“No podemos mirar la historia con un ojo solo”, la afirmación es parte de la carta de lectores, publicada por el Diario La Nación por nuestro Obispo Castrense de Argentina, Mons. Santiago Olivera. La misma lleva el título “¿Es esto justicia?, allí nuestro Obispo a partir de una serie de preguntas que se formula en vos alta, pone sobre foco la problemática en la cual nuestra sociedad da vueltas y más vueltas sin poder atravesar sanamente la realidad de valorar nuestra historia en toda su magnitud.

Confiado en que debemos para ello indiscutiblemente cambiar de actitud, nos vuelve a hablar de la cultura del encuentro, donde nos debemos de por sí, trabajar para poder conformar una memoria sin ideologías, donde desde la verdad absoluta se avance en justicia. El simple hecho de solo mirar parcialmente la historia nos ha llevado a desencuentros, y cómo lo señala Mons. Olivera, “necesitamos una mirada compasiva sobre todos aquellos a los cuales les tocó vivir la locura del enfrentamiento fratricida de aquellas épocas”.

Dicho esto, y basado en la palabra del Santo Padre, el Obispo Castrense de Argentina,  nos recuerda, “la misericordia no excluye la justicia y la verdad”. Para inmediatamente volver a mirarnos y denunciar que, “debemos pedir justicia con fuerza, coraje y valentía, porque muchos hermanos argentinos mueren en las cárceles o en sus domicilios sin condena. ¿Es esto justicia?”

A continuación compartimos la carta de lectores que publicó el Diario La Nación de Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

¿Es esto justicia?

¿Por qué será que hablar de la cultura del encuentro en nuestro país, de una memoria sin ideología, de la verdad completa y de justicia, nos divide tanto a los argentinos al punto de polarizarnos? A veces me pregunto: ¿por qué no queremos avanzar hacia un país fraterno y justo para todos? Es que no es fácil transitar la verdad y, por motivos diversos, se la calla, se la oculta o se la tergiversa. Mucho de esto pasa en nuestra patria. Hablar de algunos temas no es fácil, pero hay que hablar, para no ser tildados de cobardes o de permanecer callados frente a tanta injusticia y al dolor de muchos.

Al asumir, el Obispado castrense destacaba el valor de tender puentes en un mundo de zanjas, que nos desafían a superarlas. En este primer año de labor pastoral, he observado cómo, embanderados en derechos del pasado, se cometen hoy graves, intolerables e injustificables injusticias. Aunque nos cueste escucharlo o suponga algún dolor de cabeza, la situación de muchos detenidos por delitos de lesa humanidad es una vergüenza para la república: una discriminación nunca vista en democracia, llevada a cabo especialmente por algunos miembros del Poder Judicial, con el silencio cómplice de algunos de los miembros de otros poderes y de buena parte de la dirigencia nacional. Veo también silenciados los sufrimientos de tantas víctimas de violencia en nuestra patria perpetrados en tiempos de democracia equiparándolos a otras impunidades presentes. Otra deuda a saldar.

Necesitamos transitar caminos de verdad y de justicia para alcanzar la paz. No podemos mirar la historia con un ojo solo; necesitamos una mirada compasiva sobre todos aquellos a los cuales les tocó vivir la locura del enfrentamiento fratricida de aquellas épocas. Enfrentamientos en los cuales hemos perdido todos. El papa Francisco nos recordó que la misericordia no excluye la justicia y la verdad. El Dios del Preámbulo, “fuente de toda razón y justicia” para nuestra Constitución, no es el Dios vengativo y discriminador en que parecen inspirarse algunos crueles y diferenciados tratos. Debemos pedir justicia con fuerza, coraje y valentía, porque muchos hermanos argentinos mueren en las cárceles o en sus domicilios sin condena. ¿Es esto justicia?

Su Santidad dijo a unas presas de una cárcel en Chile: “Una condena sin futuro no es una condena humana, es una tortura”. Más allá de imputaciones y penas, todo ser humano tiene dignidad, y nadie puede privarlo de ella. Todos podemos rehabilitarnos.

+Mons. Santiago Olivera

Obispo castrense de la Argentina

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