Mons. Olivera | Son ustedes muy importante, son el rostro femenino en las Fuerzas, son la fuerza de la mujer, la síntesis se desprende de la carta remitida por el Obispo Castrense de Argentina, Mons. Santiago Olivera con motivo de conmemorarse, hoy 8 de marzo, el día Internacional de la Mujer. En el escrito, subraya, “ésta es una oportunidad muy propicia para que reflexionemos juntos sobre la identidad, la dignidad, los derechos y el rol de la mujer en sí misma y en su relación con el varón”.

Mons. Olivera, también reconoce que nuestra sociedad debe seguir madurando, al respecto dice, “no podemos negar que es mucho lo que falta en nuestra cultura para que la valoración de la mujer, aún por ellas mismas, no quede sólo en el discurso y en la celebración de un día, sino que sea parte de la realidad de todos los días”. También recordó un pasaje del mensaje brindado por Su Santidad Francisco cuando nos enseña sobre la mujer, allí se lee, “son las mujeres quienes, con meticulosa paciencia, encienden y reencienden la llama de la fe. Es un serio deber comprender, respetar, valorizar, promover la fuerza eclesial y social de cuánto realizan”.

Agregando nuestro Obispo sobre la cita del Santo Padre, respecto de la mujer, “son una fuerza muy importante, donde pueden poner, como decía el Papa, el rostro femenino en las Fuerzas y pueden manifestar sin lugar a dudas, como a la sociedad toda, la fuerza de la mujer”. Para inmediatamente indicar, que son, “mujeres fuertes que defienden la vida, que asumen la vida, que sus propios cuerpos son sagrarios de nuevas vidas. Mujeres que acompañan toda la vida, ciertamente donde hay sufrimiento, dolor, allí, hay una mujer acompañando, sosteniendo, haciendo más fácil curar las heridas, superando los dolores más profundos”.

A continuación compartimos con ustedes, la carta de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

8 de marzo de 2019

Con motivo del Día Internacional de la Mujer

Queridos fieles:

Hoy, en el día Internacional de la mujer, ésta es una oportunidad muy propicia para que reflexionemos juntos sobre la identidad, la dignidad, los derechos y el rol de la mujer en sí misma y en su relación con el varón. Dios ha creado al ser humano a su imagen y semejanza como varón y mujer: iguales en dignidad y diferentes para complementarse, enriquecerse, acompañarse, ayudarse a ser felices y no para competir o pelearse.

Cristo Jesús -Camino, Verdad y Vida- no sólo respetó a la mujer, sino que la valoró, y nos enseñó su verdadera dignidad y la auténtica identidad del ser femenino, con actitudes concretas en su trato y relación con la mujer: “En una época de marcado machismo y feminismo, la práctica de Jesús fue decisiva para significar la dignidad de la mujer y su valor indiscutible.” (Documento de Aparecida, 451).

“La figura de María, discípula por excelencia entre discípulos, es fundamental en la recuperación de la identidad de la mujer y de su valor en la Iglesia.” (Id). No podemos negar que es mucho lo que falta en nuestra cultura para que la valoración de la mujer, aún por ellas mismas, no quede sólo en el discurso y en la celebración de un día, sino que sea parte de la realidad de todos los días.

Nuestra cultura sigue teniendo muchas manifestaciones machistas, conserva criterios y costumbres variadas de violencia y marginación contra la mujer; con frecuencia se le niega o dificulta el acceso a muchos trabajos o se les remuneran en un porcentaje sensiblemente menor que a los varones, se descargan en ella muchos deberes que han de ser compartidos. Incluso diversas ideologías feministas, dañan seriamente la dignidad femenina y deforman la identidad de la mujer impregnándola de criterios machistas propuestos para ser vividos por las mujeres.

En este punto, resulta muy especial recordar, lo que Su Santidad Francisco nos señalaba respecto de la mujer, en septiembre de 2017, “la esperanza en América latina tiene su rostro femenino. De sus labios, de la mujer, (decía el Papa), hemos aprendido la fe, es casi con la leche de sus senos, hemos adquirido los rasgos de nuestra alma mestiza y la inmunidad Frente a cualquier desesperación.

Pienso las madres indígenas o morenas, pienso en las mujeres de la ciudad, que con su triple de turno de trabajo (…), pienso en las abuelas catequistas, pienso en las consagradas y en las tan discretas artesanas del bien. Sin las mujeres, la Iglesia del continente perdería la fuerza del renacer continuamente”.

Continuando  el Papa Francisco, decía, “son las mujeres quienes, con meticulosa paciencia, encienden y reencienden la llama de la fe. Es un serio deber comprender, respetar, valorizar, promover la fuerza eclesial y social de cuánto realizan.

Acompañaron a Jesús misionero, no se retiraron del pie de la Cruz en soledad, esperaron que la noche de la muerte, devolviese al señor de la vida, inundaron el mundo con el anuncio de su presencia resucitada. Si queremos una nueva y vivaz etapa de la fe en este continente, no la vamos a obtener sin la mujer”, eso nos decía el Santo padre Francisco.

Por eso, no quiero estar ajeno para saludar a las mujeres de mi Diócesis, a las Mujeres, esposas, hijas, hermanas de los militares y de los miembros de las Fuerzas de Seguridad, a las mujeres miembros de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas de Seguridad. Porque sabemos que, son una fuerza muy importante, donde pueden poner, como decía el Papa, el rostro femenino en las Fuerzas y pueden manifestar sin lugar a dudas, como a la sociedad toda, la fuerza de la mujer.

A veces, se las reconoce como el sexo débil, sin reducir meramente al sexo, pero son sin duda las mujeres fuertes, porque, son las que acompañan en situaciones de dolor. Las que están dispuestas a sostener la familia cuando el hombre de la casa, por diversos motivos no está, se ausenta, se enferma, muere, o es la mujer abandonada, la mujer está ahí.

Mujeres fuertes que defienden la vida, que asumen la vida, que sus propios cuerpos son sagrarios de nuevas vidas. Mujeres que acompañan toda la vida, ciertamente donde hay sufrimiento, dolor, allí, hay una mujer acompañando, sosteniendo, haciendo más fácil curar las heridas, superando los dolores más profundos.

Con respetuoso afecto y sincero cariño, le envío a cada mujer la Bendición para que la reciban y compartan, la disfruten y hagan fructificar con aquellos varones que Jesús puso en sus caminos para que también ellos agradezcan al Dios de la vida y del Amor que las puso en sus vidas. ¡Feliz Dia Mujer!

+Mons. Santiago Olivera

Obispo Castrense de Argentina

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