Mons. Olivera | San José, es un excelente modelo para aceptar, para vivir, para descubrir la voluntad de Dios y cumplirla

Publicado el20 marzo, 2021

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Mons. Olivera | San José, es un excelente modelo para aceptar, para vivir, para descubrir la voluntad de Dios y cumplirla, así lo manifestaba el Obispo Castrense de Argentina, en su Homilía en la Solemnidad del Santo Patrono de la Iglesia, en el inicio del año Jubilar. Fue en la media mañana del jueves 19 de marzo, en la Catedral Castrense, Stella Maris, en el barrio porteño de Retiro, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Presidió la Santa Misa, Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina, concelebraron, el Vicario General, Mons. Gustavo Acuña, el Canciller y Capellán Mayor de la Armada Argentina, Padre Francisco Rostom Maderna. Los Capellanes Mayores de las Fuerzas Armadas, del Ejército Argentino, Padre Eduardo Castellanos, de Fuerza Aérea Argentina, Padre César Tauro, Capellanes Mayores de Fuerzas Federales de Seguridad, de GNA, Padre Jorge Massut, de PNA, Padre Diego Tibaldo, de PSA, Padre Rubén Bonacina, el Rector y Vicerrector del Seminario Castrense, Padre Daniel Díaz Ramos y Padre Diego Pereyra (Rector de Catedral Castrense), el Delegado para la Pastoral Familiar, Padre Marcelo Mora, Capellanes Castrenses y Capellanes Auxiliares.

A continuación, compartimos en forma completa la Homilía de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

Solemnidad de San José

Catedral Castrense Stella Maris

19 de marzo de 2021

2 Sam 7,4-5.12-14.16

Sal 89

Rom 4,13.16-18.22

Mt 1,16.18-21.24a

Cuando celebramos la Eucaristía en nuestra Diócesis, que tiene la particularidad de ser personal, llevamos siempre a nuestro pueblo, presentamos al Señor, aunque estemos solos, la vida, las necesidades, las tristezas y las alegrías de todos los hombres, de nuestros fieles, allí donde estemos. Es una alegría ver que nuestros Sacerdotes se suman siempre, siendo expresión de la manifestación, de la Presencia Diocesana, como también ver parte de nuestro pueblo que se nos confía.

Nos llena de gozo poder reunirnos para celebrar, y en este día especialmente también con nuestro Seminario Castrense, con aquellos que van haciendo el camino para configurarse con Cristo Pastor, según el Corazón de Jesús y para el servicio, concretamente a los hombres, mujeres y familias de nuestras Fuerzas. 

Es una alegría que podamos celebrar el primer día de San José, luego de que el Papa Francisco considerara oportuno, tener un año dedicado a él. Sabemos que el Beato Papa Pio IX, el 8 de diciembre del año 1870, había declarado a San José, Patrono de la Iglesia; ciertamente, podríamos decir con sentido común, -porque la Iglesia es Cristo en el mundo, la Iglesia es el Cuerpo de Jesús, Él es nuestra Cabeza- que así como José fue custodio de Jesús, también es custodio de la Iglesia, por eso es también de todos nosotros.

Este año, dedicado a San José, justamente por los 150 años de la declaración del Papa Pío IX , el Papa Francisco quiso sumar en este fiesta, la dedicación a la familia, declarándolo también, como “Año de la Familia”, en una misma línea del sentido común. San José que es custodio de Jesús, y que también es quien cuidó con tanta delicadeza a su novia, a su prometida, a su señora, asumiendo y acompañando el proyecto de Dios en su vida, en esta familia, que sin lugar a duda es Sagrada.

En tal sentido, sumamos en esta Eucaristía el deseo de trabajar más y mejor por las familias, tal como el Papa Francisco nos invita en la Carta, «Con corazón de Padre», a pensar de un modo creativo y con valentía, los nuevos tiempos que tenemos para anunciar el Evangelio, y a cómo anunciarlo a nuestras familias de hoy en toda su realidad.

Que, en esta apertura del Año de la familia, podamos como Iglesia Diocesana, como Iglesia particular, pensar, buscar, ser creativos, ser valientes, buscando nuevas formas, nuevos caminos,  

-quizá algunos antiguos y otros renovados- para servir más y mejor a nuestra familia castrense. Por ello, quisimos celebrar esta Eucaristía en unión con el Papa Francisco, dando comienzo también diocesanamente al “Año de la familia”, con este deseo de renovarlos.

