Papa Francisco | El perdón se cultiva mediante la oración, la afirmación se desprende de las palabras compartidas en el medio del Estado Vaticano de hoy, por Su Santidad Francisco antes de recitar el Ángelus. Puntualmente a las 12 horas (Hora de Roma) el Santo Padre se presentaba en la ventana del Estudio Apostólico Vaticano donde se dirigió a los peregrinos presentes en la Plaza San Pedro.

Un día después de Navidad, en la Fiesta de San Esteban, Diácono y Primer Mártir, el Santo Padre hizo referencia a su vida y convicción, señalando de él, “confió su vida a Dios y perdonó. La actitud de Esteban, que imita fielmente el gesto de Jesús, es una invitación dirigida a cada uno de nosotros para que recibamos con fe de las manos del Señor lo que la vida nos parece positiva e incluso negativa”.

Al mismo tiempo habló de dos virtudes del Mártir, en primer lugar se refirió a la actitud de confiar, Su Santidad Francisco nos ilustró, “confiar en Dios nos ayuda a aceptar los momentos difíciles y a vivirlos como una oportunidad para crecer en la fe y construir nuevas relaciones con nuestros hermanos”. Respecto del perdón, señaló, “estamos llamados a aprender de él a perdonar, a perdonar siempre, y no es fácil hacerlo, todos lo sabemos. El perdón agranda el corazón, genera compartir, da serenidad y paz”.

Profundizando, el Santo Padre nos enseña, “la lógica del perdón y la misericordia siempre está ganando y abre horizontes de esperanza”. Pero, cómo podemos incentivar ésta actitud, “el perdón se cultiva mediante la oración, que nos permite mantener nuestros ojos fijos en Jesús”.

Por último y casi en el final Su Santidad Francisco nos dijo, “debemos orar insistentemente para que el Espíritu Santo derrame sobre nosotros el don de la fortaleza que sana nuestros miedos, nuestras debilidades, nuestras trivialidades y ensancha nuestros corazones para perdonar. ¡Siempre perdona!”

A continuación compartimos con ustedes, en forma textual la interpretación del italiano al castellano de las palabras compartidas por Su Santidad Francisco antes de recitar el Ángelus:

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

La alegría de la Navidad aún inunda nuestros corazones: la maravillosa proclamación de que Cristo nace para nosotros continúa y trae paz al mundo. En este ambiente de alegría, hoy celebramos la fiesta de san Esteban, diácono y primer mártir. Puede parecer extraño acercarse a la memoria de San Esteban en el nacimiento de Jesús, porque el contraste entre la alegría de Belén y el drama de Esteban, apedreado en Jerusalén en la primera persecución contra la Iglesia naciente, emerge. En realidad no es así, porque el Niño Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, que salvará a la humanidad muriendo en la cruz. Ahora lo contemplamos envuelto en pañales en la cuna; después de su crucifixión, será envuelto nuevamente con vendas y colocado en un sepulcro.

San Esteban fue el primero en seguir los pasos del Maestro divino con el martirio; murió como Jesús confiando su vida a Dios y perdonando a sus perseguidores. Dos actitudes: confió su vida a Dios y perdonó. Mientras estaba siendo drogado, dijo: “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hechos 7,59). Estas palabras son muy similares a las pronunciadas por Cristo en la cruz: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lucas 23, 46). La actitud de Esteban, que imita fielmente el gesto de Jesús, es una invitación dirigida a cada uno de nosotros para que recibamos con fe de las manos del Señor lo que la vida nos parece positiva e incluso negativa. Nuestra existencia está marcada no solo por circunstancias felices, lo sabemos, sino también por momentos de dificultad y pérdida. Pero confiar en Dios nos ayuda a aceptar los momentos difíciles y a vivirlos como una oportunidad para crecer en la fe y construir nuevas relaciones con nuestros hermanos. Se trata de abandonarnos a nosotros mismos en las manos del Señor, que sabemos que es un Padre rico en bondad para con sus hijos.

La segunda actitud con la que Esteban imitó a Jesús en el momento extremo de la cruz es el perdón. Él no maldice a sus perseguidores, sino que ora por ellos: “Dobló las rodillas y gritó a gran voz:” Señor, no les cobres por este pecado “» (Hechos 7:60). Estamos llamados a aprender de él a perdonar, a perdonar siempre, y no es fácil hacerlo, todos lo sabemos. El perdón agranda el corazón, genera compartir, da serenidad y paz. El primer mártir Esteban nos muestra el camino a seguir en las relaciones interpersonales en la familia, en los lugares de la escuela, en los lugares y el trabajo, en la parroquia y en las diferentes comunidades. Siempre abierto al perdón. La lógica del perdón y la misericordia siempre está ganando y abre horizontes de esperanza. Pero el perdón se cultiva mediante la oración, que nos permite mantener nuestros ojos fijos en Jesús. Esteban pudo perdonar a sus asesinos porque, lleno del Espíritu Santo, miró al cielo y abrió sus ojos a Dios (cf. , 55). De la oración surgió la fuerza para sufrir el martirio. Debemos orar insistentemente para que el Espíritu Santo derrame sobre nosotros el don de la fortaleza que sana nuestros miedos, nuestras debilidades, nuestras trivialidades y ensancha nuestros corazones para perdonar. ¡Siempre perdona!

Invocamos la intercesión de Nuestra Señora y San Esteban: su oración nos ayuda a confiarnos siempre a Dios, especialmente en tiempos difíciles, y nos apoya en la determinación de ser hombres y mujeres capaces de perdonar.

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