, ser cristianos, supone ir un poco de contramano en mucha de las cosas y ser valientes.

El Señor, el Paráclito, el que nos consuela, el que nos defiende, la promesa del Padre, el Espíritu Santo, el Espíritu de Amor que viene como fuego, que viene bien adentro nuestro para sostenernos; este Espíritu Santo, que a los Santos les ha brindado la fortaleza para no dejarse vencer y para vivir el Evangelio en cada circunstancia y en cada día.

Pidamos al Señor esta gracia y miremos en nuestra vida, qué podemos aportar en las realidades de cada día, para hacer de esta Patria nuestra, una tierra de verdad, cada vez más cristiana, cada vez más discípula de Jesús, cada vez con más presencia de Jesús entre los hombres. Que así sea.

Homilía Mons. Santiago Olivera, Vigilia de Pentecostés.-

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