Papa Francisco | Cuando nos colocamos generosamente al servicio de Jesús, Él hace grandes cosas en nosotros, la síntesis se desprende del mensaje brindado por el Santo Padre este medio día en el Estado Vaticano, antes de recitar la oración mariana. Puntualmente, como cada domingo, a las 12 horas (hora de Roma), el Santo Padre Francisco se presentó en la ventana del Estudio Apostólico, para dirigirse a los fieles reunidos en la Plaza San Pedro.

Luego de referirse al Evangelio del día, (cf. Lc 5,1-11) donde se lee el relato de Lucas, el llamado de San Pedro, donde nos recuerda la presencia de Jesús a orillas del lago de Galilea, cuando ante la frustrada experiencia de un pescador que luego de haber trabajado toda la noche no había pescado nada. Allí, Jesús le dice al pescador llamado Simone, “Toma y tira las redes de pesca” (v. 4).

El Santo Padre nos enseña dice lo que Simone le respondió y también lo que podría haber agregado, “«Maestro, luchamos toda la noche y no tomamos nada (…)». Y, como experto pescador, podría haber agregado: “Si no tomáramos nada por la noche, mucho menos lo tomaríamos por el día”. En cambio, inspirado por la presencia de Jesús e iluminado por su Palabra, dice: “… pero en tu palabra lanzaré las redes” (v. 5)”.

Esa afirmación, es la que deberíamos adoptar nosotros, puesto que, “es la actitud de disponibilidad que el Señor pide a todos sus discípulos, sobre todo a aquellos que tienen deberes de responsabilidad en la Iglesia”, afirmó Su Santidad Francisco. Agregando, “es una pesca milagrosa, un signo del poder de la palabra de Jesús: cuando nos colocamos generosamente a su servicio, Él hace grandes cosas en nosotros”.

Jesús, actúa notablemente en nosotros, señalando el Santo Padre, “nos pide que le demos la bienvenida en el bote de nuestra vida, que comencemos de nuevo con él y saquemos un nuevo mar, que se revela lleno de sorpresas”. Pese a las dificultades de la vida diaria, jamás debemos dudar en la convocatoria que nos hace el Señor, el propio Papa Francisco nos revela, “a veces, podemos sentirnos sorprendidos y vacilantes ante el llamado que nos hace el Maestro Divino, y nos sentimos tentados a rechazarlo debido a nuestra insuficiencia”.

Ampliando, nos cuenta que, “Pedro, después de esa increíble pesca, le dijo a Jesús: “Señor, aléjate de mí, porque soy un pecador” (versículo 8). Esta humilde oración es hermosa: “Señor, aléjate de mí, porque soy un pecador”. Pero lo dijo de rodillas ante Aquel que ahora reconoce como “Señor”. Y Jesús lo alienta diciendo: “No temas; de ahora en adelante serás un pescador de hombres “(v. 10), porque Dios, si confiamos en Él, nos libra de nuestro pecado y nos abre un nuevo horizonte: colaborar en su misión”.

A continuación compartimos con ustedes la interpretación del italiano al castellano del mensaje brindado por Su Santidad Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

El Evangelio de hoy (cf. Lc 5, 1-11) nos ofrece, en el relato de Lucas, el llamado de San Pedro. Su nombre, lo sabemos, era Simone, y él era un pescador. Jesús, en la orilla del lago de Galilea, lo ve mientras está instalando las redes, junto con otros pescadores. Lo encuentra fatigado y decepcionado, porque esa noche no habían pescado nada. Y Jesús lo sorprende con un gesto inesperado: se sube a su bote y le pide que se aleje un poco del suelo porque quiere hablar con la gente de allí, había mucha gente. Entonces Jesús se sienta en el bote de Simón y enseña a la multitud reunida a lo largo de la orilla. Pero sus palabras también reabren el corazón de Simone para confiar. Entonces Jesús, con otro “movimiento” sorprendente, le dice: “Toma y tira las redes de pesca” (v. 4).

Simone responde con una objeción: «Maestro, luchamos toda la noche y no tomamos nada …». Y, como experto pescador, podría haber agregado: “Si no tomáramos nada por la noche, mucho menos lo tomaríamos por el día”. En cambio, inspirado por la presencia de Jesús e iluminado por su Palabra, dice: “… pero en tu palabra lanzaré las redes” (v. 5). Es la respuesta de la fe, que nosotros también estamos llamados a dar; Es la actitud de disponibilidad que el Señor pide a todos sus discípulos, sobre todo a aquellos que tienen deberes de responsabilidad en la Iglesia. Y la obediencia confiada de Pedro genera un resultado prodigioso: “Lo hicieron y tomaron una gran cantidad de peces” (v. 6).

Es una pesca milagrosa, un signo del poder de la palabra de Jesús: cuando nos colocamos generosamente a su servicio, Él hace grandes cosas en nosotros. Así actúa con cada uno de nosotros: nos pide que le demos la bienvenida en el bote de nuestra vida, que comencemos de nuevo con él y saquemos un nuevo mar, que se revela lleno de sorpresas. Su invitación a salir al mar abierto de la humanidad de nuestro tiempo, a ser testigos de la bondad y la misericordia, le da un nuevo significado a nuestra existencia, que a menudo corre el riesgo de volverse plana sobre sí misma. A veces, podemos sentirnos sorprendidos y vacilantes ante el llamado que nos hace el Maestro Divino, y nos sentimos tentados a rechazarlo debido a nuestra insuficiencia. Incluso Pedro, después de esa increíble pesca, le dijo a Jesús: “Señor, aléjate de mí, porque soy un pecador” (versículo 8). Esta humilde oración es hermosa: “Señor, aléjate de mí, porque soy un pecador”. Pero lo dijo de rodillas ante Aquel que ahora reconoce como “Señor”. Y Jesús lo alienta diciendo: “No temas; de ahora en adelante serás un pescador de hombres “(v. 10), porque Dios, si confiamos en Él, nos libra de nuestro pecado y nos abre un nuevo horizonte: colaborar en su misión.

El mayor milagro realizado por Jesús para Simón y los demás pescadores decepcionados y cansados, no es tanto la red llena de peces, como haberlos ayudado a no caer en la víctima de la decepción y el desaliento ante las derrotas. Los abrió para convertirse en proclamadores y testigos de su palabra y del reino de Dios. Y la respuesta de los discípulos fue rápida y total: “Tire de los botes a tierra, déjelos todo y sígalo” (v. 11). Que la Santísima Virgen, modelo de pronta adhesión a la voluntad de Dios, nos ayude a sentir el llamado de la llamada del Señor y nos ponga a disposición para colaborar con él para difundir su palabra de salvación en todas partes.

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