Como les decía, el Papa ha hecho esta Carta Apostólica, “Patris Corde”, – que sin lugar a duda, nos llena de consuelo pensar así “Con corazón de Padre”, y qué lindo que podamos ver en San José esta figura, como se lo presenta en los Evangelios, “Jesús, el Hijo de José-”.

Se trata de una carta corta, pero profunda, con un mensaje que nos ayuda a descubrir más la imagen de este hombre justo, de este hombre de Dios, para contemplarlo y agradecer su vida, también para gozarlo, porque él cuidó a Jesús a quién amamos y seguimos, y cuidó a María Santísima, que no sólo es la Madre de Jesús, sino nuestra propia Madre, a la cual veneramos y queremos, y de quien escuchamos también sus indicaciones que nos llevan a Jesús.

“Con corazón de Padre” ¿Pero, qué significa que José haya vivido con corazón de padre? Quiere decir que se hizo cargo de la situación que le tocaba vivir. Hemos escuchado que, en cuatro sueños, según dicen las Escrituras, se relata la acción de José.

Descubrimos en él, en su vida, en sus acciones, que como la Virgen- podríamos decir-, también ha dicho, “Hágase en mí según tu Palabra”; lo hizo en el silencio, en el secreto, en la sencillez de todos los días, él ha sabido cumplir lo que Dios le pedía.

Dice el Papa Francisco, «y ha sabido asumir la vida tal cual es», porque sin lugar a duda le cambiaba su historia, su realidad, sus proyectos, pero José pudo confiar en la voluntad de Dios. “Él no tuvo miedo -dice el Papa Francisco- de cederle a Dios el timón de nuestra barca, no tuvo miedo de cederle a Dios el timón de su propia vida”.

Y lo contemplamos con gratitud, porque él acoge y asume con responsabilidad lo que el Señor le iba a presentar. Es protagonista, valiente, fuerte y tuvo esa fortaleza que le dio el Espíritu Santo para cumplir lo que Dios le pedía.

¡Qué importante es que podamos descubrir esta figura que nos sigue acompañando, que nos sigue iluminando!

Que en ese silencio de José, -porque no tenemos palabras, sino actitudes valientes, decisiones creativas; planeando, inventando, encontrando caminos, se las rebuscó siempre para confiar en lo que Dios le pedía- que nos ayude también a ver cómo hoy nosotros actualizamos la vida de José, ¿cómo podemos ser y hacernos cargos de tantos hermanos como lo hizo él?, ¿cómo podemos ser valientes y fuertes protagonistas de la historia? ¿Cómo podemos pedirle al Señor que nos de la fortaleza del Espíritu para aceptar la vida tal cual es? Porque como todos sabemos, es muy difícil; muchas veces se nos presentan situaciones en nuestro camino, que cambian quizá lo que pensamos y deseamos. Sin embargo José, es un excelente modelo para aceptar, para vivir, para descubrir la voluntad de Dios y cumplirla.

Que esta presencia discreta y oculta de San José, -tal como dice el Papa Francisco, «como los segundos, que son la mayoría de las veces, más protagonistas que los primeros, viviendo en lo cotidiano, y aceptando la vida cada día con hondura y con fidelidad al proyecto de Dios- que podamos nosotros renovar justamente este cederle a Dios el timón de nuestra barca, con todo lo que eso supone: El diálogo sincero con Él, la oración al Señor, el discernimiento para cumplir lo que Él quiere; agudizar nuestro oído y nuestro corazón para saber lo que  nos pide, para no confundirnos con otras voces, para como José, poder vivir el hoy de cada día, haciendo lo que Dios va pidiendo.

Ese silencio de José que expresa confianza. Pidamos la gracia para que San José nos ayude justamente a experimentarlo como nuestro padre, porque él es nuestro padre también. Él es nuestro Patrono, nos sostiene, nos acompaña, ilumina nuestra vida y nos ayuda a querer más a nuestra familia Santa que hoy también la Iglesia la presenta como modelo. Que así sea.

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