Papa Francisco | El cuerpo humano no es un instrumento de placer, sino el lugar de nuestro llamado al amor, el extracto surge de la Catequesis brindada por el Santo Padre en la mañana de hoy, en la Audiencia General brindada en el Vaticano. Reunidos en Plaza San Pedro, los peregrinos se encontraban con Su Santidad Francisco, quien en esta oportunidad continuando con la Catequesis de los Mandamientos, profundizó sobre el tema: “En Cristo encuentra la plenitud nuestra vocación conyugal” (pasaje bíblico: de la Carta de San Pablo Apóstol a los Efesios, 5, 25.28 0,31-32).

El Papa ahondo sobre “No cometer adulterio”, señalando, “(…) el amor fiel de Cristo es la luz para vivir la belleza de la afectividad humana”. Preguntando, “¿Cómo se manifiesta el amor? En fidelidad, en aceptación y en misericordia”.

Aclarando, “no debe olvidarse que este mandamiento se refiere explícitamente a la fidelidad matrimonial y, por lo tanto, es bueno reflexionar más profundamente sobre su significado conyugal”. Pero el Santo Padre, nos alienta a enfocarnos especialmente en la enseñanza, señalando, “pensar, con la antropología de ese tiempo, y decir que el esposo debe amar a su esposa como Cristo ama a la Iglesia: ¡pero es una revolución! Quizás, en ese momento, es lo más revolucionario que se ha dicho sobre el matrimonio”.

Su Santidad Francisco, nos ilustra, “(…) el camino de la madurez humana es el camino mismo del amor que va desde recibir atención hasta la capacidad de ofrecer atención, desde recibir vida hasta la capacidad de dar vida”. Preguntándonos, “¿Quién es entonces el adúltero, el lujurioso, el infiel? Es una persona inmadura, que se guarda su propia vida e interpreta situaciones basadas en su propio bienestar y satisfacción”.

Alertándonos, declara, “(…) para casarse, ¡no es suficiente celebrar la boda! Necesitamos hacer un viaje del “yo” al “nosotros”, pensar por nosotros mismos y pensar en dos, vivir solos y vivir en condiciones difíciles: es un camino hermoso, es un camino hermoso”. El Santo Padre nos señala, “cuando llegamos a descentralizarnos, entonces todo acto es conyugal: trabajamos, hablamos, decidimos, encontramos a otros con una actitud acogedora y oblativa”.

Continuando con su explicación, el Papa declara, “(…) toda vocación cristiana, en este sentido, es conyugal”. Agregando, “la Iglesia no necesita aspirantes para el papel de sacerdotes, no sirven, mejor que se queden en casa, pero sirven a hombres a quienes el Espíritu Santo toca el corazón con un amor incondicional por la Novia de Cristo”.

El Santo Padre dijo además, “en el sacerdocio se ama al pueblo de Dios con toda la paternidad, la ternura y la fuerza de un esposo y un padre. Así también, la virginidad consagrada en Cristo se vive con fidelidad y alegría como una relación conyugal y fructífera de la maternidad y la paternidad”.

A continuación, compartimos la interpretación del italiano al castellano de la Homilía del Santo Padre Francisco:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me gustaría completar la catequesis sobre la Sexta Palabra del Decálogo “No cometer adulterio”, destacando que el amor fiel de Cristo es la luz para vivir la belleza de la afectividad humana. De hecho, nuestra dimensión emocional es un llamado al amor, que se manifiesta en fidelidad, aceptación y misericordia. Esto es muy importante. ¿Cómo se manifiesta el amor? En fidelidad, en aceptación y en misericordia.

Sin embargo, no debe olvidarse que este mandamiento se refiere explícitamente a la fidelidad matrimonial y, por lo tanto, es bueno reflexionar más profundamente sobre su significado conyugal. ¡Este pasaje de las Escrituras, este pasaje de la Carta de San Pablo, es revolucionario! Pensar, con la antropología de ese tiempo, y decir que el esposo debe amar a su esposa como Cristo ama a la Iglesia: ¡pero es una revolución! Quizás, en ese momento, es lo más revolucionario que se ha dicho sobre el matrimonio. Siempre en el camino del amor. Podemos preguntarnos: este mandato de fidelidad, ¿a quién está destinado? ¿Solo para los esposos? En realidad, este comando es para todos, es una Palabra de Dios paterna dirigida a cada hombre y mujer.

Recordemos que el camino de la madurez humana es el camino mismo del amor que va desde recibir atención hasta la capacidad de ofrecer atención, desde recibir vida hasta la capacidad de dar vida. Convertirse en hombres y mujeres adultos significa llegar a la actitud del cónyuge y de los padres, que se manifiesta en las diversas situaciones de la vida como la capacidad de asumir el peso de otra persona y amarlo sin ambigüedad. Por lo tanto, es una actitud global de la persona que sabe cómo tomar realidad y cómo entablar una relación profunda con los demás.

¿Quién es entonces el adúltero, el lujurioso, el infiel? Es una persona inmadura, que se guarda su propia vida e interpreta situaciones basadas en su propio bienestar y satisfacción. Entonces, para casarse, ¡no es suficiente celebrar la boda! Necesitamos hacer un viaje del “yo” al “nosotros”, pensar por nosotros mismos y pensar en dos, vivir solos y vivir en condiciones difíciles: es un camino hermoso, es un camino hermoso. Cuando llegamos a descentralizarnos, entonces todo acto es conyugal: trabajamos, hablamos, decidimos, encontramos a otros con una actitud acogedora y oblativa.

Toda vocación cristiana, en este sentido, ahora podemos ampliar un poco la perspectiva y decir que toda vocación cristiana, en este sentido, es conyugal. El sacerdocio es porque es el llamado, en Cristo y en la Iglesia, a servir a la comunidad con todo el afecto, el cuidado concreto y la sabiduría que el Señor da. La Iglesia no necesita aspirantes para el papel de sacerdotes, no sirven, mejor que se queden en casa, pero sirven a hombres a quienes el Espíritu Santo toca el corazón con un amor incondicional por la Novia de Cristo. En el sacerdocio se ama al pueblo de Dios con toda la paternidad, la ternura y la fuerza de un esposo y un padre. Así también, la virginidad consagrada en Cristo se vive con fidelidad y alegría como una relación conyugal y fructífera de la maternidad y la paternidad.

Repito: toda vocación cristiana es conyugal, porque es el fruto del vínculo de amor en el que todos somos regenerados, el vínculo de amor con Cristo, como nos recordó el pasaje de san Pablo que se lee al principio. Partiendo de su fidelidad, su ternura, su generosidad, miramos con fe el matrimonio y cada vocación, y entendemos el significado completo de la sexualidad.

La criatura humana, en su inseparable unidad de espíritu y cuerpo, y en su polaridad masculina y femenina, es una muy buena realidad, destinada a amar y ser amada. El cuerpo humano no es un instrumento de placer, sino el lugar de nuestro llamado al amor, y en el amor auténtico no hay espacio para la lujuria y para su superficialidad. Hombres y mujeres merecen más que esto!

Por lo tanto, la Palabra “No cometas adulterio”, aunque sea en forma negativa, nos dirige a nuestro llamado original, es decir, al amor conyugal pleno y fiel, que Jesucristo nos ha revelado y nos ha dado (cf. Rom 12: 1).

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